Catálogo 13
Kinich Nikté (amanecer)
Acrílico sobre macicel.
120 X 123 Cm.
Disponible.
domingo, 12 de febrero de 2012
Etiquetas:
Historia y Filosofía,
Pinturas
martes, 17 de enero de 2012
Brevísima e irreverente crónica de la guerra de México-Tenochtitlan
La
visión de los vencidos
En días
pasados, releyendo por enésima vez, el importantísimo libro del doctor, que no
médico, Miguel León Portilla, La visión
de los vencidos, editado por la UNAM, y al ir avanzando en la lectura se me
ocurrió hacer una somera descripción de los hechos pero de una manera poco
ortodoxa y hasta cierto punto, en broma. Lo que en un principio pensé que sería
un solo comentario, se fue convirtiendo en un breve texto sobre la conquista de
la ciudad de México, gracias a las peticiones de quienes estuvieron pendientes
de leer dicho material.
He aquí
entonces, las nueve entregas de que constó este ejercicio en un sólo texto, al
cual se le hicieron muy mínimos, pero mínimos cambios. El material arranca en el momento
en que Cortés y sus huestes observan el Valle de México desde el Paso que lleva
su nombre. Usted bien puede imaginárselo porqué hay una vista parecida cuando
se viene bajando de Río Frío, en la autopista Puebla-México. Es impresionante y
seguramente más para alguien que, en todo su camino, había visto muy pocas
ciudades mesoamericanas y ninguna como la Gran ciudad de Mexico-Tenochtitla.
1.- Y he aquí que los españoles, en lo alto de
la sierra del ahora llamado Paso de Cortés, se admiran de la gran cantidad de
poblaciones que adornan el Valle de México. Algunos sacatones opinan que hay
que regresar a Tlaxcala para volver con refuerzos. Cortés opina lo contrario y
entonces su buena estrella se manifiesta en la persona de Ixtlilxóchitl, el
primer pusilánime que se convirtió al cristianismo y que era hermano de
Cacamatzin, señor de Tezcoco (Ambos sobrinos de Moctezuma). Así pues, el
metiche invita a al europeo a ir a Tezcoco en lugar de que lleguen directamente
a Iztapalapa donde ya los alucinaba un
encabronadísimo Cuitláhuac.
2.- Es
entonces, ahí en Tezcoco, que el pusilánime de Ixtlilxóchitl (a quien su madre
le dijo que debió haber perdido el juicio, porque luego, luego le había dado
las nachas a unos bárbaros como eran los cristianos). Como buen ladino, se dejó
bautizar con el nombre de Hernando ¿igualito al de quién creen? Pus si, el del
mismísimo y modestísimo señor Cortés, inaugurando así una larga historia de
mediatización religiosa que lo mismo utilizó la espada que la cruz para
mantener a sus fieles criaturitas del señor en el redil y explotarlas a gusto.
Mientras tanto, Moctezuma tenia una Tirish tá* que no se la quitaba ni con
Melox, por la proximidad de sus verdugos.
3.-
Finalmente, este mismo cabecilla, el tal Ixtlilxóchitl, casi casi se convierte
también en el primer príncipe matricida de la conquista, pues al no aceptar su
madre la mamad... esa del bautizo, se le hizo fácil prenderle fuego a la casa
de la progenitora, disque por celo cristiano, pues la ruca vivía rodeada de
ídolos a los que adoraba. Después de ese pinche susto, la ruquita, como
presunto culpable frente a los judiciales, firmó y juró por la cruz, la
estrella de David, la Media luna musulmana o lo que le pusieran enfrente. Así
se las gastaban los cristianos y conquistadores para ganar almas para la
iglesia. Dignos súbditos de un rey de España que ni siquiera sabía hablar
español.
4.-
Bueeeeeno. Ya quedamos que el Barbón de Medellín iba hacia México. Así que,
nada güey, se va por lo orillita, por Chalco, evade Iztapalapa y le cae al
"temblores" Moctezuma, ahí en lo que es la Calzada de San Antonio
Abad, se encuentran ambos personajes. Casi podríamos decir que los dos se
sentaron a esperar el Metro para que los llevara a la estación Zócalo y así iniciar el dramocles que se avecinaba (seguramente,
el emperador mexica se ha de haber preguntado ¿Y será que en los cielos no hay
agua para bañarse que estos dioses apestan puta madre?).
Ya entrados en calor, seguramente el Emperador los invitó cordialmente a su humilde choza y luego, luego, los españoles a enseñar el cobre, buscando el oro. O como diría mi abuelita, "a lo que te truje chencha" (aquí debo aclarar que a mi no me consta que ya para esas fechas viviera la tal señora chencha). Así que primero, a desvalijar el tesoro de la ciudad que no de la nación, porque aún no se habían inventado ni el PAN ni el PRI y, pus ya encarrilados, a darle baje al tesoro personal del "calambres" Motecuhzoma**, el cual ni pío dijo. Es más, ni pá las tortillas pidió.
El Caso es que en esas andaban cuando le vinieron corriendo a avisar. No, no a Juan Charrasqueado, sino al tal Cortés. Que ahí venía un tal Pánfilo de Narváez, que no me acurdo de su segundo apellido ¿era Fox, era Calderón? por más que trato de hacer memoria no lo recuerdo, lo que si no se me olvida es que era el típico Pendejo con iniciativa.
Si hubo un tarado con el santo de espaldas, ese fue Pánfilo de Narváez, cuya máxima hazaña fue la matanza de Caonao, en Cuba, donde masacró sin motivo aparente a los indios que se le acercaron a ¡Ofrecerle comida!
Así las cosas, el tal Narváez iba con órdenes de regresar a Cortés encadenado a Cuba y el que llegó a la isla fue el tontín este, sin Cortés, sin soldados y sin vergüenza.
Ya entrados en calor, seguramente el Emperador los invitó cordialmente a su humilde choza y luego, luego, los españoles a enseñar el cobre, buscando el oro. O como diría mi abuelita, "a lo que te truje chencha" (aquí debo aclarar que a mi no me consta que ya para esas fechas viviera la tal señora chencha). Así que primero, a desvalijar el tesoro de la ciudad que no de la nación, porque aún no se habían inventado ni el PAN ni el PRI y, pus ya encarrilados, a darle baje al tesoro personal del "calambres" Motecuhzoma**, el cual ni pío dijo. Es más, ni pá las tortillas pidió.
El Caso es que en esas andaban cuando le vinieron corriendo a avisar. No, no a Juan Charrasqueado, sino al tal Cortés. Que ahí venía un tal Pánfilo de Narváez, que no me acurdo de su segundo apellido ¿era Fox, era Calderón? por más que trato de hacer memoria no lo recuerdo, lo que si no se me olvida es que era el típico Pendejo con iniciativa.
Si hubo un tarado con el santo de espaldas, ese fue Pánfilo de Narváez, cuya máxima hazaña fue la matanza de Caonao, en Cuba, donde masacró sin motivo aparente a los indios que se le acercaron a ¡Ofrecerle comida!
Así las cosas, el tal Narváez iba con órdenes de regresar a Cortés encadenado a Cuba y el que llegó a la isla fue el tontín este, sin Cortés, sin soldados y sin vergüenza.
5. Mientras
tanto, en Mexico (¿Eeeeeh, se fijaron que va sin acento?) el hermoso Tonatiu
(el sol, en náhuatl), es decir el mal llamado Pedro de Alvarado, iba a hacer de
las suyas durante la fiesta de Toxcatl, en honor al dios patrono de los
mexicanos: el Colibrí zurdo. Si, ustedes lo conocen bien, lo pronuncian mejor, ¿no?
Digo, ustedes hablan más fluido el náhuatl, el maya o el zapoteco, mejor que el
inglés, ¿no? ustedes, grandes defensores de nuestro pasado indígena que no
andan buscando dioses exóticos o filosofías orientales, pues les basta el
pensamiento de nuestros ancestros. Pero por si algún gringo despistado anda
leyendo esto, le diremos que nos referimos al señor Huit-zi-lo-poch-tli. A ver
niños, repitan conmigo: Huitzilopochtli, eso, así me gusta que dominen la
lengua mexica.
Bueno, el caso es que este grandísimo hijo de pu... progenitora, le dio el síndrome Narváez y organizó tremenda masacre en el Templo mayor, durante la única fiesta donde los mexicanos se dedicaban sólo a bailar y a cantar; la única fecha donde las armas no se mostraban. ¿La razón? A mi muy humilde entendimiento, fue de nueva cuenta la locura por el oro. Había que obtenerlo de donde fuera, como fuera, porque mientras unos descuartizaban paganos, otros se dedicaron a buscar y rebuscar las lágrimas del sol.
Cuando los mexicanos reaccionan (recordemos que se trata de un pueblo guerrero, es decir que su actividad principal es la guerra), ni las patitas se les vieron a los peninsulares y corrieron rápidamente a refugiarse en el palacio de Moctezuma.
Ahí tratan de sacar la enorme metida de pata y obligan al príncipe tlatelolca, Itzcuauhtzin, a pregonar que los habitantes de la ciudad recibirán, en breve, un mensaje de sus patrocinadores: Funerarias Alvarado y Moctezuma S.A.
Bueno, el caso es que este grandísimo hijo de pu... progenitora, le dio el síndrome Narváez y organizó tremenda masacre en el Templo mayor, durante la única fiesta donde los mexicanos se dedicaban sólo a bailar y a cantar; la única fecha donde las armas no se mostraban. ¿La razón? A mi muy humilde entendimiento, fue de nueva cuenta la locura por el oro. Había que obtenerlo de donde fuera, como fuera, porque mientras unos descuartizaban paganos, otros se dedicaron a buscar y rebuscar las lágrimas del sol.
Cuando los mexicanos reaccionan (recordemos que se trata de un pueblo guerrero, es decir que su actividad principal es la guerra), ni las patitas se les vieron a los peninsulares y corrieron rápidamente a refugiarse en el palacio de Moctezuma.
Ahí tratan de sacar la enorme metida de pata y obligan al príncipe tlatelolca, Itzcuauhtzin, a pregonar que los habitantes de la ciudad recibirán, en breve, un mensaje de sus patrocinadores: Funerarias Alvarado y Moctezuma S.A.
6.-
¡Ellos lo mataron, ellos lo mataron! pero se murió solito. Esa es la conclusión
en la que están metidos los más sesudos investigadores del tema bautizado:
"¿Quién mato a Moctezuma II?". Es decir, que igualito que las
autoridades judiciales actuales, se les hace bolas la investigación cuando se
trata de inculpar a un criminal poderoso. Actualmente nadie sabe de qué se
murió Moctezuma, ni cómo (Si les interesa el tema, hay un artículo muy
interesante sobre esto en la edición de Noviembre -Diciembre del 2011, en la
revista Arqueología Mexicana, donde se darán cuenta que todos siguen hechos
camote con el tema), y creo que ni Sherlock Holmes la libraba.
En fin el caso es que se echan al Moctezuma que, finalmente, dejó de temblar. Regresa Cortés y se encuentra con la novedad de que ya la cajetearon, pues: a) están atrapados en el centro de la ciudad; b) ya no pueden recibir alimentos ni ayuda del exterior, pues a los que se atreven a socorrerlos, los guerreros mexicanos les aplican la justicia revolucionaria y; c) ya no tienen rehenes con los cuales negociar, pues por un lado ellos mismos ya se los echaron al plato y; por el otro, los mexicanos (estos si bastante avispados y no como otros mexicanos que conozco, que cada seis años se la tragan enterita) ya no confiaban en sus gobernantes.
Así que el valiente de Cortés, sus hombres y la bandota que se cargaba de achichincles tlaxcaltecas (no seamos tan injustos con estos guerreros, digamos...la carne de cañón tlaxcalteca), tratan de escabullirse hacia los rumbos de Tacuba, pero son descubiertos por una mujer que, muy responsable la señora, fue a buscar agua en plena madrugada y con llovizna, para hacerle su atolito a sus hijos, muy temprano en la mañana, para que tuvieran mucha enjundia y fueran alegremente a partirle su mandarina a esos güeros apestosos, asesinos de inocentes.
Y salen los guerreros tenochcas y tlatelolcas de todos los rincones cual mariposas monarcas en migración (¡ay que bonita imagen! hasta parece guion de National Geographic) y se arma, hasta ese momento, la madriza más grande en la historia de la gran ciudad de Mexico-Tenochtitlan.
Muchos españoles mueren, no sólo a manos de los mexicanos, sino por su absurda ambición, pues muchos de ellos habían fundido su parte del botín en los llamados Tejos de oro, es decir, en pequeñas barras de oro que se amoldaban al cuerpo, se sujetaban de muy diversas formas y podían acompañar a su poseedor hasta al mismísimo baño, si era necesario.
Pero a veces, se nos olvida que la materia tiene un peso específico y si le sumas muchos de estos pesos específicos y sumerges un cuerpo cargado de estos en el agua, el resultado es un interesante fenómeno llamado asfixia por ahogamiento.
De esta manera, en su huida, muchos europeos y muchísima más carne de cañón, murieron en las aguas del gran lago que rodeaba a esta heroica ciudad. Dicen los mal pensados, los anti hispanistas, que el pobre señor dueño de las barbas rubias y la llamada Malinche, lloró y lloró ahí cerquita de la estación del metro Popotla, no porque haya perdido el último convoy y viviera hasta Ecatepec, sino por la derrota y por haber dejado el mando en manos de un verdadero retrasado mental, llamado Pedro de Alvarado.
En fin el caso es que se echan al Moctezuma que, finalmente, dejó de temblar. Regresa Cortés y se encuentra con la novedad de que ya la cajetearon, pues: a) están atrapados en el centro de la ciudad; b) ya no pueden recibir alimentos ni ayuda del exterior, pues a los que se atreven a socorrerlos, los guerreros mexicanos les aplican la justicia revolucionaria y; c) ya no tienen rehenes con los cuales negociar, pues por un lado ellos mismos ya se los echaron al plato y; por el otro, los mexicanos (estos si bastante avispados y no como otros mexicanos que conozco, que cada seis años se la tragan enterita) ya no confiaban en sus gobernantes.
Así que el valiente de Cortés, sus hombres y la bandota que se cargaba de achichincles tlaxcaltecas (no seamos tan injustos con estos guerreros, digamos...la carne de cañón tlaxcalteca), tratan de escabullirse hacia los rumbos de Tacuba, pero son descubiertos por una mujer que, muy responsable la señora, fue a buscar agua en plena madrugada y con llovizna, para hacerle su atolito a sus hijos, muy temprano en la mañana, para que tuvieran mucha enjundia y fueran alegremente a partirle su mandarina a esos güeros apestosos, asesinos de inocentes.
Y salen los guerreros tenochcas y tlatelolcas de todos los rincones cual mariposas monarcas en migración (¡ay que bonita imagen! hasta parece guion de National Geographic) y se arma, hasta ese momento, la madriza más grande en la historia de la gran ciudad de Mexico-Tenochtitlan.
Muchos españoles mueren, no sólo a manos de los mexicanos, sino por su absurda ambición, pues muchos de ellos habían fundido su parte del botín en los llamados Tejos de oro, es decir, en pequeñas barras de oro que se amoldaban al cuerpo, se sujetaban de muy diversas formas y podían acompañar a su poseedor hasta al mismísimo baño, si era necesario.
Pero a veces, se nos olvida que la materia tiene un peso específico y si le sumas muchos de estos pesos específicos y sumerges un cuerpo cargado de estos en el agua, el resultado es un interesante fenómeno llamado asfixia por ahogamiento.
De esta manera, en su huida, muchos europeos y muchísima más carne de cañón, murieron en las aguas del gran lago que rodeaba a esta heroica ciudad. Dicen los mal pensados, los anti hispanistas, que el pobre señor dueño de las barbas rubias y la llamada Malinche, lloró y lloró ahí cerquita de la estación del metro Popotla, no porque haya perdido el último convoy y viviera hasta Ecatepec, sino por la derrota y por haber dejado el mando en manos de un verdadero retrasado mental, llamado Pedro de Alvarado.
7. No
sólo estas ratas habían llegado navegando desde Europa, también sus nahuales,
es decir las otras ratas de cuatro patas vinieron a hacer la América. Si ya habían
hecho de las suyas en los siglos XIV y XV, con el famoso espectáculo llamado
"la peste" (si les interesa el tema, hay una novela que vale la pena
leer: Diario del año de la peste, de
Daniel Defoe), pues por qué no presentarlo en la mismísima capital mexicana. Lo
malo de la puesta en escena es que el boleto era muy caro, andaba entre quedar
marcado de por vida o morir en primera fila.
Ese fue el regalo que dejaron los españoles después de su huida hacia Tlaxcala, después de su derrota en la noche triste.
Un año se tardaron los angelitos en regresar. Tiempo que aprovecharon para construir bergantines y otras naves para acosar una ciudad lacustre como era Tenochtitlan.
Así que el gusto de Cuitláhuac, de ocupar el palco presidencial en la obra de marras, le duró bien poco, pues fue una de las primeras víctimas de la viruela, llamada hueyzáhuatl o hueycocoliztli en náhuatl.
Cortés pasa de Tezcoco, donde construye y bota sus naves, a Cuauhtitlan y de ahí a Tlacopan, donde distribuye sus fuerzas hacia Cuernavaca, Chalco, Xochimilco, Chiconauhtla, Tenayucan, Azcapotzalco y Coyoacan. El cerco, pues, se va cerrando.
Comienzan las acciones y los del Rial Madrí, lanzan sus primeros cañonazos que sorprenden a los del Aclante mexica, pero estos, luego, luego se dan color que estos no son los galácticos y que sus cañonazos sólo viajan en línea recta, no hay chanfle. Así que como son mexicanos, no pentontos, comienzan a atacar al enemigo con jugadas en zigzag, con un dominio del balón que les permite poder hacer enormes daños a la defensiva europea, con prisioneros que rápidamente son enviados a las regaderas del Mictlan (inframundo para los cosmopolitas y cultísimos conocedores de otras culturas), previo pase gratis a los distintos templos de sacrificio.
Ese fue el regalo que dejaron los españoles después de su huida hacia Tlaxcala, después de su derrota en la noche triste.
Un año se tardaron los angelitos en regresar. Tiempo que aprovecharon para construir bergantines y otras naves para acosar una ciudad lacustre como era Tenochtitlan.
Así que el gusto de Cuitláhuac, de ocupar el palco presidencial en la obra de marras, le duró bien poco, pues fue una de las primeras víctimas de la viruela, llamada hueyzáhuatl o hueycocoliztli en náhuatl.
Cortés pasa de Tezcoco, donde construye y bota sus naves, a Cuauhtitlan y de ahí a Tlacopan, donde distribuye sus fuerzas hacia Cuernavaca, Chalco, Xochimilco, Chiconauhtla, Tenayucan, Azcapotzalco y Coyoacan. El cerco, pues, se va cerrando.
Comienzan las acciones y los del Rial Madrí, lanzan sus primeros cañonazos que sorprenden a los del Aclante mexica, pero estos, luego, luego se dan color que estos no son los galácticos y que sus cañonazos sólo viajan en línea recta, no hay chanfle. Así que como son mexicanos, no pentontos, comienzan a atacar al enemigo con jugadas en zigzag, con un dominio del balón que les permite poder hacer enormes daños a la defensiva europea, con prisioneros que rápidamente son enviados a las regaderas del Mictlan (inframundo para los cosmopolitas y cultísimos conocedores de otras culturas), previo pase gratis a los distintos templos de sacrificio.
8.
Ochenta días dura la madriza. De uno y otro lado hay enormes pérdidas. De
hecho, casi toda la nobleza mexicana ha muerto y bien pocos quedan. Apenas hay
tiempo para nombrar, que no coronar a un nuevo Huey Tlatoani (que significa: “el
que habla”, en náhuatl, si no mal recuerdo). Así se nombra a un chamaco, un
joven guerrero de la ciudad gemela de Tlatelolco, Un tal llamado Cuauhtémoc,
que es a quien le toca dirigir la heroica resistencia de una ciudad que se cae
a pedazos pues se pelea casa por casa y cuyo peso de las acciones recae, en su
mayoría, en los guerreros tlatelolcas.
Se pelea con arcos y flechas de punta de pedernal, con rodelas de madera y macanas también de piedra. Es más, hasta los "piedrazos", como decía una hermosísima amiga, estaban a la orden del día. Todo ello contra el caballo, la espada de acero, la armadura de metal, los arcabuces y la tecnología europea.
Aun así, los españoles no la ven fácil, y tampoco parece que fueran muy duchos. Montan una catapulta en el mercado de Tlatelolco, que no acierta a atinarles a los sorprendidos americanos que en su vida habían visto tamaña chingaderota de honda.
Aquí hay que hacer un reconocimiento importante. Ya para estos momentos, la guerra está en Tlatelolco. Mexico, prácticamente está abandonada y sus habitantes han puesto a disposición de quien quiera, los arsenales de la ciudad. Y son las mujeres tenochcas y tlatelolcas quienes se arremangan las enaguas y colocándose las insignias guerreras salen también a luchar y se van primero sobre los manipuladores de la Catapulta, pues aunque todo parece perdido, el espíritu guerrero no permite llorar la derrota inminente.
Se pelea con arcos y flechas de punta de pedernal, con rodelas de madera y macanas también de piedra. Es más, hasta los "piedrazos", como decía una hermosísima amiga, estaban a la orden del día. Todo ello contra el caballo, la espada de acero, la armadura de metal, los arcabuces y la tecnología europea.
Aun así, los españoles no la ven fácil, y tampoco parece que fueran muy duchos. Montan una catapulta en el mercado de Tlatelolco, que no acierta a atinarles a los sorprendidos americanos que en su vida habían visto tamaña chingaderota de honda.
Aquí hay que hacer un reconocimiento importante. Ya para estos momentos, la guerra está en Tlatelolco. Mexico, prácticamente está abandonada y sus habitantes han puesto a disposición de quien quiera, los arsenales de la ciudad. Y son las mujeres tenochcas y tlatelolcas quienes se arremangan las enaguas y colocándose las insignias guerreras salen también a luchar y se van primero sobre los manipuladores de la Catapulta, pues aunque todo parece perdido, el espíritu guerrero no permite llorar la derrota inminente.
9.
Aquí, hagamos un paréntesis. Pintar a los habitantes de América, es decir a los
indígenas americanos como unos estúpidos agachones, hablando como pendejos al
estilo del Tizoc, el personaje de esa
cursilísima película del mismo nombre, con el "si siñor", no sólo es
una enorme falta de respeto a nuestro pasado indígena, sino también una visión
racista de nuestros conciudadanos que llevan siglos soportando cualquier tipo
de explotación. Si bien es cierto que, muchos de ellos se comportan de esa
manera, hay que entender que eso, es producto del odio, la explotación, el
engaño y la marginación. No en balde, somos uno de los países más racistas del
mundo.
Servidos, señores escandinavos.
Ahora volvamos a nuestro asunto.
Para no hacer el cuento largo, destaquemos dos hechos. El primero es la rendición de Cuauhtémoc, que no Cuatemochas, pues ese apelativo sólo es valido para el jorobado de Tepito o la triste caricatura del PRD. A mi entender, y esto no está en el libro en el cual nos basamos. Al final del conflicto, Cuauhtémoc ve claramente que todo está perdido. Decide entregarse con la idea de que será sometido bajo las políticas vigentes en Mesoamérica, es decir, que será aprisionado y luego enviado a su reino y a partir de ahí, ofrecer el tributo que le exijan sus nuevos señores.
Sin embargo la cosa no era así, y aquí vamos al segundo hecho.
Una vez terminadas las acciones, la lógica indicaría que los españoles tomarían posesión de sus dos nuevas conquistas: las ciudades gemelas de Mexico y Tlatelolco. Pero no fue así. Lo único que les interesó durante los siguientes días, fue pasar a la báscula a todos los habitantes que huían de la ciudad, en busca de, si lo que se imaginan, Oro y mujeres de piel clara y bonitas según los cánones de la época ( ahí, para los morbosos, les recomiendo los "arrebatos carnales", de Francisco Martín Moreno, que narra, a veces con demasiado lujo de detalles a mi entender, cómo se las gastaron los españoles con sus nuevos esclavos después de la conquista).
Es más, la ciudad les vale madres, lo único que quieren es "su" oro. El que puedan pepenar y el que les fue "arrebatado" durante la noche triste. Así que cuando, estas finísimas personas increpan al señor mexica, (no, no lo torturaron, le pidieron muy educadamente que confesara, quemándole los pies), no le preguntan específicamente "¿dónde está el tesoro de Moctezuma?", sino "¿Dónde está nuestro Oro?", el que se sacaron del canal donde se ahogaron sus paisanos durante aquella fatídica noche.
De esta manera, termina una parte fundamental en la historia de nuestro país. Y si bien, cada uno de los actores tenía pocos o muchos asegunes, Yo me quedo, con los valientes guerreros mexicanos que lucharon hasta la última gota de sangre para defender su mundo de una inevitable agresión extranjera que, a todas luces, llevaba las de ganar, como comentara mi buen amigo Fernando Romo Durango, en una de las primeras entregas de este texto.
De los peninsulares, prefiero quedarme con aquellos patrióticos habitantes de Cádiz, que en 1811 resistieron el asedio del imperio francés (igual si les interesa, ahí está la novela de Pérez Reverte, "El Asedio") o, los madrileños que también heroicamente se enfrentaron al mejor ejército del mundo en su momento, el francés, con palos y piedras a pesar del enorme coste en vidas que cobró aquella rebelión (también del Reverte, pueden leer "Un día de cólera", que narra los hechos del 2 de mayo de 1808, en Madrid).
Servidos, señores.
Servidos, señores escandinavos.
Ahora volvamos a nuestro asunto.
Para no hacer el cuento largo, destaquemos dos hechos. El primero es la rendición de Cuauhtémoc, que no Cuatemochas, pues ese apelativo sólo es valido para el jorobado de Tepito o la triste caricatura del PRD. A mi entender, y esto no está en el libro en el cual nos basamos. Al final del conflicto, Cuauhtémoc ve claramente que todo está perdido. Decide entregarse con la idea de que será sometido bajo las políticas vigentes en Mesoamérica, es decir, que será aprisionado y luego enviado a su reino y a partir de ahí, ofrecer el tributo que le exijan sus nuevos señores.
Sin embargo la cosa no era así, y aquí vamos al segundo hecho.
Una vez terminadas las acciones, la lógica indicaría que los españoles tomarían posesión de sus dos nuevas conquistas: las ciudades gemelas de Mexico y Tlatelolco. Pero no fue así. Lo único que les interesó durante los siguientes días, fue pasar a la báscula a todos los habitantes que huían de la ciudad, en busca de, si lo que se imaginan, Oro y mujeres de piel clara y bonitas según los cánones de la época ( ahí, para los morbosos, les recomiendo los "arrebatos carnales", de Francisco Martín Moreno, que narra, a veces con demasiado lujo de detalles a mi entender, cómo se las gastaron los españoles con sus nuevos esclavos después de la conquista).
Es más, la ciudad les vale madres, lo único que quieren es "su" oro. El que puedan pepenar y el que les fue "arrebatado" durante la noche triste. Así que cuando, estas finísimas personas increpan al señor mexica, (no, no lo torturaron, le pidieron muy educadamente que confesara, quemándole los pies), no le preguntan específicamente "¿dónde está el tesoro de Moctezuma?", sino "¿Dónde está nuestro Oro?", el que se sacaron del canal donde se ahogaron sus paisanos durante aquella fatídica noche.
De esta manera, termina una parte fundamental en la historia de nuestro país. Y si bien, cada uno de los actores tenía pocos o muchos asegunes, Yo me quedo, con los valientes guerreros mexicanos que lucharon hasta la última gota de sangre para defender su mundo de una inevitable agresión extranjera que, a todas luces, llevaba las de ganar, como comentara mi buen amigo Fernando Romo Durango, en una de las primeras entregas de este texto.
De los peninsulares, prefiero quedarme con aquellos patrióticos habitantes de Cádiz, que en 1811 resistieron el asedio del imperio francés (igual si les interesa, ahí está la novela de Pérez Reverte, "El Asedio") o, los madrileños que también heroicamente se enfrentaron al mejor ejército del mundo en su momento, el francés, con palos y piedras a pesar del enorme coste en vidas que cobró aquella rebelión (también del Reverte, pueden leer "Un día de cólera", que narra los hechos del 2 de mayo de 1808, en Madrid).
Servidos, señores.
Notas.
*Tirish
ta´. Diarrea en Maya.
**Decidí
utilizar indistintamente los nombres de Moctezuma y Motecuhzoma. La primera, es
la forma moderna en que los utilizamos y; la segunda, es la forma en cómo lo
escuchaban los españoles y así lo escribían. Eran medio duros de oídos los
tipos.
lunes, 7 de noviembre de 2011
Sobre el Cocodrilo Venado-Cósmico
Cuando los investigadores estudian los códices mayas, o algunas de las inscripciones del periodo clásico maya, sueles encontrase con un personaje por demás interesante y que parece jugar un papel fundamental en las historias fundacionales de muchos de los linajes de dicho periodo. Nos referimos al conocido como Cocodrilo Venado-estelar o cósmico, que es un ser primigenio que navega en el mar existente antes del mundo.
Según los investigadores, el cocodrilo venado-cósmico es una representación del cielo del inframundo, el firmamento nocturno o un símbolo de la noche. En la opinión de David Stuart, uno de los principales epigrafistas de la actualidad, el cocodrilo venado-cósmico, es una variación o aspecto del "monstruo celeste" o serpiente cósmica.
Es posible ver, en diversos monumentos del periodo Clásico, a las dos cabezas que conforman este ser (la correspondiente al llamado cocodrilo y, la posterior que ilustra al Venado-cósmico que, curiosamente, parece encontrase en el proceso de ser eyectado fuera del cuerpo del saurio), estén vomitando un líquido torrencial que puede estar decorado con motivos acuáticos tales como conchas, piedras de jade, pequeños huesos, hileras de puntos, signos de completamiento y logogramas de K´an y Yax, estos últimos, vinculados al simbolismo de la sangre.
De tal manera que este ser, no sólo está plasmado como un símbolo de destrucción (del diluvio, en el códice Dresden), sino también como parte de la renovación cósmica, pues al parecer el dios GI (Itzamna, uno de los dioses tutelares de la famosa triada d ePalenque), es el encargado de su desmembramiento para que, con su cuerpo, entonces formar tanto el cielo como la tierra, en la que el primero de ellos es ocupado por el venado-cósmico y el segundo por el cocodrilo propiamente dicho.
Hay un ejemplo interesante de ello que se encuentra en la plataforma del Templo XIX de Pelenque, que alude a un proceso de destrucción , creación, renovación del universo que inició con la decapitación de este ser celeste en una fecha sacrifical 1 Etz´nab, lo que a su vez provocó un diluvio de sangre. Puede consultarse el importantísimo trabajo de David Stuart, "Comentarios sobre las inscripciones del Templo XIX de Palenque", para abundar sobre este tema.
Por último, según Erik Velázquez García, investigador del Instituto de investigaciones Estéticas de la UNAM, la decapitación de este personaje, es también, al mismo tiempo, el motor de la creación presente, pues al decapitar al caimán celeste, fue posible la construcción de un nuevo mundo.
domingo, 21 de agosto de 2011
Catálogo 11
![]() |
La estrella del Cocodrilo-Venado cósmico, en el cielo.
Acrílico sobre macicel.
123.5 X 125 cms.
Disponible.
|
Una radio tecnológica
A partir del 8 de Julio pasado la radio mexicana cuenta con un nuevo espacio completamente dedicado a las Tecnologías de Información, a través del cual también se dará un enfoque al canal de distribución. Se trata de ALTO IMPACTO-RADIO el primer NOTICIERO de TI en todo el cuadrante el cual se transmite todos los viernes de 9 a 10 de la mañana por el 1530 de AM una estación del Grupo Radiorama, la cadena de radiodifusión más grande del país.
Con ésta acción dicha empresa no solo abre un espacio en el cuadrante con un NOTICIERO DE TI transmitido de 9 a 10 con una cobertura en todo el valle de México, Puebla, Pachuca, Querétaro, Estado de México, Toluca, Cuernavaca, Hidalgo, sino que además se presenta también como la única agencia de RP y medios en todo México que dentro de sus servicios brinda el acceso a un programa de radio con el enfoque antes mencionado, de manera que ahora fabricantes, mayoristas, distribuidores, integradores, desarrolladores y todo el canal en general pueden encontrar un espacio más para la difusión de su información y promoción de productos, proyectos y casos de éxito.
ALTO IMPACTO-RADIO es un programa producido por la agencia de Relaciones Públicas ALTO IMPACTO estrategias empresariales en comunicación, una empresa encabezada por el periodista en Tecnología Luis García Martínez quien también previamente también se desempeñara en medios de canal y negocios.
Con ésta acción dicha empresa no solo abre un espacio en el cuadrante con un NOTICIERO DE TI transmitido de 9 a 10 con una cobertura en todo el valle de México, Puebla, Pachuca, Querétaro, Estado de México, Toluca, Cuernavaca, Hidalgo, sino que además se presenta también como la única agencia de RP y medios en todo México que dentro de sus servicios brinda el acceso a un programa de radio con el enfoque antes mencionado, de manera que ahora fabricantes, mayoristas, distribuidores, integradores, desarrolladores y todo el canal en general pueden encontrar un espacio más para la difusión de su información y promoción de productos, proyectos y casos de éxito.
ALTO-IMPACTO –RADIO ofrece un formato ágil, fresco, con diversas secciones, música de diversos géneros y una parte final de reflexión que sobre temas de interés.
Usted puede sintonizar también el programa todos los viernes de 9 a 10 am vía Web a través de la liga http://alt-87.com/radiorama/demo.php?idPlaza=15lista=2&estacionId=XEUR
martes, 5 de julio de 2011
El cementerio de Praga
El Cementerio de Praga.
“Aún así, no conseguí evitar una pequeña malignidad. Le pregunté si él se sentía un buen representante de la raza superior y apolínea. Me miró torvamente y me dijo que la pertenencia a una raza es sólo un hecho físico sino, ante todo, espiritual. Un judío seguirá siendo judío aunque por accidente de naturaleza, tal como nacen niños con seis dedos y mujeres capaces de multiplicar, naciera con el pelo rubio y los ojos azules. Y un ario es ario si sirve el espíritu de su pueblo. Aunque tenga el cabello negro.”
Hay veces que no entiendo al lector medio de la literatura que exige un poco de esfuerzo intelectual para hincarle el diente. En relación a la última novela de Umberto Eco, El cementerio de Praga, he escuchado cualquier tipo de comentarios, desde aquellos que abandonaron en las primeras 40 páginas, hasta aquellos que sintieron que cargaban una enorme cruz que aumentaba de peso cada vez que avanzaban en la historia.
Leer a Eco, siempre es una experiencia y, hay que decirlo, una labor que obliga al lector a poner todos los sentidos y nuestra ignorancia en cada una de las páginas de sus textos, pues lo mismo nos habla de la guerra de Crimea, que nos deleita con una receta de cocina que, no dudo, lectores como El Dr. Soberanis han de explorar en su personalidad de Cheff aficionado.
La presente entrega es un compendio, como suelen ser todos sus trabajos, que abarcan una infinidad de personajes (desde Freud, hasta Garibaldi, pasando por Alejandro Dumas), hechos históricos (el Imperio Napoleónico, la Conformación del estado Italiano, la invasión francesa a España, hasta el caso Dreyfus), obras del arte culinario y, quizás lo más importante e hilo conductor de la obra, las fuerzas oscuras que mueven al mundo del siglo XIX, como se supone que eran la masonería, los jesuitas y los infaltables judíos.
Si bien la obra aborda todo ello, es probable que parte de su dificultad para algunos lectores se encuentre en que está escrita en dos tiempos y con tres personajes principales, un Capitán de origen italiano, un sacerdote y el narrador. Los dos primeros, cambian de rol constantemente y a veces suele perderse quién es quien.
Tampoco es un texto cuyo tiempo esté manejado en forma lineal, sino que salta tanto en el tiempo con el espacio, está lleno de referencias de todo tipo y no escatima el uso de frases y párrafos escritos ya sea en latín, francés e, incluso, alemán.
Sin embargo, todo ello no debe de espantar a su posible lector, sino más bien al contrario, pues es una novela fascinante que lo atrapa a uno desde las primeras páginas y es un deleite descubrir que algunas partes están tomadas de la Historia de la Belleza y la Historia de la fealdad, ambos, también trabajos del mismo autor.
No queda más que pedirles que aborden dicha nave y que se preparen a disfrutar de una enorme obra de misterio, espionaje, traición y drama, muy al estilo del autor de El nombre de la rosa. Que la disfruten.
Umberto Eco, El cementerio de Praga, Lumen, México, 2010, 587 p. Traducción de Helena Lozano Miralles.
miércoles, 8 de junio de 2011
Catálogo 9B
Con la lanza ardiente, el árbol enrojece y el cocodrilo cósmico navega.
Acrílico sobre macicel.
121X123 cm.
Disponible

La sagrada cueva dadora de vida: el maíz.
Acrílico sobre macicel.
123.5 X120.5
Disponible
martes, 3 de mayo de 2011
Clapton
La leyenda, realmente comienza cuando Eric Clapton ingresa a los Bluesbreakers, en 1965. Fue en ese momento, cuando la gente comenzó a fijarse en ese delgado y tímido guitarrista, que ya había sido parte de los Yardbirds y parte de la banda del famosísimo John Mayal.
Es aquí, cuando un buen día, la gente comenzó a hablar de Clapton como si fuera una especie de genio, y eso llevó a lo inevitable. Una mano anónima escribió la frase “Clapton es Dios” en una pared de la estación del metro de Islingron. Después, dicha frase apareció por todo Londres, dejando totalmente perplejo al joven músico.
Dice Clapton, “En realidad, no quería ese tipo de notoriedad. Sabía que me traería problemas. A otra parte de mí le encantaba la idea de que lo que había estado alimentando durante todos esos años recibiera por fin un reconocimiento. La realidad era, por supuesto, que a través de mí la gente accedía a una música que le era nueva, y yo me llevaba todo el mérito, como si hubiera inventado el blues.”
Esta es pues, la historia de uno de los más grandes guitarristas, considerado, con muchos otros como Jimmy Page, Jeff Beck, Jimmy Hendrix, por sólo nombrar a muy pocos, uno de los más influyentes músicos de la música popular.
Amante de Heandel,Puccini, entre otros, es también, la historia de un hombre que ha debido enfrentar grandes y increíbles retos, desde el rechazo materno, hasta la pérdida de su pequeño hijo en un terrible y conocido accidente.
Clapton, al igual que la inmensa mayoría de los músicos del rock, fue víctima de esta estúpida idea de que la música y las drogas, en todas sus modalidades, son una pareja inevitable. Sin embargo, en una importante lección de vida, que los miles y miles de aspirantes a músicos y artistas adolescentes deberían de tomar en cuenta, Clapton no sólo fue capaz de salir de lo más profundo de ese infierno, si no que, una vez de dar la espalda a ésta visión de estupidez, ha brindado a sus fans, los mejores y más creativos años como músico, persona y hombre solidario para con las víctimas del alcoholismo y las drogas.
Esta historia, escrita en primera persona, es un texto indispensable para quienes pretenden llegar a las grandes alturas de la música, y una muestra de cómo, pese a ser considerado una de las grandes leyendas del blues y el rock, sigue siendo un hombre humilde, solidario y creativo, listo para tocar y tocar hasta el fin de los tiempos.
Esta es, pues, más que una historia de la música de Eric Clapton, es la narración de un hombre capaz de sobreponerse a si mismo y saber ser uno sólo. Él.
Clapton, Eric, Clapton, la autobiografía, 2da. Edición, Global Rhythm Press, 2005, 335 p. España. Traducción de Ezequiel Martínez Llorente.
miércoles, 20 de abril de 2011
Catálogo 9A
Guerra de las estrellas, El Señor Gran Golpeador, en medio del oceano. La luna observa.
Acrílico sobre macicel.
122 X 120 cms.
Propiedad privada.
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