Palabra de lector 33
¿Quién es Herodoto? ¿Es realmente el padre de la historia, un etnógrafo adelantado a su tiempo o, como dice Flavio Josefo, en el siglo I de nuestra era: un mentiroso?
Estamos en el siglo V antes de Cristo y la oralidad de las narraciones está muy por encima de la posibilidad de lo escrito. Famosa es la anécdota, que cuenta Luciano, en la cual se dice que Herodoto realiza un recitado de sus libros en Olimpia, y es tal su éxito que a partir de entonces sus nueve libros son conocidos con los nombres de las nueve Musas.
Ahí mismo, el mismo Tucídides, siendo niño todavía, escucha al historiador relatar su obra. Es tal el encanto que ejerce sobre él, que quedó maravillado y estalló en llanto para, posteriormente, seguir los pasos del llamado padre de la Historia, que no historiador.
Ésta es sólo una pequeña muestra de las ideas que Francois Hartog plasma en su libro “El espejo de Herodoto”. Una profunda y larga investigación que busca desentrañar la realidad de uno de los personajes más polémicos del quehacer histórico.
Nadie niega el título de Padre de la historia que se le designa al nacido en Halicarnaso. Cicerón es el primero en llamarle así. Lo que se discute es qué es en realidad lo que hace Herodoto, pues juega el papel de etnógrafo, rapsoda, agrimensor, mitólogo y prehistoriador. Ah, y por supuesto, mentiroso redomado según sus detractores.
Durante siglos se le acusó de muchas cosas; tuvo una fama poco envidiable y no es sino hasta ya entrado el siglo XIX que se inicia su reivindicación y el reconocimiento como el padre de la Historia, y no ya el padre de la mentira.
Su obra se convierte entonces en el espejo del historiador que mira su propia identidad y lleva a la cuestión de ¿qué es en realidad ser historiador? ¿Hasta dónde es válido el oír y el ver? ¿Qué papel deben jugar los documentos, las fuentes? En fin, todo aquello que en la actualidad son la materia y las herramientas de la investigación histórica.
En los relatos referidos a los otros, a los no griegos, los escitas, los persas, los egipcios, Herodoto ve la contraparte lógica de lo no griego, de lo bárbaro, de lo contrario, de lo no deseado. Sin embargo, los hace jugar un doble papel, dependiendo desde qué perspectiva les mire, llegando incluso a ser casi griegos o comportarse como tales, creando una distancia artificial que le permite establecer la equivalencia de “nosotros” y “ellos”, tan común en muchas de las visiones históricas, y al mismo tiempo generar esa equidistancia negativa que nos permite mirarnos frente al otro y calificar lo que es válido y lo que no, en esa especie de lo politicamente correcto, tan de moda en estos tiempos.
El libro hace énfasis precisamente en esta perspectiva, al analizar las reglas operatorias de la fabricación del otro; descubre la retórica de la alteridad, los vínculos entre el narrador y su destinatario, sea éste un escucha o un lector; entre los enunciados del texto y el saber compartido que nos permite establecer los supuestas sobre los que se construye cualquier historia y plantea, de manera muy acuciosa, esa delgada línea de las relaciones entre la historia y la ficción. Si no, pregúntenle a Christian Duverger y su “Ancla en la arena”.
Cuando los griegos pasan de la epopeya a la historia, el campo del pensamiento reflexivo se amplía en varias direcciones. Ya no se festeja el recuerdo de las hazañas, como sucede en la epopeya, sino que se trata de conservar la memoria de los actos de los hombres; expresar y recordar los rastros y signos de la acción ya no de tal o cual héroe singular, sino de los griegos y los bárbaros, es decir, de todos los hombres.
Así, mientras el aedo, con la certeza de un maestro de la alabanza e inspirado por la musa, promete una gloria “que no se consume”, el historiador, circunscrito por el tiempo propio de los hombres, hablando de asuntos humanos, con su saber y en su nombre, sólo pretende luchar contra el olvido. Mediante el despliegue de su historia, él querría que todos esos signos del quehacer de los hombres no fueran privados de su gloria (kléos, en griego), que no “desaparezcan” como una pintura borrada gradualmente por el tiempo.
Eso, es Herodoto.
Hartog, Francois, El espejo de Herodoto, Argentina, FCE, 2004, 262 pp. Traducción de Daniel Zadunaisky. Sección de obras de Historia.
martes, 13 de diciembre de 2016
El escudo de Herodoto
Etiquetas:
Historia y Filosofía,
Libros
jueves, 1 de diciembre de 2016
El futuro digital
palabra de lector 32
Aterrador. Ubicado entre los “Alienígenas Ancestrales” de History Channel y el manual de la CIA “Cómo derrocar a un gobierno no amigo”, que debe de existir en algún rincón de esa truculenta organización, los autores de El futuro digital tratan de convencernos de la neutralidad de la tecnología y, de paso, de sus inocuas intenciones que son mancilladas por gobiernos antidemocráticos y totalitarios, o los malditos hackers-terroristas que pululan fuera del mundo libre.
¿Realmente son tan ingenuos Eric Schmidt y Jared Cohen? Me refiero a los autores de dicho texto, o ¿nos quieren ver la cara de …? o ¿no son más que los jilgueros de una empresa que, implícita y explícitamente, pretenden dominar el mundo virtual a través de su tecnología, hoy pomposamente llamada plataforma Google?
Porque hoy, más que nunca, los miles de millones de usuarios de las redes sociales y los navegantes de la web son tan “libres” de realizar sus tareas virtuales bajo la égida de empresas como Google, FaceBook, Twitter y demás lindezas que nos dicen y dictan qué es lo adecuado, lo popular, lo políticamente correcto, lo que debemos hacer, vestir, visitar, leer. Todo ello, basado en algoritmos que anteponen lo popular a lo importante.
Bajo esta premisa es entendible por qué los autores llevan más de una década y media empujando el uso de los teléfonos inteligentes como la tecnología ideal para cualquier tarea, aunque esos mismos mini dispositivos limiten las posibilidades de productividad de sus usuarios.
Para ellos, con un celular se hacen revoluciones, se manejan negocios, se domina al mundo. ¿Por qué? Pues porque para empresas como las que ellos representan lo que importa es la masividad de los usuarios, los miles de millones de mirones-tráfico, los íbidem de humanos embebidos en las pequeñas pantallas de estos dispositivos que significan huestes ingentes de consumidores potenciales. Ojo, consumidores, más que nada.
Para los autores, el uso de la tecnología se divide en dos campos. Nosotros los buenos y los otros los malos. Principalmente lo aplican con países como China, pero ¡oh, dioses del Olimpo! En alguna de sus páginas enseñan el cobre. China es el gran enemigo, porque simple y llanamente no los ha dejado entrar a ese enorme mercado de 1,381,790,010 de ¡chinitos! Aunque ellos traten de disfrazarlo de una lucha por la libertad y los derechos humanos.
En fin, se trata de un largo argumento en pro de la libre empresa, o para ser más precisos, de SU empresa. Eso sí, hay que decirlo, adornado con un número enorme de anécdotas de cómo las revoluciones se pueden ganar con un smartphone o cómo los maldosos tratan de controlar a las indefensas poblaciones de los países pobres, limitando no los dispositivos tecnológicos, sino el sacrosanto acceso a Internet. Algo que no pasa en Disneylandia. Aunque ahí la SNA se la pase espiando a sus ciudadanos.
Nadie niega la importancia y el papel que están jugando las herramientas de la virtualización y la ubicuidad en el mundo moderno. Nadie pone en duda lo fundamentales que son las herramientas tecnológicas en la actualidad, pero de eso a afirmar que la humanidad ya no puede vivir al margen de ello y que, además, todo es posible con un teléfono celular y una conexión a internet, es ya jalársela en demasía. Pero así son los gringos.
Éste seguramente será un texto orgásmico para los adoradores-fanáticos de las TIC, que suelen sólo ver la parte bonita del asunto, porque les sobará el ego y les dará la razón. Porque en ningún momento, el texto y sus autores realizan una autocrítica de lo que han construido, de lo que hicieron, hacen y harán, y mucho menos cuestionar los intereses y la filosofía e ideología que se encuentra detrás de las políticas y estrategias tecnológicas de Silicon Valley; porque sí existen y son las que están llevando a la humanidad a ese aislamiento social e inhumano (en el sentido de alejamiento del ente humano), tan cotidiano ya, que no nos asombra. Todo “por un puñado de dólares”. De ahí que este texto sea realmente aterrador.
Schmidt, Eric, Jared Cohen, El futuro digital, España, Ediciones Amaya Multimedia, 430 pp. 2014. Colección: Social Businness.
Aterrador. Ubicado entre los “Alienígenas Ancestrales” de History Channel y el manual de la CIA “Cómo derrocar a un gobierno no amigo”, que debe de existir en algún rincón de esa truculenta organización, los autores de El futuro digital tratan de convencernos de la neutralidad de la tecnología y, de paso, de sus inocuas intenciones que son mancilladas por gobiernos antidemocráticos y totalitarios, o los malditos hackers-terroristas que pululan fuera del mundo libre.
¿Realmente son tan ingenuos Eric Schmidt y Jared Cohen? Me refiero a los autores de dicho texto, o ¿nos quieren ver la cara de …? o ¿no son más que los jilgueros de una empresa que, implícita y explícitamente, pretenden dominar el mundo virtual a través de su tecnología, hoy pomposamente llamada plataforma Google?
Porque hoy, más que nunca, los miles de millones de usuarios de las redes sociales y los navegantes de la web son tan “libres” de realizar sus tareas virtuales bajo la égida de empresas como Google, FaceBook, Twitter y demás lindezas que nos dicen y dictan qué es lo adecuado, lo popular, lo políticamente correcto, lo que debemos hacer, vestir, visitar, leer. Todo ello, basado en algoritmos que anteponen lo popular a lo importante.
Bajo esta premisa es entendible por qué los autores llevan más de una década y media empujando el uso de los teléfonos inteligentes como la tecnología ideal para cualquier tarea, aunque esos mismos mini dispositivos limiten las posibilidades de productividad de sus usuarios.
Para ellos, con un celular se hacen revoluciones, se manejan negocios, se domina al mundo. ¿Por qué? Pues porque para empresas como las que ellos representan lo que importa es la masividad de los usuarios, los miles de millones de mirones-tráfico, los íbidem de humanos embebidos en las pequeñas pantallas de estos dispositivos que significan huestes ingentes de consumidores potenciales. Ojo, consumidores, más que nada.
Para los autores, el uso de la tecnología se divide en dos campos. Nosotros los buenos y los otros los malos. Principalmente lo aplican con países como China, pero ¡oh, dioses del Olimpo! En alguna de sus páginas enseñan el cobre. China es el gran enemigo, porque simple y llanamente no los ha dejado entrar a ese enorme mercado de 1,381,790,010 de ¡chinitos! Aunque ellos traten de disfrazarlo de una lucha por la libertad y los derechos humanos.
En fin, se trata de un largo argumento en pro de la libre empresa, o para ser más precisos, de SU empresa. Eso sí, hay que decirlo, adornado con un número enorme de anécdotas de cómo las revoluciones se pueden ganar con un smartphone o cómo los maldosos tratan de controlar a las indefensas poblaciones de los países pobres, limitando no los dispositivos tecnológicos, sino el sacrosanto acceso a Internet. Algo que no pasa en Disneylandia. Aunque ahí la SNA se la pase espiando a sus ciudadanos.
Nadie niega la importancia y el papel que están jugando las herramientas de la virtualización y la ubicuidad en el mundo moderno. Nadie pone en duda lo fundamentales que son las herramientas tecnológicas en la actualidad, pero de eso a afirmar que la humanidad ya no puede vivir al margen de ello y que, además, todo es posible con un teléfono celular y una conexión a internet, es ya jalársela en demasía. Pero así son los gringos.
Éste seguramente será un texto orgásmico para los adoradores-fanáticos de las TIC, que suelen sólo ver la parte bonita del asunto, porque les sobará el ego y les dará la razón. Porque en ningún momento, el texto y sus autores realizan una autocrítica de lo que han construido, de lo que hicieron, hacen y harán, y mucho menos cuestionar los intereses y la filosofía e ideología que se encuentra detrás de las políticas y estrategias tecnológicas de Silicon Valley; porque sí existen y son las que están llevando a la humanidad a ese aislamiento social e inhumano (en el sentido de alejamiento del ente humano), tan cotidiano ya, que no nos asombra. Todo “por un puñado de dólares”. De ahí que este texto sea realmente aterrador.
Schmidt, Eric, Jared Cohen, El futuro digital, España, Ediciones Amaya Multimedia, 430 pp. 2014. Colección: Social Businness.
lunes, 10 de octubre de 2016
La vida cotidiana en México
palabra de lector 30
Desde hace un buen rato, el estudio de la historia se amplió hacia aspectos que podrían ser considerados intrascendentes por los clásicos del siglo XIX.
Lo que hoy se considera como un producto de la escuela de los Annales, la llamada historia de las mentalidades, no es más que la expresión que se usa desde principios del siglo XX para la representación de la cultura y las estructuras que los individuos de una determinada sociedad tienen y entienden sobre su mundo. Su estudio parte de la historiografía moderna y también se le llama historia de la sensibilidad. Su objeto de estudio retoma todas las expresiones de vida cotidiana como complemento de la macro-historia.
Nada es ajeno a ello, de ahí que los historiadores franceses hallan llevado a su más acabada expresión la investigación en este sentido.
En la actualidad existen infinidad de textos de todo tipo; muchos de ellos resultan una delicia para el lector común y corriente, y un enorme tesoro para los especialistas.
Un ejemplo es la colección que hoy nos ocupa y que fue conformado y editado entre el FCE y el Colegio de México. Nos referimos a la serie “Historia de la vida cotidiana en México”.
Dirigida por Pilar Gonzalbo Aizpuro, la obra integra una enorme variedad de textos de diferentes autores que exploran las muy diversas caras de la vida cotidiana en el territorio que conforma nuestro país. Al margen de los grandes acontecimientos, los seis tomos pasan revista desde la historia del México prehispánico, hasta el siglo XX y mantiene un equilibrio temático entre la historia cotidiana del campo y la ciudad, las élites y el pueblo llano, entre lo permitido y lo prohibido.
En el caso del Tomo I, que este escribidor releyera, por razones que involucran a la ciudad de Teotihuacan, se hace un reencuentro con algunos datos que en la primera lectura pasaron desapercibidos.
Por ello sólo recomendaremos los capítulos dedicados a Teotihuacan, Los mayas (por supuesto) y un muy interesante apartado dedicado a la vida en el valle de México y sus alrededores en tiempos de la hegemonía mexica, principalmente el apartado 10, que aborda la actitud de los moralinos mexicas ante la homosexualidad y la prostitución durante el postclásico y que tan de moda se ha puesto gracias a las andanzas de la iglesia y la derecha mexicanas.
Esto no quiere decir que no se haya pasado revista a los otros cuatro tomos, pero por razones arriba expuestas, la relectura de este texto en particular resulta muy enriquecedor y deja claro que el trabajo de los historiadores nacionales en este ámbito está a la altura de las mejores escuelas de este corriente en el mundo.
Así las cosas, confiamos en que, si usted está interesado en la vida cotidiana de nuestro país, ésta es una excelente guía. Por cierto, puede adquirirla por separado o en un bonito estuche con la colección completa.
Historia de la vida cotidiana en México: Tomo I. Mesoamérica y los ámbitos indígenas de la Nueva España, Escalante Gonzalbo, Pablo.
Historia de la vida cotidiana en México: Tomo II. La ciudad barroca, Rubial García, Antonio.
Historia de la vida cotidiana en México: Tomo III. El siglo XVIII: Entre la tradición y el cambio, Gonzalbo Aizpuru, Pilar.
Historia de la vida cotidiana en México: Tomo IV. Bienes y vivencias. El siglo XIX, Staples, Anne.
Historia de la vida cotidiana en México: Tomo V: Volumen 1. Siglo XX. Campo y ciudad, Reyes, Aurelio de los.
Historia de la vida cotidiana en México: Tomo V: Volumen 2. Siglo XX. La imagen, ¿espejo de la vida?, Reyes, Aurelio de los.
Desde hace un buen rato, el estudio de la historia se amplió hacia aspectos que podrían ser considerados intrascendentes por los clásicos del siglo XIX.
Lo que hoy se considera como un producto de la escuela de los Annales, la llamada historia de las mentalidades, no es más que la expresión que se usa desde principios del siglo XX para la representación de la cultura y las estructuras que los individuos de una determinada sociedad tienen y entienden sobre su mundo. Su estudio parte de la historiografía moderna y también se le llama historia de la sensibilidad. Su objeto de estudio retoma todas las expresiones de vida cotidiana como complemento de la macro-historia.
Nada es ajeno a ello, de ahí que los historiadores franceses hallan llevado a su más acabada expresión la investigación en este sentido.
En la actualidad existen infinidad de textos de todo tipo; muchos de ellos resultan una delicia para el lector común y corriente, y un enorme tesoro para los especialistas.
Un ejemplo es la colección que hoy nos ocupa y que fue conformado y editado entre el FCE y el Colegio de México. Nos referimos a la serie “Historia de la vida cotidiana en México”.
Dirigida por Pilar Gonzalbo Aizpuro, la obra integra una enorme variedad de textos de diferentes autores que exploran las muy diversas caras de la vida cotidiana en el territorio que conforma nuestro país. Al margen de los grandes acontecimientos, los seis tomos pasan revista desde la historia del México prehispánico, hasta el siglo XX y mantiene un equilibrio temático entre la historia cotidiana del campo y la ciudad, las élites y el pueblo llano, entre lo permitido y lo prohibido.
En el caso del Tomo I, que este escribidor releyera, por razones que involucran a la ciudad de Teotihuacan, se hace un reencuentro con algunos datos que en la primera lectura pasaron desapercibidos.
Por ello sólo recomendaremos los capítulos dedicados a Teotihuacan, Los mayas (por supuesto) y un muy interesante apartado dedicado a la vida en el valle de México y sus alrededores en tiempos de la hegemonía mexica, principalmente el apartado 10, que aborda la actitud de los moralinos mexicas ante la homosexualidad y la prostitución durante el postclásico y que tan de moda se ha puesto gracias a las andanzas de la iglesia y la derecha mexicanas.
Esto no quiere decir que no se haya pasado revista a los otros cuatro tomos, pero por razones arriba expuestas, la relectura de este texto en particular resulta muy enriquecedor y deja claro que el trabajo de los historiadores nacionales en este ámbito está a la altura de las mejores escuelas de este corriente en el mundo.
Así las cosas, confiamos en que, si usted está interesado en la vida cotidiana de nuestro país, ésta es una excelente guía. Por cierto, puede adquirirla por separado o en un bonito estuche con la colección completa.
Historia de la vida cotidiana en México: Tomo I. Mesoamérica y los ámbitos indígenas de la Nueva España, Escalante Gonzalbo, Pablo.
Historia de la vida cotidiana en México: Tomo II. La ciudad barroca, Rubial García, Antonio.
Historia de la vida cotidiana en México: Tomo III. El siglo XVIII: Entre la tradición y el cambio, Gonzalbo Aizpuru, Pilar.
Historia de la vida cotidiana en México: Tomo IV. Bienes y vivencias. El siglo XIX, Staples, Anne.
Historia de la vida cotidiana en México: Tomo V: Volumen 1. Siglo XX. Campo y ciudad, Reyes, Aurelio de los.
Historia de la vida cotidiana en México: Tomo V: Volumen 2. Siglo XX. La imagen, ¿espejo de la vida?, Reyes, Aurelio de los.
lunes, 29 de agosto de 2016
El lector de Julio Verne
Palabra de lector 29El segundo tomo de Episodios de una guerra interminable, titulado El lector de Julio Verne, de Almudena Grandes, no es ya ninguna sorpresa.
Escrito con la maestría que ya caracteriza a esta escritora, al menos de las obras que le hemos leído, nos remonta a la España franquista, fascista y de cómo era el mundo en la vida rural después de la derrota de la Segunda República.
Ubicada en la misma región de la trama de la primer novela de esta serie, Inés y la alegría, y en la década de los 40, nos sorprende con la historia vista desde el otro lado, del lado de la Guardia Civil, en la que las cosas no suceden como podríamos pensar, ni siempre son lo que parecen.
La historia es contada desde la perspectiva de un niño de nueve años, Antonino o Nino como le dicen los habitantes de su pueblo, quien es hijo de un guardia civil y que vive, como parte de su cotidiano, el terror de la vida en un estado de guerra permanente, en donde a sólo unos pasos, con delgadas paredes de separación, es posible escuchar e imaginar los horrores que la tortura fascista ejerce sobre todo aquel que es sospechoso de ser “rojo” o simpatiza con aquellos hombres que han preferido abandonarlo todo para subirse al monte y, desde ahí, hacerle una guerra de desgaste a los representantes del fascismo español.
Por ahí, en las márgenes de lo urbano y el monte, se encuentra Pepe el Portugués, un forastero misterioso, fascinante, aparentemente chivato del status quo que convierte a Nino en su mejor amigo y confidente, y con quien pasa muchas tardes a la orilla del río, pescando cangrejos.
Lo que sí es claro para nuestro héroe es que nunca será guardia civil, aunque su padre se esfuerce y se angustie por garantizarle un puesto en esa estructura, aunque sea como oficinista. De ahí que comience a recibir clases de mecanografía en el cortijo de las “Rubias”, un grupo de mujeres solas, viudas y huérfanas que resisten en la frontera entre el monte y el llano, y de las que se sospecha que son “rojas”.
Es ahí donde Nino descubre que hay lecturas más allá de los comics de vaqueros que suele leer en el cuartel de la guardia civil, donde además se encuentra su casa.
Así este niño descubre un mundo distinto, maravilloso, a través de las novelas de aventuras del más famoso autor francés del genero de la ciencia ficción: Julio Verne, y ello lo convertirá en otra persona.
Es en este tiempo, de crecimiento, descubrimientos y nuevas experiencias, que Nino descubrirá lo que significa un beso, que hay una guerra que se libra a su alrededor, que los enemigos de su padre no son los suyos y que guerrilleros como Cencerro, son inmortales.
Es pues, una enorme novela. Una visión distinta sobre lo que vivió el pueblo español durante ese periodo de terror. Sea pues de su agrado la lectura y esperamos que no deje pasar por alto los numerosos guiños que hace la autora a la historia anterior, la de Inés y la alegría.
Que la disfruten.
Grandes, Almudena, El lector de Julio Verne, Tusquets, México, 417 pp., 2012. Episodios de una guerra interminable, volumen 2, Colección Andanzas, número 730-2.
miércoles, 10 de agosto de 2016
El libro de los Baltimore
Palabra de lector 28
Uno de los problemas más difíciles de superar para un escritor, es el mantener el nivel a lo largo de su obra. Numerosos son los casos de escritores que después de su ópera prima, las subsecuentes resultan obras agotadas, apresuradas o de plano malísimas.
También se encuentran aquellos que después de ser grandes escritores, la fuente de su inspiración se agota y terminan por convertirse en un escritor más. El caso que nos viene a la memoria es Milán Kundera, a quien una vez que le llegó la fama, la lana y la presión de su editorial, se acabó el rencor y también la excelencia de su obra.
En fin, son las vicisitudes del oficio de escribidor y uno como lector apechuga y apechuga, esperando que vuelvan los buenos tiempos, cuando nuestros héroes de la pluma eran chéveres.
Algo parecido nos sucede con Joël Dicker, este joven escritor suizo, nacido en 1985 y cuyas dos primeras novelas fueron toda una revelación para sus lectores, entre ellos, quien esto escribe. “Los últimos días de nuestros padres”, novela escrita en torno a los servicios de inteligencia y la guerrilla francesa durante la segunda guerra mundial, resultó una verdadera joya literaria, con un buen ritmo, excelente trama y un manejo de los personajes realmente creíbles.
Este éxito nos llevó a esperar con ansiedad y descubrir en su segunda entrega, “La verdad sobre el caso Harry Quebert”, un reencuentro con la novela policiaca que hacía mucho no visitábamos. De ahí que el día que vimos que una tercera era anunciada en el costado de uno de los camiones-peseros que circulan por la avenida Mariano Escobedo, raudos asolamos las murallas de nuestra librería favorita para hacernos de la nueva propuesta.
Un thriller, decían. Y con ello, hicimos a un lado los textos pendientes y nos enfrascamos en la lectura de la nueva propuesta de Dicker, “El libro de los Baltimore”.
Para comenzar, debemos decir que no se trata de un thriller, de ninguna manera. Es un drama interfamiliar que tiene algunas pinceladas de ello, pero que en su conjunto es más bien una narración temporal sobre el encumbramiento de una familia y su estrepitosa caída, con sus ya predecibles chispazos de todo tipo de situaciones, sospechas, medias verdades y tragedias que colocan al texto más cerca de las obras de consumo aeroportuario que de una obra más compleja, como si el autor haya decidido por fin entrarle a la enorme maquinaria de la literatura de consumo, que hace las delicias de los aficionados a los booktubers de moda.
De la novela, bien poco podemos decir. No es una mala historia, pero sí se encuentra muy atrás de sus dos predecesoras.
La historia se inicia cuando uno de los personajes principales está a punto de ser condenado por asesinato y Marcus Goldman, protagonista de La verdad sobre el caso Harry Quebert, es convocado por uno de sus tíos. A partir de ahí, la historia se convierte en una narración sobre una familia dividida en dos y con demasiados secretos, los Goldman de Baltimore y los Goldman de Montclair.
Si usted tiene una tarde libre, un fin de semana y no se quiere complicar la vida, puede entrarle con confianza. Mientras tanto, este ingenuo escribidor esperará con absoluta inocencia y fe la próxima entrega del señor Dicker. Que se divierta.
Dicker, Joël, El libro de los Baltimore, Alfaguara, México, 479 pp., 2016. Traducción de María Teresa Gallego Urrutia y Amaya García Gallego. Colección: Narrativa internacional.
Uno de los problemas más difíciles de superar para un escritor, es el mantener el nivel a lo largo de su obra. Numerosos son los casos de escritores que después de su ópera prima, las subsecuentes resultan obras agotadas, apresuradas o de plano malísimas.También se encuentran aquellos que después de ser grandes escritores, la fuente de su inspiración se agota y terminan por convertirse en un escritor más. El caso que nos viene a la memoria es Milán Kundera, a quien una vez que le llegó la fama, la lana y la presión de su editorial, se acabó el rencor y también la excelencia de su obra.
En fin, son las vicisitudes del oficio de escribidor y uno como lector apechuga y apechuga, esperando que vuelvan los buenos tiempos, cuando nuestros héroes de la pluma eran chéveres.
Algo parecido nos sucede con Joël Dicker, este joven escritor suizo, nacido en 1985 y cuyas dos primeras novelas fueron toda una revelación para sus lectores, entre ellos, quien esto escribe. “Los últimos días de nuestros padres”, novela escrita en torno a los servicios de inteligencia y la guerrilla francesa durante la segunda guerra mundial, resultó una verdadera joya literaria, con un buen ritmo, excelente trama y un manejo de los personajes realmente creíbles.
Este éxito nos llevó a esperar con ansiedad y descubrir en su segunda entrega, “La verdad sobre el caso Harry Quebert”, un reencuentro con la novela policiaca que hacía mucho no visitábamos. De ahí que el día que vimos que una tercera era anunciada en el costado de uno de los camiones-peseros que circulan por la avenida Mariano Escobedo, raudos asolamos las murallas de nuestra librería favorita para hacernos de la nueva propuesta.
Un thriller, decían. Y con ello, hicimos a un lado los textos pendientes y nos enfrascamos en la lectura de la nueva propuesta de Dicker, “El libro de los Baltimore”.
Para comenzar, debemos decir que no se trata de un thriller, de ninguna manera. Es un drama interfamiliar que tiene algunas pinceladas de ello, pero que en su conjunto es más bien una narración temporal sobre el encumbramiento de una familia y su estrepitosa caída, con sus ya predecibles chispazos de todo tipo de situaciones, sospechas, medias verdades y tragedias que colocan al texto más cerca de las obras de consumo aeroportuario que de una obra más compleja, como si el autor haya decidido por fin entrarle a la enorme maquinaria de la literatura de consumo, que hace las delicias de los aficionados a los booktubers de moda.
De la novela, bien poco podemos decir. No es una mala historia, pero sí se encuentra muy atrás de sus dos predecesoras.
La historia se inicia cuando uno de los personajes principales está a punto de ser condenado por asesinato y Marcus Goldman, protagonista de La verdad sobre el caso Harry Quebert, es convocado por uno de sus tíos. A partir de ahí, la historia se convierte en una narración sobre una familia dividida en dos y con demasiados secretos, los Goldman de Baltimore y los Goldman de Montclair.
Si usted tiene una tarde libre, un fin de semana y no se quiere complicar la vida, puede entrarle con confianza. Mientras tanto, este ingenuo escribidor esperará con absoluta inocencia y fe la próxima entrega del señor Dicker. Que se divierta.
Dicker, Joël, El libro de los Baltimore, Alfaguara, México, 479 pp., 2016. Traducción de María Teresa Gallego Urrutia y Amaya García Gallego. Colección: Narrativa internacional.
viernes, 29 de julio de 2016
El ancla de arena
Palabra de lector 27
Antes de entrar al tema, dos comentarios.
El primero de ellos nos lo hizo el doctor en historia, Alberto Soberanis y dice: “Lo que Duverger no pudo demostrar como historiador, ahora lo presenta como ficción”.
El segundo, es de quien esto escribe: Como novelista, Duverger es un excelente historiador.
Y es que nos referimos a la primera novela que publica el afamado investigador Christian Duverger, en la que aborda la fantástica, en todos los sentidos, historia de uno de los personajes más elusivos de la historia, nos referimos al Almirante de la Mar Océano, Cristóbal Colón.
Si bien para nadie son desconocidos sus cuatro viajes a lo que hoy llamamos América y que desde pequeños se nos enseñan los nombres de sus primeras tres carabelas, su historia está llena de misterios y mentiras.
El problema que enfrentan los historiadores, es que gran parte de su historia y biografía está construida a través de fuentes de segunda y hasta tercera mano, muchas veces contradictorias. Hay documentos perdidos, algunos tal vez destruidos y estos enigmas llegan a tal nivel que incluso se desconoce quién era este señor, dónde nació, cómo se le ocurrió el asunto de viajar con total convicción hacia el poniente, así como su extraña relación con los reyes de España, principalmente con la reina Isabel.
Se sabe, por ejemplo, que durante el primer viaje llevaba dos bitácoras de a bordo, una donde apuntaba los avances reales de sus naves, y otra donde consignaba totalmente otras cifras; unos dicen para no causar temor entre sus marinos, y otros, que lo hacía para despistar a posibles espías a bordo.
También es conocida su deshonestidad para con sus hombres. Por ejemplo, ofreció un premio en metálico a quien avistara tierra primero, algo así como diez mil maravedíes, que era una pequeña fortuna ofrecida por los soberanos. Sin embargo, una vez vista la nueva tierra por un grumete llamado Rodrigo de Triana, a las dos de la mañana del 12 de octubre de 1492, desde el puesto de vigía de La Pinta, Colón argumentó que había sido él, la noche anterior al descubrimiento, como a las 10 de la noche, cuando había "vislumbrado" una luz en el horizonte hacia donde se encontraba la tierra prometida. Rodrigo de Triana nunca recibió su recompensa y la historia dice que más tarde intentó asesinar a Colón por este acto de mala fe.
Duverger narra éstas y otras historias que van formando un cuadro nada reconocible y aceptable de uno de los más grandes exploradores de la historia. Incluso llega a insinuar que el Almirante recurrió al asesinato con tal de ser el único detentador del secreto de las tierras prometidas y, lo más importante, el método para realizar ese viaje de ida y vuelta.
Duverger recurrió a la novela para exponer sus teorías que giran en gran medida alrededor del diario de a bordo de ese primer viaje. De ahí que los lectores deben de ser muy atentos a lo que sugiere el autor y que, aunque va más allá de la trama, muchas veces parecen ser datos creados de y para la ficción.
En cuanto a la trama de la novela, está llena de lugares comunes por lo que hay momentos en que sentimos que leemos a un imitador de Umberto Eco o de Pérez Reverte. Se trata de una trama predecible, pero como ya hemos dicho, el valor del texto está en los datos y las propuestas que el autor nos hace sobre la vida de este personaje escurridizo, que bien podría ser o venir de una familia de conversos judíos. Recordemos que, en aquellos momentos en España, ser judío era un peligro mortal. De ahí la importancia en la insistencia de su origen genovés, pues eso eliminaría cualquier hipótesis de un Cristóbal Colón judío. Su origen "ubicado" en Liguria es un pasaporte de cristiandad, porque por aquella época en Génova no hay una comunidad judía; al parecer esta idea tiene su origen en la Italia del siglo XIX, lo cual coincide con un movimiento a favor de canonizar al explorador y convertirlo en un santo americano necesario.
El tema de la trama gira alrededor de las dos versiones que se hicieron del Diario de a bordo y que parecen tener la clave de la intrincada historia de Colón y los reinos de España y Portugal. Toda la historia se inicia en la frontera de España y Francia, donde un comando de la policía captura a un grupo de miembros de la ETA que llevan de contrabando un misterioso manuscrito para venderlo en el mercado negro. Al mismo tiempo, aparece el cuerpo de una mujer, una historiadora, con quince puñaladas.
Para finalizar, un último comentario. Si en nuestro país los historiadores vivieran y pudieran trabajar como los personajes de la novela, a todo lujo, les aseguro que la carrera de historia tendría más estudiantes que la de medicina.
Que se diviertan.
Duverger, Christian, El ancla en la arena, Penguin Random House, Grupo Editorial, México, 377 pp., 2016.
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| Fuente: Fanglik1487.wordpress.com |
El primero de ellos nos lo hizo el doctor en historia, Alberto Soberanis y dice: “Lo que Duverger no pudo demostrar como historiador, ahora lo presenta como ficción”.
El segundo, es de quien esto escribe: Como novelista, Duverger es un excelente historiador.
Y es que nos referimos a la primera novela que publica el afamado investigador Christian Duverger, en la que aborda la fantástica, en todos los sentidos, historia de uno de los personajes más elusivos de la historia, nos referimos al Almirante de la Mar Océano, Cristóbal Colón.
Si bien para nadie son desconocidos sus cuatro viajes a lo que hoy llamamos América y que desde pequeños se nos enseñan los nombres de sus primeras tres carabelas, su historia está llena de misterios y mentiras.
El problema que enfrentan los historiadores, es que gran parte de su historia y biografía está construida a través de fuentes de segunda y hasta tercera mano, muchas veces contradictorias. Hay documentos perdidos, algunos tal vez destruidos y estos enigmas llegan a tal nivel que incluso se desconoce quién era este señor, dónde nació, cómo se le ocurrió el asunto de viajar con total convicción hacia el poniente, así como su extraña relación con los reyes de España, principalmente con la reina Isabel.
Se sabe, por ejemplo, que durante el primer viaje llevaba dos bitácoras de a bordo, una donde apuntaba los avances reales de sus naves, y otra donde consignaba totalmente otras cifras; unos dicen para no causar temor entre sus marinos, y otros, que lo hacía para despistar a posibles espías a bordo.
También es conocida su deshonestidad para con sus hombres. Por ejemplo, ofreció un premio en metálico a quien avistara tierra primero, algo así como diez mil maravedíes, que era una pequeña fortuna ofrecida por los soberanos. Sin embargo, una vez vista la nueva tierra por un grumete llamado Rodrigo de Triana, a las dos de la mañana del 12 de octubre de 1492, desde el puesto de vigía de La Pinta, Colón argumentó que había sido él, la noche anterior al descubrimiento, como a las 10 de la noche, cuando había "vislumbrado" una luz en el horizonte hacia donde se encontraba la tierra prometida. Rodrigo de Triana nunca recibió su recompensa y la historia dice que más tarde intentó asesinar a Colón por este acto de mala fe.
Duverger narra éstas y otras historias que van formando un cuadro nada reconocible y aceptable de uno de los más grandes exploradores de la historia. Incluso llega a insinuar que el Almirante recurrió al asesinato con tal de ser el único detentador del secreto de las tierras prometidas y, lo más importante, el método para realizar ese viaje de ida y vuelta.
Duverger recurrió a la novela para exponer sus teorías que giran en gran medida alrededor del diario de a bordo de ese primer viaje. De ahí que los lectores deben de ser muy atentos a lo que sugiere el autor y que, aunque va más allá de la trama, muchas veces parecen ser datos creados de y para la ficción.
En cuanto a la trama de la novela, está llena de lugares comunes por lo que hay momentos en que sentimos que leemos a un imitador de Umberto Eco o de Pérez Reverte. Se trata de una trama predecible, pero como ya hemos dicho, el valor del texto está en los datos y las propuestas que el autor nos hace sobre la vida de este personaje escurridizo, que bien podría ser o venir de una familia de conversos judíos. Recordemos que, en aquellos momentos en España, ser judío era un peligro mortal. De ahí la importancia en la insistencia de su origen genovés, pues eso eliminaría cualquier hipótesis de un Cristóbal Colón judío. Su origen "ubicado" en Liguria es un pasaporte de cristiandad, porque por aquella época en Génova no hay una comunidad judía; al parecer esta idea tiene su origen en la Italia del siglo XIX, lo cual coincide con un movimiento a favor de canonizar al explorador y convertirlo en un santo americano necesario.
El tema de la trama gira alrededor de las dos versiones que se hicieron del Diario de a bordo y que parecen tener la clave de la intrincada historia de Colón y los reinos de España y Portugal. Toda la historia se inicia en la frontera de España y Francia, donde un comando de la policía captura a un grupo de miembros de la ETA que llevan de contrabando un misterioso manuscrito para venderlo en el mercado negro. Al mismo tiempo, aparece el cuerpo de una mujer, una historiadora, con quince puñaladas.
Para finalizar, un último comentario. Si en nuestro país los historiadores vivieran y pudieran trabajar como los personajes de la novela, a todo lujo, les aseguro que la carrera de historia tendría más estudiantes que la de medicina.
Que se diviertan.
Duverger, Christian, El ancla en la arena, Penguin Random House, Grupo Editorial, México, 377 pp., 2016.
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lunes, 18 de julio de 2016
Inés y la alegría
Palabra de lector 26En 1936, un pequeño general de corte fascista, junto con otros de su calaña y apoyado por los fachos italianos y los nazis, encabezó un golpe de estado que terminó con la Segunda República Española.
Este hecho desembocó en la guerra civil española que tuvo un alto costo para las clases populares, las organizaciones populares, los izquierdistas (éstos sí de izquierda no como las caricaturas que hay en nuestro país), e incluso para la vida de grandes poetas como Miguel Hernández y Federico García Lorca, quienes representaban lo mejor de España, pero que a los ojos de los fascistas eran un peligro para la nación.
La tortura, las desapariciones, los asesinatos, la cárcel o el exilio era la suerte que le deparaba a cualquiera que no se ajustara a las directrices conservadoras, católicas y totalitarias del fascismo español y de este personaje que se hacía llamar generalísimo.
Claro que a la luz de la actualidad y la realidad que vivimos en México, los cientos de miles de víctimas del régimen militar franquista resultan trabajo de aficionados.
Inés y la alegría, la novela que da pie a los comentarios anteriores, ha resultado un inmenso descubrimiento para quien esto escribe. No sólo por la historia misma sino por la calidad de la pluma que la crea, Almudena Grandes.
A lo largo del texto hay infinidad de pasajes que se identifican con este lector, con su historia, con las historias que escuchaba desde pequeño.
Se trata pues de una narración sobre los guerrilleros españoles que entre el 19 y el 27 de octubre de 1944 invaden España, en un intento por reconquistar esa tierra masacrada por el fascismo español, aprovechando el avance y la prácticamente inminente victoria aliada.
Es una historia contada por tres personajes: Inés, Galán y la propia autora; es además un relato de mujeres, de distintas mujeres. De mujeres de hierro, de mujeres realmente guerreras y no las mamadas del discurso clasemediero del feminismo burgués que solemos encontrar en las redes.
Es la historia de la comida, de las pequeñas batallas, donde no sólo están incluidas las que implican balas, sino las cotidianas, las que hay que lidiar se sea o no comunista. Sí, porque la novela en cuestión es una historia de comunistas, de hombres y mujeres como usted o como su servidor, pero comunistas al final del día, o como dice en algún pasaje la cuñada de Inés:
“[Adela] Me insistió en que tenía muchas ganas de ver el restaurante nuevo y aún más deseos de conocer a su sobrina, pero las dos sabíamos muy bien cuál era el auténtico motor de su curiosidad. Galán también tenía ganas de verla, porque me había oído hablar mucho de ella, y tuve la suerte de que se cayeran en gracia mutuamente.
“Está muy enamorado de ti, se le nota mucho, y luego, además, para ser comunista, es muy normal. ¿A que sí? –yo no supe qué decirle, y ella siguió hablado sola-. Bueno, la verdad es que sois todos unos comunistas muy normales.
“¿A qué te refieres? No entiendo, Adela.
“Pues eso, normales- y hasta que no me lo explicó, no me di cuenta de que se había hecho un lío entre lo que había aprendido antes y después de nuestro reencuentro, lo que estaba acostumbrada a creer y lo que veía en mi casa, en el restaurante, cada vez que venía-. O sea, que estáis casados, tenéis hijos, los regañáis cuando se portan mal, trabajáis, lo normal…”
Es pues, la historia de personas, de gente como cualquiera, que quiere lo mismo que todos nosotros. Un mejor mundo para todos.
Aunque también es la historia de la derrota, la clandestinidad, la tortura, la cobardía, la ignorancia, la traición, la política y de la terrible y cruda realidad.
Que la disfruten.
Grande, Almudena, Inés y la alegría, Episodios de una guerra interminable, 1, México, Tusquets, 729 pp., 2010. Colección andanzas, número 730-1.
martes, 28 de junio de 2016
Los sonámbulos
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| Foto: Aquiles Alexei Cantarell. |
Quizá uno de los libros que más han impactado a este escribidor en su larga carrera como divulgador de la ciencia (35 años, en el business) ha sido el de Los sonámbulos, de Arthur Koestler.
Se trata de una historia de la cosmología, que arranca con los babilonios, pasa por la filosofía griega y concluye con la síntesis que realizara Newton de todo el conocimiento acumulado y disperso a lo largo de la historia.
Su característica principal, hasta ese momento, es que se trata de un pensamiento fundamentalmente especulativo, hasta el advenimiento de las matemáticas avanzadas (el cálculo) y la geometría moderna.
Abordado como un verdadero texto de divulgación y un ejemplo de cómo se debe hacer historia de la ciencia, el libro que hoy nos ocupa es una obra imprescindible para quienes están interesados en los temas astronómicos, la historia del conocimiento y la vida de personajes tan interesantes como Copérnico, Tico de Brahe, Kepler, Galileo y por supuesto Newton, entre otros gigantes que contribuyeron al avance del conocimiento científico en un periodo donde las reglas del juego eran dictadas desde las imponentes salas de la iglesia cristiana.
Esto no quiere decir que se haya obstaculizado el avance; ellos también traían su juego y contaban con sabios religiosos muy atentos y propositivos al avance del conocimiento.
Esto viene a colación porque el libro despeja y nulifica muchas de las leyendas urbanas creadas alrededor de los personajes. Dos ejemplos....
La iglesia nunca torturó ni obligó a Galileo a desdecirse de sus palabras, ni mucho menos expresó la frase “… y sin embargo se mueve”, misma que ha hecho las delicias, durante años, de quienes ven esta “confrontación” iglesia-ciencia, desde gayola.
Asimismo, la famosa manzana o la bala de cañón lanzada desde la torre de Pisa, son meros adornos fantásticos a la leyenda de estos personajes.
Aunque es cierto que estas anécdotas pintan de pies a cabeza las personalidades de estos actores de la historia e influyen en la forma de cómo abordaron los problemas científicos en su momento, desde la desconfianza natural de Copérnico hasta el gusto por la confrontación y la mecha corta de Galileo, o las desventuras de Kepler y su sufrimiento de estar a la sombra de Tico de Brahe.
El texto no sólo pasa revista a los hechos, amén de detenerse puntillosamente en los líos en los que se metió Galileo por su necedad y deseo de ser el número uno de su tiempo, sino que es una reflexión sobre el proceso de madurez del pensamiento científico hasta Newton.
El autor, además, demuestra un magistral manejo de sus fuentes y una fácil y accesible lectura, incluso en aquellos pasajes que podrían resultar incómodos a los lectores nóveles en estas lides de la divulgación científica. Es también una lección de cómo un periodista o historiador, puede encarar el reto de explicar un proceso del conocimiento de una manera entretenida.
Al autor, de origen húngaro pero nacionalizado inglés, se le reconoce por su admirable prosa y es autor de obras como El cero y el infinito, y Testamento español, además del que ahora nos hemos referido. De verdad, lo disfrutarán como enanos.
Koestler, Arthur, Los sonámbulos, Historia de la cambiante cosmovisión del hombre, Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, México, 1981, 598 pp. Traducción de Alberto Luis Buxio.
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jueves, 23 de junio de 2016
El hombre que pudo reinar
Palabra de lector 24Cuando tenía entre 15 y 16 años, solía esperar a mi madre a que llegara de sus agotadoras y larguísimas jornadas laborales que se le imponían en su trabajo en la Caja General de la Tesorería del DF. Principalmente si era fin de mes, el trabajo de consolidar toda la recaudación de la ciudad podía alargarse, más si las cuentas no cuadraban.
En estas largas noches, solía ver las películas que trasmitía el canal 11; si no mal recuerdo el programa se llamaba “Cine del 11”.
En una de esas desveladas me encontré con la sorpresa de una cinta que me impactó enormemente; se titula “el hombre que pudo ser rey”, protagonizada por Sean Connery, Michael Cain y Christopher Plummer, entre otros.[1]La película se basa en un cuento de Rudyard Kipling y cuenta la historia de dos
aventureros (Danny Dravot y Peachy Carnehan) que viajan a la India en 1880, sobreviviendo gracias al contrabando de armas, entre otras mercancías, y un día deciden hacer fortuna en el legendario reino de Kafiristán.
Este relato abre el texto que hoy nos ocupa y uno de los cuentos preferidos de quien esto escribe. El libro está completado con otros tres maravillosos cuentos: La historia más bella del mundo, “ellos” y El toro que pensaba. Cada uno es un hermoso y sorprendente viaje al mundo fantástico de Kipling.
En el caso de La historia más bella del mundo, el autor nos mantiene expectantes sobre el contenido de lo que promete el poder, al fin, leer la historia más bella jamás escrita. Pero una cosa es desear y otra muy distinta es poder hacerlo.
En lo que se refiere al tercer texto, el autor nos traslada a algún lugar en los bosques de Norteamérica, para ser testigos de algo que no todos tenemos el privilegio de ver. Se trata de una historia profunda y a la vez enternecedora, aunque con el advenimiento del cine de suspenso, su desarrollo en estos tiempos es predecible. Sin embargo, creo que es el mejor cuento de la obra.
Finalmente está la historia de El toro que pensaba, un relato obligatorio para todos los amantes de la fiesta brava. Aunque es una historia que podría entrar en el campo de lo fantástico, resulta un verdadero deleite y una alegoría del ritual que se celebra durante la lidia de toros. Si a eso le suma que uno de los personajes resulta ser muy inteligente, tendrá en sus manos una bella historia sobre una de las actividades culturales que hoy se encuentra en entredicho por las nuevas actitudes derivadas de lo políticamente correcto.
El libro, de tan sólo 198 páginas, puede disfrutarse fácilmente durante una de estas tardes lluviosas y el lector será transportado a través de la magia de este grandioso escritor del siglo XIX y, como seguramente se habrá dado cuenta, es uno de mis preferidos.
Vaya pues y aprenda la lección del peligro que implica ser un dios, perder la oportunidad de su vida y disfrutar de una inusual corrida de toros. Que se divierta.
Kipling, Rudyard, El hombre que pudo reinar y otros cuentos, 2da. edición, Ediciones Valdemar, España, 198 pp., 2009. Traducción de Fernando Jadraque. Colección: El club de Diógenes, número 202.
[1] Título original: The Man Who Would Be King, EU, 1975. Duración: 129 minutos. Director: John Huston. Guión: John Huston, Gladys Hill. Basado en un cuento de Rudyard Kipling. Música: Maurice Jarre. Fotografía: Oswald Morris.
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miércoles, 25 de mayo de 2016
La fórmula preferida del profesor
Palabra de lector 23
Hermosa historia, así sencillamente, como lo son las matemáticas. Y es que el libro al que ahora nos referimos no sólo es una novela sobre un profesor, una asistente de limpieza y su hijo; se trata de una historia sobre la belleza de las matemáticas, sobre su perfección. Cualidad que muchos de nosotros somos incapaces de apreciar, ni siquiera cuando, como en el caso de este escribidor, convivimos cotidianamente con un matemático quien encuentra en cada hecho de la vida, en cada parte del universo, de los alimentos o de cualquier cosa, relaciones numéricas que lo llevan a demostraciones no siempre elegantes, referencias numéricas, secuencias, fórmulas, teoremas, todas ellas llenas de una belleza que apenas podemos atisbar porque nosotros sólo vemos sus sombras pues vivimos en la oscuridad.
Lo anterior no quiere decir que la novela de Yoko Ogawa sea una historia para matemáticos. Ignoro si estas personas, con personalidades muchas veces enigmáticas y siempre desconcertantes la encontrarán superficial o básica, pues mi matemático preferido no la ha leído, pero para los simples mortales es una narración hermosa y aleccionadora.
La historia, como ya dijimos se centra en tres personajes. El profesor, que a raíz de un accidente sólo puede recordar hasta ocho horas de su pasado; una mujer de limpieza que es capaz de entender y apreciar esa belleza matemática, y su hijo de 10 años, bautizado Root (raíz cuadrada en inglés) por el profesor y aficionado rabioso al béisbol.
Todo ocurre en el Japón moderno, en una pequeña y humilde casa que es la residencia del protagonista, quien gusta de resolver enigmas matemáticos aparecidos en las revistas para aficionados. El profesor que día a día debe de ir reconstruyendo su pasado inmediato para no sentirse desorientado cada mañana al despertarse, debe auxiliarse de numerosas notas pegadas en su saco es, muchas veces sin proponérselo, el motor que conviete esta narración en una historia de amor, amistad y transmisión del conocimiento, y no sólo sobre matemáticas.
La novela causó un enorme furor por las matemáticas en Japón después de su aparición y lanzó a la fama internacional a su autora.
Resulta un texto escrito con suavidad, pero con una profundidad única, que invariablemente lleva al lector a cuestionarse: ¿qué nos estamos perdiendo al ser incapaces de apreciar la belleza de las matemáticas?
Ésta es pues, una propuesta única, de aquellas que pocas veces se ve. Aunque no sea una novela de alta literatura, bien podría convertirse en un texto de culto. En tanto usted le hinca el diente, este escribidor se lanzará a la caza de más títulos de la autora que confirma una vez más nuestro amor por la obra literaria del país del sol naciente. Sean ustedes servidos. ¡Oss!
Ogawa, Yoko, La fórmula preferida del profesor, 17 edición, Editorial Funambulista, España, 298 pp., 2014. Traducción de Yoshiko Sugiyama y Héctor Jiménez Ferrer. Colección: Literadura.
Hermosa historia, así sencillamente, como lo son las matemáticas. Y es que el libro al que ahora nos referimos no sólo es una novela sobre un profesor, una asistente de limpieza y su hijo; se trata de una historia sobre la belleza de las matemáticas, sobre su perfección. Cualidad que muchos de nosotros somos incapaces de apreciar, ni siquiera cuando, como en el caso de este escribidor, convivimos cotidianamente con un matemático quien encuentra en cada hecho de la vida, en cada parte del universo, de los alimentos o de cualquier cosa, relaciones numéricas que lo llevan a demostraciones no siempre elegantes, referencias numéricas, secuencias, fórmulas, teoremas, todas ellas llenas de una belleza que apenas podemos atisbar porque nosotros sólo vemos sus sombras pues vivimos en la oscuridad.
Lo anterior no quiere decir que la novela de Yoko Ogawa sea una historia para matemáticos. Ignoro si estas personas, con personalidades muchas veces enigmáticas y siempre desconcertantes la encontrarán superficial o básica, pues mi matemático preferido no la ha leído, pero para los simples mortales es una narración hermosa y aleccionadora.
La historia, como ya dijimos se centra en tres personajes. El profesor, que a raíz de un accidente sólo puede recordar hasta ocho horas de su pasado; una mujer de limpieza que es capaz de entender y apreciar esa belleza matemática, y su hijo de 10 años, bautizado Root (raíz cuadrada en inglés) por el profesor y aficionado rabioso al béisbol.
Todo ocurre en el Japón moderno, en una pequeña y humilde casa que es la residencia del protagonista, quien gusta de resolver enigmas matemáticos aparecidos en las revistas para aficionados. El profesor que día a día debe de ir reconstruyendo su pasado inmediato para no sentirse desorientado cada mañana al despertarse, debe auxiliarse de numerosas notas pegadas en su saco es, muchas veces sin proponérselo, el motor que conviete esta narración en una historia de amor, amistad y transmisión del conocimiento, y no sólo sobre matemáticas.
La novela causó un enorme furor por las matemáticas en Japón después de su aparición y lanzó a la fama internacional a su autora.
Resulta un texto escrito con suavidad, pero con una profundidad única, que invariablemente lleva al lector a cuestionarse: ¿qué nos estamos perdiendo al ser incapaces de apreciar la belleza de las matemáticas?
Ésta es pues, una propuesta única, de aquellas que pocas veces se ve. Aunque no sea una novela de alta literatura, bien podría convertirse en un texto de culto. En tanto usted le hinca el diente, este escribidor se lanzará a la caza de más títulos de la autora que confirma una vez más nuestro amor por la obra literaria del país del sol naciente. Sean ustedes servidos. ¡Oss!
Ogawa, Yoko, La fórmula preferida del profesor, 17 edición, Editorial Funambulista, España, 298 pp., 2014. Traducción de Yoshiko Sugiyama y Héctor Jiménez Ferrer. Colección: Literadura.
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