miércoles, 8 de marzo de 2017

El gran océano

Palabra de lector 39
El Océano Pacífico es muy distinto al mar que navegara Colón (la mar océano), y está íntimamente ligado a la historia de México.
Fue Vasco Núñez de Balboa quien divisó un nuevo mar desde alguno de los picos de las montañas Urrucallala y “descubriera” el océano Pacífico, al que bautizarán como el mar del sur para diferenciarlo del Caribe o del Atlántico, que en Panamá queda al norte.
Impresionante debió ser, ese 29 de septiembre de 1513, en el llamado, desde entonces, Golfo de San Miguel, mirar al explorador español levantar la espada, golpear las olas con ella y tomar posesión del mismo, en nombre de doña Juana y don Fernando, reyes de Castilla y de Aragón.
A partir de ese momento, el océano Pacífico se ligó íntimamente no sólo a los europeos, sino a los pueblos de la costa oriental de América. Ya que a partir de ese momento y en gran parte desde las costas de la Nueva España, se explora, se conquista, se toma posesión de todo aquello que se encuentra del otro lado de este inmenso mar.
No sólo se descubre que efectivamente, más allá del horizonte, se encuentra la tierra de las especies, sino que se descubre y se sospecha la existencia de grandes imperios y culturas y digo, se sospecha, porque el gran imperio chino evitó con gran éxito durante un largo tiempo, la injerencia y el ingreso de los occidentales a sus territorios y su cultura, algo que no pudieron lograr los señores de la India.
Todo esto y muchísimo más es lo que contiene el libro El gran océano, escrito por Rafael Bernal, reconocido diplomático mexicano que, a raíz de su contacto con los pueblos del Pacífico, se convirtió en un rabioso y profundo estudioso de la historia de aquella región, íntimamente ligada a la historia del nuestro, según trata de demostrar en la presente obra.
Tres eran los motivadores de la exploración de esta parte de la tierra. El primero era encontrar una ruta que llevara al oriente y que no implicara rodear el continente africano por el sur, puesto que era monopolio de los portugueses. Así que el hallar una vía que llevara al Asia, sería un gran triunfo para quien lo lograra. En su momento, la ruta de ida resultó sencilla, el problema que llevó un buen rato resolver fue la del regreso, que además estaría íntimamente ligada con la famosa historia de la Nao de China.
El segundo era, obviamente, el poder establecer el sueño que impulsó al Almirante de la mar océano: encontrar la ruta de las especias y la seda. Esfuerzo que llevaría a una enorme cantidad de aventuras y hallazgos accidentales, que finalmente se alcanzaría y de nuevo generaría un interesante mercado, no sólo de especias y seda, sino de la porcelana china y otros productos que a la larga serían sustituidos por otros producidos en la Nueva España o en el mismo continente europeo. A cambio de todo ello, los orientales recibían plata, generalmente de origen mexicano, misma que era altamente apreciada por su enorme calidad.
Finalmente, el tercer motor de este interés lo significó la idea de llevar el cristianismo a ese enorme territorio, en manos del budismo y el islam, que a la larga resultará infructuoso y con un alto costo en vidas y esfuerzos.
De esta manera, se pasa de esta primera etapa a la necesidad de controlar territorios para a su vez dominar ciertos mercados y mercancías, para terminar, ya en pleno capitalismo, al dominio de zonas estratégicas para el desarrollo y circulación de capitales, materias primas y zonas estratégicas para el equilibrio en la región de las grandes potencias europeas.
Así, de manera sucinta, resumimos el amplio contenido de esta obra, cuya lectura no sólo es agradable sino muy ilustrativa. Llena de datos curiosos, anécdotas y hechos que harán las delicias de los lectores que se sumerjan en las aguas de este gran océano que representa la historia de las culturas del extremo Oriente.
Así, veremos las aventuras de los exploradores españoles, la piratería, el origen de la idea de Robinson Crusoe y el personaje real que dio origen a esta novela, la cerrazón de las culturas chinas y japonesas, el colonialismo europeo, y las guerras sordas de las grandes potencias durante la primera parte del siglo XX.
Un último comentario, pese a ser una obra inmensa y bien documentada, dedica muy poco espacio e interés a los movimientos de liberación nacional de esta región durant ele segundo tercio del siglo pasado y parece evadir, tanto como sea posible, el avance de los comunistas en aquellos lares. ¿Por qué sería? En verdad se los recomiendo.
Bernal, Rafael, , Fondo de Cultura Económica, México, 519 pp., 2012. Sección de obras de Historia.
El gran océano

lunes, 6 de marzo de 2017

¿Realmente es necesario cortar la historia en rebanadas?

Palabra de lector 38
¿Es necesario dividir la historia en fragmentos? Y si es así, ¿hasta dónde se puede partir en gajos? Los historiadores en todas las eras han tratado de establecer distintas formas de periodización en forma de épocas, periodos, eras, horizontes, según le acomoda a cada uno de ellos.
Es muy probable que el primer modo de periodización sea el propuesto por Daniel en el Antiguo testamento. En una visión, el profeta ve cuatro bestias que son la encarnación de cuatro reinos sucesivos, cuyo conjunto constituirá el tiempo completo del mundo desde su creación hasta el final. Y fue hasta el siglo XII cuando los cronistas y teólogos retomaron la periodización propuesta con Daniel.
No podemos olvidar la propuesta hecha en el siglo VI d. C., por Dionisio el Exiguo: hacer un corte fundamental antes y después de la encarnación de Jesucristo. Para que, desde entonces, en occidente y a nivel internacional, el tiempo del mundo y de la humanidad se cuenta primordialmente “antes” y “después” de Cristo.
Esas son las preguntas y premisas que el historiador Jacques Le Goff se hace sobre esta manía de los historiadores. El investigador, uno de los más importantes estudiosos de la Edad Media, parte de estas ideas para preguntar si es válido separar la Edad Media de lo que hoy conocemos como el Renacimiento.
Desde su punto de vista, no hay un solo Renacimiento, sino varios a través de lo que se conoce como la Alta y la Baja Edad Media. Amén de que este periodo que separaría la llamada “edad oscura” con la modernidad es, en realidad, parte de ese largo espacio temporal entre la era antigua y la época del advenimiento del capitalismo.
En su libro, el autor apunta que es a partir del siglo XIV y sobre todo en el siguiente siglo, cuando algunos poetas y escritores, principalmente italianos, tuvieron la sensación de que evolucionaban en una atmósfera nueva: que ellos mismos eran a la vez el producto y los iniciadores de una cultura inédita. De ahí que surgiera de entre ellos la definición, de manera peyorativa, del periodo del que creían salir con ventura y que concluía con ellos, habría comenzado con el fin del Imperio romano, época que a sus ojos representaba el arte y la cultura que habría dado a grandes autores que, dicho sea de paso, conocían mal, como era el caso de Homero, Platón, Cicerón, Virgilio, Ovidio, entre otros. De esta manera, el periodo que intentaban definir tenía como única particularidad ser intermediario entre una antigüedad imaginaria y una “modernidad” imaginada, por lo que nombraron a esa etapa inmediatamente anterior como Edad Media.
De hecho, el término aparece por primera vez en 1469, como un valor de periodización cronológica que distingue a “los antiguos de la Edad Media, de los modernos de nuestro tiempo”, en la obra del bibliotecario papal Giovanni Andrea Bussi (1417-1475) y que se consolidaría como tal en el siglo XVIII, con filósofos como Leibniz y Rosseau.
Hay toda una serie de innovaciones que marcan una clara evolución y aportaciones al desarrollo de la humanidad entre los siglos XII y XV. La Edad Media tradicional transmitió el sentimiento de avanzar mirando al pasado, lo cual obstaculizó durante mucho tiempo la posibilidad de una nueva periodización.
Sin embargo, la visión cambia cuando en el siglo XIV, Petrarca arroja los siglos precedentes a la oscuridad y los reduce a un periodo de transición neutro e insulso entre la bella antigüedad y el renacimiento que él anuncia. A esto siglos se les da el nombre de Media aetas y así nace la Edad media.
Por su parte, el término Renacimiento, así como la definición de un periodo de la historia ubicado con este nombre –posterior la Edad Media y opuesto a ella-, apenas data del siglo XIX y se le debe a Jules Michelet (1798-1874). De ahí que para el autor el Renacimiento no representa un periodo particular; más bien constituye el último renacimiento de una larga Edad Media.
Finalmente, la idea e intención del ensayo que hoy nos ocupa es demostrar que en realidad estamos tratando con la existencia de una larga Edad Media, que incluye varios renacimientos y de la inadmisibilidad del Renacimiento como un periodo específico y posterior. Por lo tanto, no es necesario cortar la historia en rebanadas de esta manera, porque de hacerlo, estaríamos partiéndole su mandarina en gajos. Que lo disfruten.

Le Goff, Jacques, ¿Realmente es necesario cortar la historia en rebanadas?, Fondo de Cultura Económica, México, 109 pp., 2016. Traducción de Yenny Enríquez. Colección Obras de Historia.

martes, 28 de febrero de 2017

La sonrisa de la Gioconda

Palabra de lector 37
El señor Henry Hutton es el típico burgués de la Inglaterra de principios del siglo XX que aún carga diversos patrones y prejuicios del siglo anterior. Es un hombre rico, aburrido de la vida, preocupado en las juergas, los viajes, algunos libros (que refuercen su idea de ser un hombre culto) y amante de las mujeres. Sobre todos de aquellas que, al igual que él, llevan una vida placentera, ociosa y aburrida.
Al señor Hutton le gusta practicar el juego de la seducción, pero no con la intención obligatoria de sumar piezas de caza, sino simplemente por el placer del juego en sí.
Como mucho otros, el magnate también tiene amiguitas que sueñan con ser la señora Huntton, en algún momento de la vida.
Sin embargo, pese a esta visión desapasionada y viciosa del personaje, no tiene todos los hilos en la mano; hay cosas, gestos, actitudes que escapan a su mirada y que, en algún algún momento pueden costarle caro.
También el señor Huntton tiene una enorme casa, criados, tierras y… ¡ah, sí!, una esposa. Una mujer que alguna vez fue bella y que ahora es un costal de enfermedades y achaques que resultan bastante incómodos al señor de la casa. Si no fuera porque tiene que soportar la carga de esta mujer, él tendría una vida extraordinariamente placentera y libre.
Así que nuestro personaje suele entretenerse fuera del hogar. Principalmente, visitando a la señorita Jane Spencer, que demuestra un interés provocativo sobre su persona. A tal grado que, a raíz de un comentario que él hiciera sobre su sonrisa, ella fruncía la boca cada vez que sonreía para que fuera lo más parecido a la famosa sonrisa de Gioconda, de Leonardo Da Vinci.
Pero no era la única mujer, también estaba Doris, una criatura tan, pero tan simple, que a veces Henry se preguntaba si valía la pena perder el tiempo de esa manera.
Éste es, digamos, el entorno donde se desarrolla la historia que podría definirse como un cuento largo o una novela corta del autor de Un mundo feliz.
La sonrisa de la Gioconda es parte de un grupo de relatos que Aldoux Huxley publicó en 1922, como parte del libro: La envoltura humana, que se conforma por una serie de piezas breves, encabezadas precisamente por este relato.
Definido como una obra de intriga, cuya estructura ya revela las posibilidades de un futuro gran escritor, el relato fue llevado con gran éxito al teatro y al cine; esta última versión en una película dirigida por Zoltan Korda y protagonizada por Charles Boyer y Ann Blyth, estrenada en 1948 bajo el título Venganza de mujer.
El texto, como ya apuntamos, es breve y de fácil lectura; sin embargo, da pie para un sinfín de reflexiones sobre diversos tópicos, entre los que destaca la venganza, la visión de la burguesía improductiva, la moral, la superioridad de la vida y el pensamiento, y sobre todo, el engaño, que pueden crear diversas circunstancias, ya sean propicias o terribles, según como se vean.
Es pues, un buen pretexto para acercarse a la obra de este importante escritor, cuya vida no fue miel sobre hojuelas, sino que tuvo una enorme carga de vicisitudes que marcaron su visón del mundo (literalmente).
Sólo me resta apuntar que Huxley, vivió en un ambiente y una época de grandes personajes, con los que convivió y aprendió. Entre ellos destacan D.H. Lawrence, Virginia Wolf y Bertrand Russell, entre otros.
Por cierto, fue profesor de Eric Blair, mejor conocido como George Orwell. Que la disfruten.
Huxley, Aldous, La sonrisa de la Gioconda, Navona Editorial, Barcelona, 93 pp., 2014. Traducción de Enrique de Hériz.

domingo, 26 de febrero de 2017

La sombra del Hegemón

Palabra de lector 36
No me había dado cuenta de que, la última vez que hablé de alguna de las obras de Orson Scott Card, fue hace casi dos años (La voz de los muertos, Palabra de lector 12). Desde entonces traté de no comentar sus obras por temor a que, al escribir tanto sobre Ciencia Ficción, este autor aburriera a sus preciados lectores.Así que va una disculpa y me abocaré a terminar con las sagas que conforman el mundo de Ender.
En esta ocasión continuaré con una historia paralela, la saga de Bean, el más pequeño de los miembros del grupo de batalla y que cuenta su papel en la guerra fórmica en La sombra de Ender.
Así las cosas, la historia que hoy nos ocupa arranca cuando el grupo de batalla regresa a la tierra con sus familias y se ven envueltos en una compleja maraña de complicaciones políticas y bélicas, producto de la ambición de las diferentes naciones que son manipuladas por un escuro personaje, un psicópata llamado Aquiles, mismo que fuera expulsado de la escuela de guerra y al que se le demostraron varios asesinatos.
Como en todas las demás novelas de la saga, Scott Card es capaz de mantener expectantes a sus lectores y atentos a cómo se van desarrollando los eventos a lo largo de la narración.
Asimismo, y como parte importante de la trama, se encuentra el hermano mayor de Ender, Peter, que jugará un papel importante, pese a ser un joven casi adolescente.
Recordemos que la historia se desarrolla en un futuro relativamente cercano, después de casi un siglo desde la guerra con los fórmicos, donde aún podemos reconocer a algunas de las naciones que hoy en día conforman el mapa mundial y cuyas ambiciones resultan muy reconocibles en nuestro momento histórico.
Así, potencias como China, Rusia o la misma India, son el eje de una serie de acciones que pueden derivar en otra confrontación mundial, sin embargo…
Los niños que regresan del espacio no sólo son héroes, sino que también representan, para los poderes fácticos de la tierra, poderosa armas estratégicas, por lo que quien los posea podrá dominar el mundo. De esta manera se construye un nuevo aspecto en esta saga, de las más famosas de la literatura fantástica norteamericana.
Si bien es una lectura de entretenimiento, se encuentra muy lejos de las cursilerías que en últimas fechas llenan los estantes de las librerías, y más aún, se encuentra muy lejos de muchas de las novelas sobre el género que carecen de sustento. Aquí el lector, tanto juvenil como el adulto aficionado a la ciencia ficción, encontrará un excelente material que, además, refleja la visión del autor sobre diversos temas como la política actual, las reflexiones religiosas inevitables (recordemos que el autor es mormón), y su visión utópica sobre el futuro de la humanidad.
Así las cosas, los dejamos con esta segunda entrega y, en próximas publicaciones, prometemos completar la saga de Ender y compañía. Que lo disfruten.

Scott Card, Orson, La sombra del Hegemón, Ediciones B, España, 471 pp., 2014. Traducción de Rafael Marín, Colección Nova

lunes, 13 de febrero de 2017

Las ciudades invisibles

Palabra de lector 35

¿Hay ciudades invisible o partes de las ciudades que nos son invisibles? ¿Hay ciudades reales dentro de las invisibles o viceversa? Estas preguntas que en realidad deberían ser afirmaciones, podrían definir el maravilloso texto de Ítalo Calvino, Las ciudades invisibles.

No se trata de una narración lineal sobre distintas urbes, sino una reflexión sobre aquello que las une y las separa. Reflexión que, por otra parte, y como suele suceder con la obra de este gran escritor, motivo para la verborrea intelectual que ha desmenuzado e interpretado y reinterpretado muchas veces lo que quiere decir el autor con este texto.

El lector no debe de buscar, pues, reconocer a cada una de las que ahí son descritas brevemente en cada texto, ya que hay una mezcolanza de muchas de ellas, complementadas con descripciones fantásticas, reflexivas y hasta filosóficas.

La historia de cada una de ellas, cuyos nombres son todos femeninos, nos llevan a pensar en alguna calle medieval de Barcelona, o una moderna avenida de Washington por la que en algún momento hemos pasado o paseado.

El texto está construido con nueve breves capítulos que, a su vez, están subdivididos en once grupos a saber: Las ciudades y la memoria, las ciudades y el deseo, Las ciudades y los signos, Las ciudades sutiles, Las ciudades y Los intercambios, Las ciudades y los ojos, las ciudades y el nombre, Las ciudades y los muertos, Las ciudades y el cielo, Las ciudades continuas y Las ciudades escondidas. Todas ellas abordables de cualquier manera, pues ni están agrupadas por temas ni siguen una continuidad en el tema, de tal manera que el lector puede entrarle al texto desde cualquier lugar, en cualquier orden y, de cualquier forma, tal y como a veces exploramos las ciudades, incluso nuestra propia metrópolis.

El libro está construido como una serie de relatos-informes de viaje que Marco Polo ofrece al gran Kublai Kan, el famoso emperador mongol, cuyos diálogos al principio y final de cada capítulo son de una sutileza maravillosa, que nos recuerda que el gran Kan no era un descendiente “bárbaro” cualquiera, sino un emperador cuya cultura estaba a la altura de las circunstancias.

Este emperador melancólico, dice Calvino, comprendió que su ilimitado poder poco cuenta en un mundo que marcha hacia la ruina, y donde un viajero imaginario le habla de ciudades imposibles, como la ciudad microscópica que va ensanchándose y termina formada por muchas ciudades, concéntricas en expansión, una ciudad telaraña sobre un abismo, o una ciudad bidimensional como Moriana.

Más aún, cuando el gran emperador le reclama a Polo que no le habló de Venecia, el narrador le contesta: “¿pues de qué ciudad crees que te he estado hablando?” Lo que nos muestra que una ciudad es todas las ciudades y todas ellas son una sola. Por cierto que esta frase encontrada en el discurso de un libro ya abordado en este espacio, La historia de las alcobas, fue el motivo de tomar este texto y devorarlo.

Tal vez, reflexiona el autor, el que estamos acercándonos a un momento de crisis de la vida urbana, Las ciudades invisibles son un sueño que nace del corazón de esas mismas ciudades. Hoy se habla con la misma insistencia tanto de la destrucción del entorno natural como de la fragilidad de los grandes sistemas tecnológicos que pueden producir perjuicios en cadena, paralizando metrópolis enteras. La crisis de la ciudad demasiado grande es la otra cara de las crisis de la naturaleza.

Las ciudades son un conjunto de muchas cosas: memorias, deseos, necesidades, signos, lugares de trueques, intercambios, guerras de todo tipo. Pero al final, lo que realmente importa es descubrir las razones secretas que han llevado al hombre a vivir en las ciudades, razones que puedan valer más allá de todas las crisis.

Un último comentario. Para este escribidor, Las ciudades y el cielo. 4, la ciudad de Perinzia y, Las ciudades escondidas. 4, Teodora, son los mejores relatos. Qué los disfruten.

Calvino, Ítalo, Las ciudades invisibles, 23ª. edición, Ediciones Siruela, España, 171 pp., 2013. Traducción de Aurora Bernández. Biblioteca Calvino, número 3.

miércoles, 1 de febrero de 2017

Historia de las alcobas

Palabra de Lector 34

Pensar la habitación donde se suele dormir, amar o morir, como tema de una investigación histórica, puede parecer inverosímil e incluso ocioso.

Sin embargo, no es así. Existe una enorme cantidad de temas alrededor de una habitación de cualquier dimensión, cuyo uso puede ser cualquiera de los anteriores, además de ser celda, claustro, refugio, espacio de estatus, espacio para reflexión, la creación, la ensoñación y lo que usted desee.

La habitación conocida como alcoba también es vista de muy diferentes formas, incluso el espacio donde el poder despacha o el prisionero enloquece.

Sus usos se transforman a lo largo del tiempo, así como las ideas sobre ella. Su mobiliario, la orientación, las creencias sobre ella, sus “poderes” y su influencia en la vida de todo tipo de personas.

La alcoba es motivo de reflexiones, poemas, canciones, odios y todo tipo de pensamientos y sentimientos.

“En una sociedad cada vez más cuadriculada y controlada -dice el autor, Michelle Perrot-, la habitación mantiene un último derecho al secreto. Ofrece las posibilidades de una isla, aunque sus potencialidades aumentan a causa de las tecnologías de la comunicación que colocan al mundo sobre la pantalla del ordenador (sic). El viaje alrededor de la habitación se convierte en un viaje alrededor del universo. Así conectada y revivificada, la habitación tiene ante sí, muy buenos tiempos y exploraciones infinitas.”

Hay que destacar que es en esas habitaciones, las alcobas, donde transcurre más de la mitad de nuestras vidas. Esas paredes suelen ser los testigos mudos de nuestros amores, traiciones, abandonos, sueños, desvelos, trabajos y lecturas, ser nuestros espacios íntimos y universales.

En este interesantísimo texto, Historia de las Alcobas de Michelle Perrot sigue con audacia y detalle una genealogía de las habitaciones, a través de diferentes épocas, regiones, costumbres, culturas, estratos sociales y géneros.

Así, las habitaciones infantiles, la alcoba matrimonial, los cuartos de hotel, la celda religiosa y el calabozo son enumeradas y analizadas minuciosamente a la luz del historiador.

De ahí que el libro que nos ocupa inicie con la suntuosa recámara del rey Luis XIV, la cual según Julien Green era una representación del universo

La habitación como unidad fundamental del todo, como célula, remite a todo aquello de lo cual forma parte y de lo que es partícula fundamental, muy parecida a aquel insecto que fascinaba a Pascal, pensador de la habitación, para quien era sinónimo de retiro necesario para la quietud. “Todas las desgracias de los hombres proceden de una sola cosa, que es no saber estar solos, reposando tranquilamente en una habitación”, decía el filósofo en su Pensées.

Es también, una palabra y una excursión. Al desgranar los usos a lo largo de los diferentes textos, reservan muchas sorpresas, sobre todo en lo referente a sus orígenes antiguos. La kamara griega designaba un área de reposo compartida con los “camaradas”, a los que habríamos supuesto una postura más marcial, un cuartel, digamos.

Pero hay cosas más complejas. La camera Latina, término arquitectónico, es con lo que se definió a la bóveda para ciertas construcciones de techos construidos de esa manera. De hecho, los romanos la tomaron de los etruscos y, sin embargo, para la intimidad utilizaban el cubículum, con lo cual nos dejan claro que el sentimiento de pudor no es únicamente cristiano. Los romanos utilizaban la camera de piedra para habitaciones cerradas por sus dos extremos, que muy a menudo tenían fines funerarios.

De esta manera, las anécdotas históricas, de personajes célebres y anónimos se mezclan con sugerentes evocaciones narrativas para reconstruir este fragmento de la historia de la vida privada de occidente.

Perrot, Michelle, Historia de las alcobas, FCE-Ediciones Siruela, México, 353pp., 2011. Traducción de Ernesto Junquera. Sección de Obras de Historia.
: “La cámara real está situada de tal suerte que `para ir de un punto a otro de la habitación, el rey daba un número determinado de pasos, que se correspondían con la distancia entre el sol y algún planeta´, y todo ello a partir de los mismos principios astrológicos que se aplicaron en la pirámide de Gizeh”.

martes, 13 de diciembre de 2016

El escudo de Herodoto

Palabra de lector 33

¿Quién es Herodoto? ¿Es realmente el padre de la historia, un etnógrafo adelantado a su tiempo o, como dice Flavio Josefo, en el siglo I de nuestra era: un mentiroso?
Estamos en el siglo V antes de Cristo y la oralidad de las narraciones está muy por encima de la posibilidad de lo escrito. Famosa es la anécdota, que cuenta Luciano, en la cual se dice que Herodoto realiza un recitado de sus libros en Olimpia, y es tal su éxito que a partir de entonces sus nueve libros son conocidos con los nombres de las nueve Musas.
Ahí mismo, el mismo Tucídides, siendo niño todavía, escucha al historiador relatar su obra. Es tal el encanto que ejerce sobre él, que quedó maravillado y estalló en llanto para, posteriormente, seguir los pasos del llamado padre de la Historia, que no historiador.
Ésta es sólo una pequeña muestra de las ideas que Francois Hartog plasma en su libro “El espejo de Herodoto”. Una profunda y larga investigación que busca desentrañar la realidad de uno de los personajes más polémicos del quehacer histórico.
Nadie niega el título de Padre de la historia que se le designa al nacido en Halicarnaso. Cicerón es el primero en llamarle así. Lo que se discute es qué es en realidad lo que hace Herodoto, pues juega el papel de etnógrafo, rapsoda, agrimensor, mitólogo y prehistoriador. Ah, y por supuesto, mentiroso redomado según sus detractores.
Durante siglos se le acusó de muchas cosas; tuvo una fama poco envidiable y no es sino hasta ya entrado el siglo XIX que se inicia su reivindicación y el reconocimiento como el padre de la Historia, y no ya el padre de la mentira.
Su obra se convierte entonces en el espejo del historiador que mira su propia identidad y lleva a la cuestión de ¿qué es en realidad ser historiador? ¿Hasta dónde es válido el oír y el ver? ¿Qué papel deben jugar los documentos, las fuentes? En fin, todo aquello que en la actualidad son la materia y las herramientas de la investigación histórica.
En los relatos referidos a los otros, a los no griegos, los escitas, los persas, los egipcios, Herodoto ve la contraparte lógica de lo no griego, de lo bárbaro, de lo contrario, de lo no deseado. Sin embargo, los hace jugar un doble papel, dependiendo desde qué perspectiva les mire, llegando incluso a ser casi griegos o comportarse como tales, creando una distancia artificial que le permite establecer la equivalencia de “nosotros” y “ellos”, tan común en muchas de las visiones históricas, y al mismo tiempo generar esa equidistancia negativa que nos permite mirarnos frente al otro y calificar lo que es válido y lo que no, en esa especie de lo politicamente correcto, tan de moda en estos tiempos.
El libro hace énfasis precisamente en esta perspectiva, al analizar las reglas operatorias de la fabricación del otro; descubre la retórica de la alteridad, los vínculos entre el narrador y su destinatario, sea éste un escucha o un lector; entre los enunciados del texto y el saber compartido que nos permite establecer los supuestas sobre los que se construye cualquier historia y plantea, de manera muy acuciosa, esa delgada línea de las relaciones entre la historia y la ficción. Si no, pregúntenle a Christian Duverger y su “Ancla en la arena”.
Cuando los griegos pasan de la epopeya a la historia, el campo del pensamiento reflexivo se amplía en varias direcciones. Ya no se festeja el recuerdo de las hazañas, como sucede en la epopeya, sino que se trata de conservar la memoria de los actos de los hombres; expresar y recordar los rastros y signos de la acción ya no de tal o cual héroe singular, sino de los griegos y los bárbaros, es decir, de todos los hombres.
Así, mientras el aedo, con la certeza de un maestro de la alabanza e inspirado por la musa, promete una gloria “que no se consume”, el historiador, circunscrito por el tiempo propio de los hombres, hablando de asuntos humanos, con su saber y en su nombre, sólo pretende luchar contra el olvido. Mediante el despliegue de su historia, él querría que todos esos signos del quehacer de los hombres no fueran privados de su gloria (kléos, en griego), que no “desaparezcan” como una pintura borrada gradualmente por el tiempo.
Eso, es Herodoto.

Hartog, Francois, El espejo de Herodoto, Argentina, FCE, 2004, 262 pp. Traducción de Daniel Zadunaisky. Sección de obras de Historia.

jueves, 1 de diciembre de 2016

El futuro digital

palabra de lector 32
 

Aterrador. Ubicado entre los “Alienígenas Ancestrales” de History Channel y el manual de la CIA “Cómo derrocar a un gobierno no amigo”, que debe de existir en algún rincón de esa truculenta organización, los autores de El futuro digital tratan de convencernos de la neutralidad de la tecnología y, de paso, de sus inocuas intenciones que son mancilladas por gobiernos antidemocráticos y totalitarios, o los malditos hackers-terroristas que pululan fuera del mundo libre.

¿Realmente son tan ingenuos Eric Schmidt y Jared Cohen? Me refiero a los autores de dicho texto, o ¿nos quieren ver la cara de …? o ¿no son más que los jilgueros de una empresa que, implícita y explícitamente, pretenden dominar el mundo virtual a través de su tecnología, hoy pomposamente llamada plataforma Google?

Porque hoy, más que nunca, los miles de millones de usuarios de las redes sociales y los navegantes de la web son tan “libres” de realizar sus tareas virtuales bajo la égida de empresas como Google, FaceBook, Twitter y demás lindezas que nos dicen y dictan qué es lo adecuado, lo popular, lo políticamente correcto, lo que debemos hacer, vestir, visitar, leer. Todo ello, basado en algoritmos que anteponen lo popular a lo importante.
Bajo esta premisa es entendible por qué los autores llevan más de una década y media empujando el uso de los teléfonos inteligentes como la tecnología ideal para cualquier tarea, aunque esos mismos mini dispositivos limiten las posibilidades de productividad de sus usuarios.

Para ellos, con un celular se hacen revoluciones, se manejan negocios, se domina al mundo. ¿Por qué? Pues porque para empresas como las que ellos representan lo que importa es la masividad de los usuarios, los miles de millones de mirones-tráfico, los íbidem de humanos embebidos en las pequeñas pantallas de estos dispositivos que significan huestes ingentes de consumidores potenciales. Ojo, consumidores, más que nada.

Para los autores, el uso de la tecnología se divide en dos campos. Nosotros los buenos y los otros los malos. Principalmente lo aplican con países como China, pero ¡oh, dioses del Olimpo! En alguna de sus páginas enseñan el cobre. China es el gran enemigo, porque simple y llanamente no los ha dejado entrar a ese enorme mercado de 1,381,790,010 de ¡chinitos! Aunque ellos traten de disfrazarlo de una lucha por la libertad y los derechos humanos.

En fin, se trata de un largo argumento en pro de la libre empresa, o para ser más precisos, de SU empresa. Eso sí, hay que decirlo, adornado con un número enorme de anécdotas de cómo las revoluciones se pueden ganar con un smartphone o cómo los maldosos tratan de controlar a las indefensas poblaciones de los países pobres, limitando no los dispositivos tecnológicos, sino el sacrosanto acceso a Internet. Algo que no pasa en Disneylandia. Aunque ahí la SNA se la pase espiando a sus ciudadanos.

Nadie niega la importancia y el papel que están jugando las herramientas de la virtualización y la ubicuidad en el mundo moderno. Nadie pone en duda lo fundamentales que son las herramientas tecnológicas en la actualidad, pero de eso a afirmar que la humanidad ya no puede vivir al margen de ello y que, además, todo es posible con un teléfono celular y una conexión a internet, es ya jalársela en demasía. Pero así son los gringos.

Éste seguramente será un texto orgásmico para los adoradores-fanáticos de las TIC, que suelen sólo ver la parte bonita del asunto, porque les sobará el ego y les dará la razón. Porque en ningún momento, el texto y sus autores realizan una autocrítica de lo que han construido, de lo que hicieron, hacen y harán, y mucho menos cuestionar los intereses y la filosofía e ideología que se encuentra detrás de las políticas y estrategias tecnológicas de Silicon Valley; porque sí existen y son las que están llevando a la humanidad a ese aislamiento social e inhumano (en el sentido de alejamiento del ente humano), tan cotidiano ya, que no nos asombra. Todo “por un puñado de dólares”. De ahí que este texto sea realmente aterrador.

Schmidt, Eric, Jared Cohen, El futuro digital, España, Ediciones Amaya Multimedia, 430 pp. 2014. Colección: Social Businness.

lunes, 10 de octubre de 2016

La vida cotidiana en México

palabra de lector 30

Desde hace un buen rato, el estudio de la historia se amplió hacia aspectos que podrían ser considerados intrascendentes por los clásicos del siglo XIX.
Lo que hoy se considera como un producto de la escuela de los Annales, la llamada historia de las mentalidades, no es más que la expresión que se usa desde principios del siglo XX para la representación de la cultura y las estructuras que los individuos de una determinada sociedad tienen y entienden sobre su mundo. Su estudio parte de la historiografía moderna y también se le llama historia de la sensibilidad. Su objeto de estudio retoma todas las expresiones de vida cotidiana como complemento de la macro-historia.
Nada es ajeno a ello, de ahí que los historiadores franceses hallan llevado a su más acabada expresión la investigación en este sentido.
En la actualidad existen infinidad de textos de todo tipo; muchos de ellos resultan una delicia para el lector común y corriente, y un enorme tesoro para los especialistas.
Un ejemplo es la colección que hoy nos ocupa y que fue conformado y editado entre el FCE y el Colegio de México. Nos referimos a la serie “Historia de la vida cotidiana en México”.
Dirigida por Pilar Gonzalbo Aizpuro, la obra integra una enorme variedad de textos de diferentes autores que exploran las muy diversas caras de la vida cotidiana en el territorio que conforma nuestro país. Al margen de los grandes acontecimientos, los seis tomos pasan revista desde la historia del México prehispánico, hasta el siglo XX y mantiene un equilibrio temático entre la historia cotidiana del campo y la ciudad, las élites y el pueblo llano, entre lo permitido y lo prohibido.
En el caso del Tomo I, que este escribidor releyera, por razones que involucran a la ciudad de Teotihuacan, se hace un reencuentro con algunos datos que en la primera lectura pasaron desapercibidos.
Por ello sólo recomendaremos los capítulos dedicados a Teotihuacan, Los mayas (por supuesto) y un muy interesante apartado dedicado a la vida en el valle de México y sus alrededores en tiempos de la hegemonía mexica, principalmente el apartado 10, que aborda la actitud de los moralinos mexicas ante la homosexualidad y la prostitución durante el postclásico y que tan de moda se ha puesto gracias a las andanzas de la iglesia y la derecha mexicanas.
Esto no quiere decir que no se haya pasado revista a los otros cuatro tomos, pero por razones arriba expuestas, la relectura de este texto en particular resulta muy enriquecedor y deja claro que el trabajo de los historiadores nacionales en este ámbito está a la altura de las mejores escuelas de este corriente en el mundo.
Así las cosas, confiamos en que, si usted está interesado en la vida cotidiana de nuestro país, ésta es una excelente guía. Por cierto, puede adquirirla por separado o en un bonito estuche con la colección completa.

Historia de la vida cotidiana en México: Tomo I. Mesoamérica y los ámbitos indígenas de la Nueva España, Escalante Gonzalbo, Pablo.

Historia de la vida cotidiana en México: Tomo II. La ciudad barroca, Rubial García, Antonio.
Historia de la vida cotidiana en México: Tomo III. El siglo XVIII: Entre la tradición y el cambio, Gonzalbo Aizpuru, Pilar.
Historia de la vida cotidiana en México: Tomo IV. Bienes y vivencias. El siglo XIX, Staples, Anne.
Historia de la vida cotidiana en México: Tomo V: Volumen 1. Siglo XX. Campo y ciudad, Reyes, Aurelio de los.
Historia de la vida cotidiana en México: Tomo V: Volumen 2. Siglo XX. La imagen, ¿espejo de la vida?, Reyes, Aurelio de los.

lunes, 29 de agosto de 2016

El lector de Julio Verne

Palabra de lector 29

El segundo tomo de Episodios de una guerra interminable, titulado El lector de Julio Verne, de Almudena Grandes, no es ya ninguna sorpresa.
Escrito con la maestría que ya caracteriza a esta escritora, al menos de las obras que le hemos leído, nos remonta a la España franquista, fascista y de cómo era el mundo en la vida rural después de la derrota de la Segunda República.
Ubicada en la misma región de la trama de la primer novela de esta serie, Inés y la alegría, y en la década de los 40, nos sorprende con la historia vista desde el otro lado, del lado de la Guardia Civil, en la que las cosas no suceden como podríamos pensar, ni siempre son lo que parecen.
La historia es contada desde la perspectiva de un niño de nueve años, Antonino o Nino como le dicen los habitantes de su pueblo, quien es hijo de un guardia civil y que vive, como parte de su cotidiano, el terror de la vida en un estado de guerra permanente, en donde a sólo unos pasos, con delgadas paredes de separación, es posible escuchar e imaginar los horrores que la tortura fascista ejerce sobre todo aquel que es sospechoso de ser “rojo” o simpatiza con aquellos hombres que han preferido abandonarlo todo para subirse al monte y, desde ahí, hacerle una guerra de desgaste a los representantes del fascismo español.
Por ahí, en las márgenes de lo urbano y el monte, se encuentra Pepe el Portugués, un forastero misterioso, fascinante, aparentemente chivato del status quo que convierte a Nino en su mejor amigo y confidente, y con quien pasa muchas tardes a la orilla del río, pescando cangrejos.
Lo que sí es claro para nuestro héroe es que nunca será guardia civil, aunque su padre se esfuerce y se angustie por garantizarle un puesto en esa estructura, aunque sea como oficinista. De ahí que comience a recibir clases de mecanografía en el cortijo de las “Rubias”, un grupo de mujeres solas, viudas y huérfanas que resisten en la frontera entre el monte y el llano, y de las que se sospecha que son “rojas”.
Es ahí donde Nino descubre que hay lecturas más allá de los comics de vaqueros que suele leer en el cuartel de la guardia civil, donde además se encuentra su casa.
Así este niño descubre un mundo distinto, maravilloso, a través de las novelas de aventuras del más famoso autor francés del genero de la ciencia ficción: Julio Verne, y ello lo convertirá en otra persona.
Es en este tiempo, de crecimiento, descubrimientos y nuevas experiencias, que Nino descubrirá lo que significa un beso, que hay una guerra que se libra a su alrededor, que  los enemigos de su padre no son los suyos y que guerrilleros como Cencerro, son inmortales.
Es pues, una enorme novela. Una visión distinta sobre lo que vivió el pueblo español durante ese periodo de terror. Sea pues de su agrado la lectura y esperamos que no deje pasar por alto los numerosos  guiños que hace la autora a la historia anterior, la de Inés y la alegría.
Que la disfruten.

Grandes, Almudena, El lector de Julio Verne, Tusquets, México, 417 pp., 2012. Episodios de una guerra interminable, volumen 2, Colección Andanzas, número 730-2.