sábado, 29 de enero de 2011

Invasión Zombi

Bueno, parece que está de moda. El culto al género de los Zombies no sólo ha permeado en el cine de terror, sino que la literatura y las series de televisión son ya referentes de esta cultura de adolescentes y uno que otro adulto. Lo lamentable del asunto y hasta inverosimil es que existen verdaderas tribus de fieles seguidores que creen firmemente en los zombies y, en algunos casos ya se habla de un apocalipsis zombie, al parecer basado en una mala lectura de dos libros de Max Brooks (hijo del célebre cineasta de cine de humor, Mel Brooks), quien es el autor de:  Zombie, Guía de supervivencia, publicada en el año 2003 y, del que ya se realizó una película, y cuya temática es una explicación detallada de cómo sobrevivir a un apocalipsis zombie.
El segundo libro de Brooks es: Guerra mundial Z: una historia oral de la guerra zombie, novela que se ocupa de la supuesta guerra entre humanos y muertos vivientes por todo el planeta.
Asi las cosas la estulticia e ignorancia de ciertos adolescentes, sólo provocan una enorme pena ajena.
Sin embargo, y decimos esto con mayúsculas para que no quede duda, este es un RELATO DE FICCIÓN, para que los despistados de siempre no se la vayan a creer.

Basado en un sueño real.

Desde que tengo memoria he tenido problemas para relacionarme con la gente. Me han llamado antisocial, me han llamado sociópata, me han insultado y dicho que no soy más que una “mamona.” Si bien he vagado por el mundo como un alma solitaria, en la tercera década de mi vida he decidido acudir al psiquiatra para no terminar como “una solterona.” Si les he de confesar algo, tiendo a asustar a las personas que se acercan con mi actitud parca y mi sensibilidad sarcástica hacia los obstáculos de la vida. Mi psiquiatra, les digo, me ha recomendado una serie de pastillas: dos para ir a dormir, una para la ansiedad y una más pequeña pero aparentemente más alucinógena para cuando tengo que enfrentar los grandes obstáculos que no me permiten socializar, como traumas o cosas más relacionadas con mi pasado que he bloqueado, según mi psiquiatra, por temor a enfrentarlas.
 Hace poco recibí el correo de un amigo, bueno al menos eso dice que es. Menciona que solíamos jugar en la primaria y que tiene la esperanza de que me acuerde de él. Para ser sinceros no recuerdo haber jugado con él en la primaria, de hecho no tengo buenos recuerdos de la misma. Lo que sí recuerdo es que era una niña bastante anormal, leyendo cuentos de terror en el recreo y en eso que llamaban “medio internado.” Recuerdo haber devorado a Edgar Allan Poe, a Horacio Quiroga, a Ray Bradbury, a H.P. Lovecraft, entre otros pero no recuerdo a ningún sujeto llamado Rubén con quien, aparentemente, solía jugar fútbol.  En fin, habrá un retiro de todo un fin de semana a una reserva ecológica cerca de Michoacán, se va a poner bueno porque no creo que nos dejen pasar. Será divertido ver como los organizadores quedan mal ante toda la planeación de su viaje. Pero antes tengo que ir con mi psiquiatra a que me dé las pastillas necesarias para el dichoso viaje.
He regresado de mi visita al psiquiatra, debido a que he bloqueado gran parte de mi estadía en la primaria y por los signos traumáticos que ésta representa se me han dado dos de las pastillitas fuertes para ir de viaje. Una mitad de una pastilla antes de iniciar, la otra mitad al llegar, una mitad al partir y la otra mitad para llegar a casa, así podre consumir las pastillas para dormir sin ningún problema en caso de insomnio. Prohibido beber, prohibido consumir ciertas sustancias tóxicas, cosas que nosotros no hacemos mucho caso.
He terminado de empacar, parte importante de mi viaje es llevar mi aparato reproductor de música. Voy con varios adultos pero si quieren beber tendré que recluirme en las estruendosas percusiones que personajes como Dave Lombardo, Nick Menza y Charlie Benante me ofrezcan. Así que todo listo, mochila, agua, pastillas a la mano junto con mi colección personal de heavy metal en un modesto aparatito de cómodas medidas.  He tomado mi mitad de la pastilla, ya es de noche y es hora de partir.
Me acabo de enterar que los dos niños que en su época fueron considerados con el futuro más prometedor lo tuvieron que dejar todo por cuestiones de embarazo no deseado. Quienes fuimos considerados los parias por antisociales y el hecho de no lograr buenas relaciones personales hemos emprendido una carrera, algunos llevan dos, por alguna razón extraña encontramos refugio en las guitarras distorsionadas y los ritmos de seis octavos cuando estamos desesperados. Quienes prometían terminaron decepcionando y quienes decepcionamos a todos terminamos prometiendo. En fin, más avanzado el camino alguien ha decidido crear un cóctel con polvos de agua de sabor y vodka y creo infinitamente que ese alguien se ha robado mi agua porque no la encuentro por ninguna parte y necesito mis pastillas para dormir lo que resta del viaje. Eso sólo significa una cosa, no dormiré esta noche.
Alguien ha robado una coca para mis pastillas y me la ha ofrecido, no confió mucho en estas personas pero debido a que los últimos días no he dormido mucho y he pasado mis noches en vela viendo clásicos de terror que van desde George Romero hasta otras cosas más burdas he decidido aceptar la coca para consumir mis pastillas.
He despertado a mitad de la noche porque alguien nos ha detenido, ya sabía que no podríamos atravesar Michoacán, ilusos, con los problemas que hay acá. Aunque aparentemente no hubo mucho problema nos han registrado a uno por uno. Me han preguntado por las pastillas, les dije que estaban pre- escritas y enseñe la receta.  No me han creído pero en fin, en México todo se arregla con un billetito y aún peor me han ofrecido a cambio una bolsa de polvo blanco o una pistola por un par de mis pastillas para dormir. Elegí la pistola, sin saber porqué.  Pero bueno ahora llevó un arma con pocas balas y aparentemente no he sido la única pero no logro reconocer del todo a mi otro compañero que ha sufrido la misma experiencia.
La visita estuvo genial. Uno de mis ex compañeros por hacerse el payaso ha sido mordido por una especie rara de mono que aparentemente sufría  una clase de rabia. Para nuestra buena suerte lo inyectaron y dijeron que llegaría al D.F sin problema siempre y cuando lo dejáramos dormir.  Fui una estúpida y no tome la mitad de pastilla al momento de llegar ahora me tendré que tomar la pastilla entera en el camión, con la coca que aún conserva algo de su negro líquido en la botella. No sé bien si fue por la caminata bajo el sol o porque olvide la pastilla para la ansiedad pero me termine la botella y empecé a sentirme un poco mareada. 
Me quedé dormida en no sé cuál punto del regreso a casa.  Lo que me ha despertado fue el tremendo bullicio que armaron mis compañeros al momento de ver que la persona mordida por el animal rabioso comenzó a tener ataques epilépticos. De acuerdo a la crónica presentada por quien me dio la coca, el sujeto, instantáneamente después  de tener el ataque epiléptico mordió a otra compañera en el brazo quien ahora tiene fiebre del dolor provocado por la mordida. Que tuvieron que participar tres hombres grandes y musculosos a quienes también les tocaron unas cuantas mordidas para amarrarlo al asiento. He volteado hacia el compañero quien yo sé que también tiene un arma para saber su reacción y esta tembloroso sosteniendo su arma tapándola con una chamarra como cuando un niño asustado abraza su oso de peluche. Por error mío hicimos contacto visual y tuve que volver a mi asiento a dormir un poco más.
Me han despertado cinco disparos, obviamente provenientes de quién agarro la pistola al igual que yo.  Lo han amarrado al asiento de atrás, tres asientos de los que yo estoy, me han dado indicaciones de no hablarle porque  ha disparado a los cinco enfermos con fiebre sin motivo aparente. Me da miedo acercarme a él pero tengo curiosidad de escuchar su versión de la historia.
Hace mucho tiempo este compañero no solía destacarse por sus habilidades sociales, si no por el hecho de saber  “de todo un poco.” Ahora me entero que compartimos el gusto por la variedad de géneros musicales que van desde clásica hasta metal. Lo curioso es que ahora recuerdo que una compañera de mi madre solía decir que el heavy metal era para psiquiátricos.  Regresando a mi compañero, como ofrenda de paz lo deje escuchar varias canciones de mi aparato, a su vez me ha dejado escribir el suceso en el diario: Ellos, los que fueron mordidos tienen los mismos síntomas que unas ratas con las que había experimentado en la facultad de bioquímica de la máxima casa de estudios. De acuerdo con él, con las mutaciones correctas de la rabia, puedes crear una escena zombi.  Escena que crearon dentro de un cubículo como parte de un proyecto pero que no se llevó a cabo por falta de presupuesto. La única cura, según él, es llevar la enfermedad a la rabia normal para poder erradicarla. Por desgracia no sé encontró la forma de regresar a la rabia normal y hubo que matar a las ratas a la vieja usanza zombi. Rebanándoles la cabeza. Cuenta también que, en todo el pleito de la parte de enfrente, que los  tres disparos que salieron de su pistola estaban dirigidos a la cabeza. Sin embargo, uno cayó en el brazo del piloto del autobús, provocando que la puerta del autobús se abriera y uno de los mordidos pudiera escapar. Dice que con suerte algún despistado lo  atropellará en la carretera. No logró distinguir quién era quién, pero por lo que sé la única mujer infectada fue la que se quedó con el chofer.  Le he preguntado si tiene problemas de ansiedad, al igual que yo los tiene, pero sus traumas son más recientes. Aparentemente las ratas de laboratorio dejaron algo más que sólo una investigación inconclusa.
 Muy bien. La serie de hechos que describiré a continuación será tan sólo un breve resumen de lo que acaba de suceder. El chofer se salió de la carretera, lo encontramos desmayado en el volante, aparentemente fue mordido por la chica que se quedó con él.   Hemos hecho relevos para  cuidar a los infectados al igual que para manejar en carretera, dos horas y dos horas, quién maneje no va sólo así que pedí que desatarán al bioquímico para que me acompañara en la jornada de viaje. A las mujeres no nos permiten acercarnos a los infectados,  ya que se han puesto bastante violentos. 
¡Es increíble! A duras penas si puedo escribirlo he tenido que disparar a tres personas en las últimas dos horas (el chofer, la chica que iba con él y el mejor amigo de la chica) Jamás pensé que tendría que hacer algo así.  Estoy tan sorprendida que a duras puedo describir lo que pasó.  El chofer despertó de su desmayo y se fue en contra de uno de los amigos que cuidaban a la chica. Lo destazó,  a pocos asientos de mis ojos. Entre en pánico y dispare desde lejos.  Por suerte traía un arma con balas. Ojalá hubiera más.
 Por fin me han devuelto mi diario, he tenido varias semanas sin escribir. Después de ese día tan horrible, aún recuerdo lo que me paso. Tuve que correr por toda mi primaria, para mi buena suerte aún no estaba tan cambiada. Todos querían hacerme daño, así que dispare a algunos y con el cuchillo que después encontré en los pantalones del chofer muerto tuve que cortar la yugular de varios. Por desgracia, ya no supe que fue de mi amigo el biomédico, creo que escapo después de que le disparé al chofer, ya habíamos llegado al Distrito para cuando eso sucedió.  Después de eso me llevaron a la corte, me acusaron de haber asesinado a 25 personas. Para mi buena suerte mi abogado pudo localizar a mi psiquiatra y ahora me tienen encerrada en un hospital psiquiátrico.  Tuvieron que pasar casi tres meses para que me permitieran de nuevo escribir como parte de mi terapia. No lo entiendo, salve al mundo de una epidemia y me acusan de ser una psicópata y una amenaza para la sociedad. 

Ilíada Berenice Rodríguez C.

miércoles, 12 de enero de 2011

Conferencias en el baño

Antes que nada, vaya desde aquí una felicitación y el eterno agradecimiento a Jorge Trejo, mandamás del Crooked blog, quien se encargó de la nueva imagen de nuestro espacio. ¡Quedó de poca!
Y ya entrando en materia, con esta entrega culminamos los relatos de Ulises Ladislao, quien ha cautivado a todos aquellos que han disfrutado sus relatos en este espacio. Ha llegado tan lejos esta fama que ya, ciertos seres pretenden una Guerra Santa contra el autor y quien esto escribe. Lo que no saben los zombies estos, es que el Grupo de los 8 ya los está esperando, con la ironía como lanza, y el humor como escudo invencible.
Disfruten este relato y pidamos a los poderosos que obliguen al autor a darle más seguido a la pluma.

Al Güeriro, el primer sabio que ilustró  mi vida

Ese mediodía doña Socorro nos propuso un juego: debíamos caminar desde el kinder de San Juan Pantitlán hasta la enorme casa de tezontle que destacaba en la orilla oriente de la Calzada Zaragoza, a medio kilómetro de distancia rumbo al Peñón Viejo. Si lo lográbamos, nos compraría a Aquiles y a mí el álbum de estampas de futbolistas que por tanto tiempo habíamos anhelado.
Aceptamos emprender la aventura de inmediato. El amplio camellón de la Calzada presentaba muchos misterios qué descubrir, en particular el rojo caserón de nuestra meta. Abandonada por indescifrables años, la construcción cautivaba nuestros miedos infantiles, tras que el padrino Guayo nos contó que el había trabajado ahí una vez como mesero, en una boda donde los novios estaban ausentes.
Relató que al principio era un festejo como cualquier otro, donde los anfitriones mataron un par de cochinos, pusieron al fuego un par de cazuelas gigantescas y cocieron en un mar de grasa, leche y jugo de naranja los gordos animales. Luego, dispusieron una mesa inmensa con una decena de bandejas repletas de jugosa carne, además de tortillas de nixtamal apiladas en varios montones envueltas en enormes servilletas, salsas de varios colores y cúmulos de limones grandotes como bolas de billar, partidos en cuatro o seis pedazos.
Animada como pocas bodas, Guayo narró que los comensales comían sus tacos y brindaban ruidosamente con grandes sorbos de tequila, al tiempo que otros bailaban los acordes de La Rielera, El Puente Roto o La Adelita.
Una viejita chiquita de piel arrugada como acordeón, a quien llamaban doña Nata, era la sensación de la fiesta; primero, porque desde la propia jarra se empinaba el curado de avena hasta verle el fondo y, después, por su estilo peculiar de bailar, que consistía en recorrer la pista a todo su largo y ancho, resbalando sus piecitos sobre la duela, como tirando rápidas y ágiles patadas a una horda de ratones invisibles que invadían el suelo.
Al caer la tarde, la animación iba creciendo y negras nubes terminaron por encapotar el cielo. En esos momentos le vinieron a Guayo incontenibles ganas de orinar, y se fue trotando al baño. Mientras la paulatina liberación del amarillo líquido aliviaba sus ansias, escuchó claramente el estruendo de los rayos, la lluvia intensa cayendo sobre el techo y los chorros de agua escurriendo por los tubos de desagüe hacia el suelo.
Pero al salir del baño, una pesada calma embargaba el lugar y los invitados habían desaparecido. Los platos sucios rebozaban la gran mesa, y vasos y caballitos estaban regados encima de las sillas como si repentinamente todos hubieran salido a ver la lluvia caer y a los rayos iluminar la tarde.
Se asomó al patio pero no había nadie. Entró de nuevo a la amplia sala y se fue directo a la cocina, donde tampoco encontró a persona alguna. De pronto oyó pasos provenientes de la gran sala. Se asomó otra vez y vio de espaldas a la pareja de recién casados saliendo a toda prisa.
--¡Hey, jóvenes! –gritó—, ¿dónde están todos? ¡No salgan, está lloviendo muy fuerte!
Por respuesta, el novio se llevó la mano a la bolsa sacó un grueso fajo de billetes y los depositó en la mesa contigua. En cuanto dejó el dinero, un rayo encendió la oscuridad del salón, y Guayo pudo ver una mano blanca y huesuda, con áreas amoratadas a la altura de la muñeca, como si apretadas sogas hubieran lastimado al muchacho. Los pocos cabellos del mesero campechano se levantaron al unísono y quedó paralizado por un tiempo.
Al recobrarse, se enfiló a la salida del solitario caserón movido por sus cortas piernas y envuelto apenas en su filipina blanca. Tomó el dinero sin examinarlo, lo guardó en el bolsillo de su pantalón negro y salió corriendo del lugar sin recoger su suéter colgado en la cocina. Atravesó la inundada Calzada Zaragoza bajo la tormenta y despertó de ese letargo cuando el tren de San Lázaro le pitó a unos metros con su estruendoso silbato, porque se encontraba parado en medio de la vía.
Con su filipina mojada pero intacta, llegó llorando a la casa en puros calzoncillos cuando ya había anochecido. Decía frases inteligibles y apuntaba el dedo hacia la ventana, mientras abría desmesuradamente sus ojos de sapo y su orgulloso diente de oro dominaba sus caninos. Mi abuela Evangelina supuso que era uno más de sus delirios de sus constantes borracheras.
Curiosamente esa noche, Aquiles y Julián vieron como una gran bola de fuego proveniente del cielo quemaba la mata de coco que el abuelo Juan había plantado en el fondo del patio. Incluso, el pequeño Julius, con su oso café en brazos, decía haber visto asomarse a un ser horrible con sus cuernos largos y negros por la ventana, entre sustos y lloriqueos.
Esa mañana de sol intenso, sin embargo, recorríamos la Calzada pateando piedras y recogiendo las piñitas que soltaban los altos pinos que bordeaban el pequeño bosque del ancho camellón. Mi mamá nos enseñó el intenso y dulce olor del eucalipto, cuyas ramas atiborradas de hojas alfombraban enormes áreas de la arboleda. Ensimismados en ese aroma, cuando nos dimos cuenta habíamos pasado ya por unos 30 metros la solitaria casa embrujada, donde esperábamos ver asomarse algún fantasma envuelto en su sábana o una fea bruja saliendo montada en su escoba voladora.
Pero mi mamá nos explicó que esas cosas no pasan nunca y menos en una mañana soleada como esa. Mantuvimos el paso hasta que llegamos al gran llano que dominaba el poniente de la Calzada, donde la Secretaría de Comunicaciones tenía una caseta de control y al fondo se avistaba un cementerio de patrullas de caminos, negras y polvosas.
A esa altura el Peñón Viejo se divisaba alto, con las tres cruces que dominaban la cima del cerro. El cansancio empezaba a hacer mella, no tanto por el camino transitado sino porque esa mañana en el recreo habíamos desatado nuestra primera bronca campal, cuando Aquiles se agarró a trancazos, él solito, con una banda de chamacos en el jardín de niños de las rejitas de colores. No supimos cómo empezó el pleito, pero al rato lo vi ir de un lado a otro tirándoles de patadas y trancazos.
Mamá Socorro nos convenció de recorrer el último kilómetro a cambio de un peso de estampitas para cada uno. Lo cierto es que no había dinero en casa para el camión de regreso, y faltaba poco para llegar a ella. Llegamos exhaustos y con los pies adoloridos. Comimos y enseguida nos quedamos dormidos casi toda la tarde. Por supuesto, nunca recibimos nuestro premio.
Aquiles tuvo que levantarse antes, pues en unos días sería la estrella de un cuento actuado en el festival de Día de las Madres, donde su maestra, vestida de conejito se le presentaba en el bosque encantado. Por más que ensayaba, mi mamá no podía hacerlo decir correctamente su único parlamento.
—Cojenito, ¿a dónde vas con ese pastel?— insistía el Quiloncito, sin entender por qué lo hacían decir tantas repeticiones.
Hacia las 8 de la noche me dolía panza, tenía calentura y el diagnóstico de doña Eva fue empacho. Mi abuela me puso de inmediato una lavativa, me pellizcó la espalda a lo largo de la columna vertebral para despegar la piel de fruta seguramente pegada en las tripas y recetó dos cucharaditas de aceite de oliva aderezado con un poco de sal para desvanecer el trauma. Al otro día, no fui a la escuela.
Aquiles tuvo más suerte, pero antes de las 12 del día siguiente lo regresaron del jardín de infantes por una explosiva diarrea. Ese día era tal el apeste que emanaba del baño, que él se negó rotundamente a recibirme en su despacho estrecho y privado para conferenciar sobre lo sucedido, a pesar de que no me espantaban los nauseabundos olores que despedía sentado en el bacín.
Poco antes habíamos adquirido la costumbre de invitarnos cortésmente a platicar en el baño. No íbamos si no estábamos acompañados, uno sentado en el bacín, el otro en cuclillas recargado en la pared para debatir acerca de la razón de resbalarnos en el baño, del por qué los árboles se vestían con hojas, del idioma insondable de los perros o de cómo es que vuelan las moscas.
La sana costumbre se terminó cuando Aquiles aprendió a leer y prefiere la lectura de las aventuras de Kalimán y Solín, Memín Pingüin, Rarotonga y Rolando el Rabioso y su fiel escudero Pitoloco. Y es que al borde del fastidio, mis preguntas son incisivas, no admiten un no por respuesta, pero él las torea con ingenio y a veces con inventiva en su calidad de alto catedrático casi graduado de primero de primaria y experto practicante del arte de revolver vocales y consonantes para escribir palabras.
Uno se resbala en el baño, me explicó un día, porque nuestros zapatos matan por aplastamiento a los microbios y su sangre derramada, transparente e invisible, hace tremendamente resbaladizo el piso del cuarto del aseo personal. Adiestrados con esa sabiduría inaudita, mientras debatíamos de muchos temas, en cada entrada a ese reducido espacio nos dedicamos hasta el cansancio a agarrar a pisotones a los malévolos gérmenes. Al principio imaginábamos el triunfo de su exterminio total, pero al poco tiempo estábamos convencidos de que debían ser muchísimos, pues nuestros zapatos no cesaban de derrapar en el imperceptible microlago de su líquido vital.
Según sus cuentas, Aquiles calculaba la muerte de mil, quizás un millón, pero seguramente Mil y Pico, el más grande número conocido por la humanidad, según entendíamos en ese entonces, tras escuchar a mi abuela discutir a grandes voces acerca de jugosos negocios que demandaban la empresa de muy altas inversiones. 
Por Ulises L. Cantarell

domingo, 9 de enero de 2011

El Señor de los anillos

No puedo evitarlo:
“Tres anillos para los Reyes Elfos bajo el cielo.
Siete para los Señores Enanos en casas de piedra.
Nueve para los Hombres mortales condenados a morir.
Uno para el Señor Oscuro, sobre el trono oscuro
En la tierra de Mordor donde se extienden las Sombras.
Un anillo para gobernarlos a todos. Un anillo para encontrarlos,
Un anillo para atraerlos a todos y atarlos en las tinieblas,
en la Tierra de Mordor donde se extienden las sombras”.

Hablar o escribir de Tolkien es quizá una de las tareas más difíciles de realizar. ¿Por qué? Muy sencillo, se puede caer en las obviedades y lugares comunes de los villamelones o convertirse en un oscuro profeta que sólo los iniciados y elegidos pueden entender. Así que al grito de “Ave María, dame puntería”, ahí les va.
Para empezar, J. R. R. Tolkien (se fijaron bien en las iniciales, aprendices de brujo con varitas ridículas), es el más, sí, el más importante escritor de Fantasía y fantasía épica del género. No sólo porque sus obras han marcado la línea a seguir por una infinidad de grandes y menores escritores, sino que fue capaz de crear toda una cosmogonía, un universo pues, para sus personajes e historias. Tarea que muy pocos han intentado y logrado, como sería el caso de la enorme Úrsula Le Güin, con su Terramar; Terry Pratchett, con Mundo disco y; los no menos importantes Margaret Weis y Tracy Hickman, con su gigantesca, no sólo por la obra sino por la incontable cantidad de títulos de su famosa Dragonlance.
Gran parte del éxito de Tolkien radica en su profundo conocimiento de las mitologías del norte de Europa, tanto célticas, como germanas. Una prueba de ello es la publicación del último título, bautizado como: “La leyenda de Sigurd & Gudún”, que no es sino un interesante estudio antropológico de esta importante saga nórdica.
Así pues, El señor de los anillos es mucho, pero infinitamente mucho más que las tres películas que realizara Peter Jackson, quien no sólo omitió una buena cantidad de cosas consideradas, por los fanáticos, cruciales para el entendimiento de la historia, como es toda la parte dedicada Tom Bombadil, sino que en beneficio de los cánones del lamentable cine comercial, convirtió a un importante héroe élfico, en una deliciosa chamacona, para que luciera más en la trama fílmica.
El libro en cuestión no sólo es más valioso porqué cuenta con una cantidad enorme de hechos que nos permiten entender mejor el mundo de la Tierra Media y sus habitantes sino, resolver cuestiones tan profundas como: ¿Quién es realmente Gandalf?,  ¿Qué edad tiene realmente Aragorn? Y ¿Qué relación tienen Gandalf y los hobbits?
Adicionalmente no hay que olvidar que la historia de Frodo, Aragorn y Gandalf no viene sola, pues deriva de un famoso pasaje de otra de las imprescindibles de Tolkien, El Hobbit, que narra las aventuras de Bilbo Bolsón y su papel en la destrucción del dragón Smaugh.
En fin, se podrían decir miles de cosas alrededor de esta obra, y aun así no terminaríamos de agotar el tema. Así las cosas, si realmente está interesado en disfrutar totalmente esta famosa saga, haga a un lado la pereza y éntrele al toro de la  mejor historia de fantasía que se ha escrito. Además, sería un excelente principio para explorar uno de los géneros más prolíficos de la literatura.
Finalmente. Un mago, es un ser que tiene la capacidad, por cualquier razón, de poder manipular la energía y la materia. Por ende, su relación con las fuerzas elementales es básica. Sin entrar en la discusión de que si los conjuros y los movimientos , o las combinaciones de elementos y fuerzas energéticas, es indudable que cualquier mago que se respete debería tener un bastón o un cayado para poder dirigir y manejar adecuadamente estas potencias, de ahí que resulte ridículo y hasta insultante ver a un pobre chamaco debatiéndose siempre, apuradamente, con una ridícula varita mágica, evidentemente tomada, ¿robada?, por falta de imaginación, de las películas antiguas de Walt Disney y propias sí, de las hadas madrinas. Si no, pregúntenle a los padrinos mágicos.

Obras imprescindibles de Tolkien
En orden de lectura e importancia.

El Silmarillion. Opcional pero básico.
El hobbit
El señor de los anillos
Los cuentos inconclusos, las cuatro eras.
Las aventuras de Tom Bombadil.

Servidos.

miércoles, 5 de enero de 2011

¿Y Eragon, apá?


2010 dejó una buena cantidad de pendientes para los amantes de la literatura fantástica. Si bien es cierto que a fines de año se publicó, en inglés, el último tomo de la larguísima saga de “La Rueda del Tiempo”,  del malogrado Robert  Jordan,  quien no la viera concluida ( murió en 2007) al tener que heredar esta tarea al escritor Brandon Sanderson, quien finalmente terminara en una entrega en tres partes -¡ufff!-, los textos que llevan como título “Las memorias de la luz” y que aun tardarán un rato en su versión en español. En tanto que seguimos sufriendo para conseguir los tomos que nos faltan pues Timun mas, la editora en castellano de buena parte de este tipo de literatura, nos mantiene en la periferia y en la marginación de una gran parte de sus joyas. En fin.
Así pues, decíamos que hay un buen número de pendientes. Ahí está el tercero de once títulos de la historia de los “Jinetes de Dragón” de Anne McCaffrey, cuyo tema esperado es el de “El Dragón Blanco”, para después seguir sufriendo a la espera de los 9 siguientes.
También está la segunda parte de una excelente novela de Patrick Rothfuss, “El nombre del viento”, una interesante historia de un aprendiz de mago, en serio, llamado Kvothe y que nos dejó sentados en la orilla de la silla y no se ve para cuando aparezca la siguiente parte.
Además, está el segundo libro de” Eon”: “Eona”, de la australiana Alison Goodman, y de la cual no sabemos cuántos volúmenes llevará su historia que toma muchas ideas del Tao, las artes marciales orientales y obviamente la mitología dragoniana.
Y ya entrado en el tema, una novela que no decía mucho en el título pero que al final nos agarró de la nariz para clavarnos en el tema, fue la obra de Giles Kristian, “El ojo de Raven” y cuya secuela ya se anuncia en Amazon, pero sin fecha de aparición bajo el título de ”Los hijos del trueno”.
Para finalmente, descubrir, al final de “Perry Jackson y los dioses del Olimpo IV, La batalla del Laberinto”, que Cronos no está derrotado y que habrá por lo menos una novela más de Rick Riordan, tal vez para 2011.
Sin embargo, es la cuarta entrega de “Eragon”, del joven escritor  Christopher Paolini, la que tiene desesperados a los fanáticos de éste género. Prometido con anticipación al final del tercer tomo, “Brisingr”, la promesa no ha sido cumplida. Sin embargo, para que no desesperemos y nos convirtamos en Sombras, al autor nos regala un precioso, pero verdaderamente hermoso libro sobre Alagaësia, lugar donde se desarrolla nuestra historia.
Se trata de un volumen en forma de una guía dedicada a un joven jinete de dragón y que, obviamente habla de todas las cosas que conforman este mundo: Geografía, Historia, Razas, contrincantes, Fauna, Flora, etcétera, y cuyo título es “Eragon, guía de Alagaësia”.
El libro incluye, todo dentro del entendido que los lectores somos noveles jinetes, muestras de tela élfica, pétalos de la flor Ellësméra, una escama de ala de dragón, polvo de zafiro estrellado, entre otras cosas.
Como decíamos al principio, el libro está diseñado de una forma muy ingeniosa y, de hecho el tomo sólo consta de 28 páginas pero el lector disfrutará cada una de ellas, no sólo por la información que contienen, sino por la forma en qué están presentadas.
Así las cosas, éste sería un excelente regalo de día de reyes o de cumpleaños, para todos aquellos que hemos seguido con gran interés la obra de este joven escritor.
Sin embargo, antes de terminar si es importante decir algo a nuestro joven Christopher Paolini. No es suficiente, será suficiente cuando la saga de Eragón y su dragona Saphira haya concluido. Seguimos a la espera.

martes, 21 de diciembre de 2010

Los mejores de todos los tiempos

Como siempre sucede, nunca faltan las famosas listas de quién es quién en cualquier actividad. Y siempre, habrá descontentos que no estaremos de acuerdo, principalmente cuando los criterios de las mismas están marcados, por la moda, el número de discos vendidos o la lana que gana el nominado en cuestión. Un ejemplo de ello es la música popular y he ahí que ahora les presentamos una lista publicada en el blog de nuestros amigos de Crooked blog y, tomada de la página Gibson, donde se pasa revista a lo que se supone lo mejor de lo mejor. Así que retomemos la porpuesta de sus autores y propongamos a aquellos que faltan, como Pink Floyd, Patti Smith, Tom Waits, Phillip Glass, Keith Jarrett, Jan Garbarek y Steve Reich, entre muchos, muchos otros. En tanto, ¡¡Duro con ellos!!

"En la historia de la música han habido muchos grandes artistas qué a traves de sus discos han cautivado a millones y millones de personas. Sin embargo, hay gente que ha llegado más allá de solamente crear un sonido, si no crear una escuela y legado musical, que conforme pasan los años, siguen siendo un monumento de inspiración. A continuación, gracias a la página Gibson, les entrego la lista de los 50 artistas que han cambiado, roto reglas, exploradores y grandes visionarios que siempre miraron al horizonte con una sola pregunta: “¿Por qué no ir más lejos?”"




01. Bob Dylan

02. The Beatles

03. Jimi Hendrix

04. Elvis Presley

05. Les Paul

06. Miles Davis

07. Chuck Berry

08. John Coltrane

09. George Gershwin

10. Muddy Waters

11. Frank Zappa

12. Hank Williams

13. David Bowie

14. Brian Wilson

15. John Lennon

16. Frank Sinatra

17. Bill Monroe

18. Robert Johnson

19. John Cage

20. Buddy Holly

21. Bob Marley

22. Ray Charles

23. James Brown

24. Nirvana

25. Sex Pistols

26. Madonna

27. The Velvet Underground

28. Little Richard

29. Prince

30. Django Reinhardt

31. Cole Porter

32. Charlie Christian

33. Michael Jackson

34. Eddie Van Halen

35. Led Zeppelin

36. Radiohead

37. Brian Eno

38. The Carter Family

39. Run-DMC

40. Jimmy Page

41. Grandmaster Flash and the Furious Five

42. Eric Clapton

43. Johnny Cash

44. Charlie Patton

45. Louis Armstrong

46. Metallica

47. Stevie Wonder

48. Charlie Parker

49. Sam Cooke

50. The Stooges



¿A quien agregarías, o quitarías?

miércoles, 15 de diciembre de 2010

De aquí, de allá, de todas partes 1



Durante años y años de lecturas hemos ido acumulando pequeños textos que bien pueden agruparse en el apartado de curiosidades. Estas pueden ir, desde las deportivas o musicales, hasta la filosofía y la historia. Va pues, una pequeña probada de estos dichos y hechos. Sólo debemos aclarar que no incluiremos las fuentes de dónde fueron tomadas por cuestión de agilizar su lectura, pero con mucho gusto, si alguien se interesa en conocerlas, podemos enviarlas por correo electrónico. Esperamos también sus comentarios para enriquecerlas, corregirlas o refutarlas, en la continua esperanza de que este sea un diálogo y no el típico monólogo del autor.
PD.  Las citas están tomadas tal y cómo las escribieron sus autores, excepto lo que se encuentre entre paréntesis que, generalmente serán comentarios del autor de este espacio.

Jesús
-Santiago el menor, hermano de Judas Tadeo. Se parecía tanto a Jesús, era pariente de José o de María, que quienes no los conocían bien, solían confundirse. Tal vez por ello, en la noche de la prisión del hijo del Hombre, era necesario que Judas besara al indicado para evitar confusiones.

Aquiles
-Pese a la idea reciente de pintar al rey de los Mirmidones cómo un obseso de la guerra (ver el artículo sobre El último héroe o el destino del guerrero, en este mismo blog) , el hijo de Peleo y Tetis, no sólo era el mejor guerrero de los griegos, sino el único capaz de cantar acompañándose de una cítara.

AC/DC
-Cuando en Julio de 1980 sale el disco Back in Black, del grupo australiano AC/DC, el álbum resulta toda una revelación. Parecía que sonaba fuerte incluso cuando no se ponía a todo volumen, y cuando el volumen estaba al máximo sonaba a gloria. En años venideros, los estudios de Nashville, la capital mundial del la música country, utilizarían Back in Black como medio para comprobar la acústica de una sala, mientras que Motörhead lo usaría para poner a punto su contundente equipo de sonido.

La Enciclopedia
-La famosa Enciclopedia o Diccionario razonado de las Artes y los Oficios (ese que trajera tantos dolores de cabeza a los independentistas mexicanos), se publicó entre 1751 y 1772 por Denis Diderot, quien contó con la colaboración de, entre otros, Rousseau, Voltaire, Montesquieu y D´Alembert, todos ellos reconocidos pensadores de su época.

La Tierra
-Eratóstenes de Cirene (circa 276-194 A.C.), fue el primero en medir el diámetro de la Tierra, al observar las sombras proyectadas por el Sol en diversos lugares, a la misma hora.

El origen del mundo, según los Iroqueses.
-Según el mito iroqués, una mujer embarazada cayó del cielo al océano primigenio y fue rescatada por un ave marina que la colocó encima de una tortuga. Una rata almizclera cogió un puñado de tierra del fondo del mar y lo puso en el caparazón. Entonces, éste comenzó a crecer y así se formó la Gran Tortuga o Isla Tortuga, que es como llaman estos indios a Norteamérica.

La vergüenza
-Decía Plinio el viejo (23-79 D.C.), en su obra Naturalis Historia, afirma que la vergüenza se localiza en la mejilla.
El Espíritu santo
-En el siglo X de nuestra era, se prohibió el uso antropomórfico del Espíritu Santo en las obras de arte, fue entonces cuando la paloma entró a formar parte de la trinidad cristiana.

René Descartes
-El famoso autor de la frase: Cogito, ergo sum (pienso, luego existo), murió a los 53 años, en Estocolmo, Suecia, en 1650 a consecuencia de una pulmonía que contrajo por dar clases de Filosofía a su anfitriona, la reina Cristina de Suecia, todos los días a las 5 de la mañana.

El Purgatorio
-El Purgatorio es un dogma que se oficializó en el concilio de Lyon, en 1274, y que sólo los católico aceptan.

Paracelso
-Theophrastus Bombast von Hohenheim (1493-1541), creó el nombre de Paracelso para dejar en claro que él era mejor que el célebre médico romano Celso. Así mismo, fue el primero en proponer una medicina nueva, basada en la experiencia y olvidándose para siempre de los jugos o humores y realizando el tratamiento con medicamentos.

“El artista debe, no contar su vida tal como la vivió, sino vivirla tal como la contó”.
Marguerite Yourcenar. (1903-1987)

domingo, 5 de diciembre de 2010

Catálogo 6
















Con su lanza ardiente, el guerrero y su nave fueron testigos del cielo.
Acrílico sobre novopan.
114 X 124 cms.
Propiedad. Dr. Alberto Soberanis.


















El arma de mi Nahual.
Acrílico sobre tela.
46 X 61 cms.
Propiedad de Fernando Reyes.



















El tocado de la señora Faldilla de serpiente.
Acrílico sobre tela.
46 X 61 cms.
Propiedad de René Torres.




















Entonces, él escanció el copal.
Acrílico sobre tela.
46 X 61 cms.
Disponible.


















Los musicantes 1. Ik, la guitarra del viento.
Acrílico sobre tela.
46 X 61 cms.
Disponible.













Los musicantes 2. Ahau, el señor del trueno.
Acrílico sobre tela.
46 X 61 cms.
Disponible.


















Los musicantes 3. Cauac, el señor invisible de la tormenta.
Acrílico sobre tela.
46 X 61 cms.
Propiedad de Eduardo Coronado..




















Los musicantes 4. La voz de la noche
Acrílico sobre tela.
46 X 61 cms.
Disponible.



















Los ojos de la virtud.
Acrílico sobre tela.
46 X 61 cms.
Propiedad de Fernando Reyes.



















Ni Olmecas, ni gemelos.
Acrílico sobre tela.
46 X 61 cms.
Propiedad de Carmen Muñoz.



















Ofrenda en Kinich Wita.
Acrílico sobre tela.
46 X 61 cms.
Propiedad de Eimy Fernández.