martes, 4 de diciembre de 2018

De niñas e hipopótamos

Palabra de lector 58
Tomoko tiene doce años y es una niña que por diversas circunstancias debe separase de su madre e ir a vivir a casa de sus tíos. Lo que no sabe es que esa casa, más que una residencia, pareciera ser un lugar de fantasías, ya que tanto sus habitantes como lo que ahí pasa, resulta impactante para ella. El colmo, por supuesto, es La niña que iba en hipopótamo a la escuela, su prima.
Ésta es la historia de Tomoko y Mina, dos niñas que nos describen y nos muestran la magia que puede existir en la vida familiar. Desde los colores, los sabores, los hechos y las historias que ahí se desarrollan, atrapan al lector, pese a tratarse de una novela costumbrista, ubicada en el Japón de mediados del siglo pasado y de una familia acomodada.
Hay en el relato una sutileza y una suavidad en la estructura de la historia, que cada una de las situaciones es abordada con elegancia y tacto que el lector debe, más que constatar, adivinar lo que está sucediendo en la narración, como sucede con el primer amor de Mina.
La autora, Yoko Ogawa, utiliza los ojos de Tomoko para narrarnos una vida doméstica de una familia acomodada del Japón actual, pero que adquiere importantes tintes mágicos a la vista de esta niña que poco sabe de ello.
Las descripciones de las actividades de los personajes, la forma en como se abordan los hechos cotidianos, adquieren desde la voz de Tomoko una forma distinta y deseable de atrapar esa tibieza de la que nos hace partícipes.
Dice Tomoko: “Por encima de cualquier escultura o cerámica valiosa, en la casa de Ashiya los libros eran considerados de primerísima importancia. Para poder consultarlos en todo momento, cada habitación disponía de su propia biblioteca, e incluso los niños podían coger con toda libertad los libros para adultos. Manuales especializados de farmacia en alemán, los álbumes de Mina o los suplementos de El amigo del hogar de la señora Yoneda, todos eran tratados equitativamente, de forma imparcial.
“En la casa de Okayama no teníamos ni una sola estantería con libros, y como la única letra impresa existente se limitaba a las revistas de modas o patrones de corte y confección que mi madre utilizaba para su trabajo, al principio me sentí impresionada al ver tantos volúmenes en un lugar distinto a una biblioteca”.
Así, mientras su prima se pasa el día entre libros o jugando con cerillos, su tío (director de una gran fábrica) se ausenta misteriosamente de la casa. Su tía abuela es alemana y habla con mucho trabajo el japonés, y su vida se ve completada por la presencia de un hipopótamo enano, que Mina utiliza como medio de transporte para ir a la escuela primaria, debido al asma crónica que le aqueja.
Sólo basta decir que esta novela ganó el Premio Tanizaki 2006, y es considerada por los japoneses como una obra llena de optimismo mágico y poesía. La obra se inscribe en el ciclo dedicado a la amistad y la infancia, iniciado por la autora con el libro de La fórmula preferida del profesor, ya reseñada en este espacio con anterioridad. Servidos.

Ogawa, Yoko, La niña que iba en hipopótamo a la escuela, Editorial Fonambulista, España, 413 pp., 2011. Traducción de Yoshiko Sugiyama. Colección Literatura.

miércoles, 7 de noviembre de 2018

La guerra de las mujeres


Palabra de lector 57
En 1643, cuando Luis XIV era un niño, murió su padre el rey. En su testamento, Luis XIII –conociendo a su esposa– hizo todo lo posible para limitar el poder de regente que sabía que Ana heredaría tras su desaparición. De esta manera dispuso un Consejo de Regencia, que sería el encargado de ejercer el poder de facto. dejando a un lado a la legítima regente.
Pero Ana de Austria fue más rápida y logró la anulación del testamento de su marido. Con el apoyo del Parlamento y de los principales príncipes de la nobleza afín a su partido, despidió a todos los ministros nombrados por Luis XIII, menos al ya lamentablemente famoso cardenal Giulio Mazarino, heredero de otro no menos truculento, Richelieu.
La reina y su principal consejero, el cardenal, tuvieron que hacer frente a un movimiento revolucionario de descontentos conocido como la Fronda. Una serie de levantamientos contra el poder absolutista y el veloz ascenso de Mazarino sumieron a Francia en el caos, de 1648 a 1653. El país terminó aceptando el poder absolutista de Luis XIV, nombrado rey en 1651.
La Fronda nació a causa del descontento general. Sus inicios se fundamentaron en la crisis económica y en los medios utilizados por la monarquía para elevar los impuestos para hacer frente a la Guerra de los Treinta Años. Con la llegada de la regencia se esperaba una rebaja de las tasas, pero no fue así: el Cardenal Mazarino creyó que Francia podía soportar la guerra y no aflojó la presión.
A partir de ese momento, la Fronda se convirtió en una lucha de intrigas, una puja por el poder y el control, sin llegar a una guerra declarada, aunque igualmente sin rastros del sentido constitucional.
Los líderes eran príncipes descontentos y nobles. El Parlamento de París –ciudad de carácter rebelde, fácilmente inflamable, que vivía de rentas y estaba dominada por las corporaciones– libró una auténtica batalla con la regencia a propósito de los impuestos. Ejerció, con frecuencia, su derecho de reconvención, esperando en vano modificar la política del reino.
Éste es el entorno sobre el cual la magistral pluma de Alexandre Dumas escribe la novela de lances románticos, de capa y espada, llamada La guerra de las mujeres.
Corolario a otra obra no menos entretenida como lo es El visconde de Bragelonne (que a su vez es la continuación de la saga de 20 años después), la novela realmente se enfoca en una guerra sórdida, sin cuartel, pero con toda la etiqueta que prevalecía en la Francia del absolutismo.
Aquí, la mezcla de personajes y hechos reales con la ficción se entrelazan de manera magistral y nos permiten vislumbrar cuál era la idea que tenía el famoso escritor sobre aquel periodo de la historia de Francia.
En la obra se entretejen las disputas políticas, los lances caballerescos y las relaciones amorosas. Y como se dijo más arriba, las protagonistas son las diferentes damas que no dudan en anteponer el sacrificio, el odio, las pasiones y el amor al servicio de la política palaciega y el futuro del reino francés.
La técnica narrativa de Dumas se sostiene sobre los hilos históricos a los que acomoda el oficio novelesco de unas aventuras que siempre mantienen el ritmo de la rapidez y el suspenso.
Capaz de interesar y enseñar al mismo tiempo, esta leyenda de mosqueteras belicosas y estrategas políticas es, por derecho propio, una de las piezas más delicadas que sustentan el prestigio del novelista francés más leído de la historia.
Que se diviertan. ¡En garde!
Dumas, Alexandre, La guerra de las mujeres, Ediciones Siruela, España, 618 pp., 2009. Traducción y edición de Mauro Armiño. Colección: Libros del tiempo, 282.

jueves, 11 de octubre de 2018

La crisis del siglo XII



Palabra de lector 56
Hablemos de la Edad media. Si usted es de los que creen que la Edad media es la etapa del oscurantismo, la brujería, el destape del diablo y que no pasaba nada más que cantos gregorianos y torneos de caballeros en sendas armaduras, permítame decirle que anda muy, pero muy norteado.
Para no meternos en una larga disertación, en esta ocasión haremos un apartado muy particular en el periodo que va de finales del siglo XI al siglo XIII, donde se gesta lo que Thomas N. Bisson, en su excelente libro, La crisis del siglo XII y que no es más que un riguroso y profundo estudio sobre, principalmente, el poder, la nobleza y lo más importante, los orígenes de la forma de gobernar en Europa y que dará origen a los Estados europeos: los grandes reinos, imperios y el Estado moderno.
El autor, una de las más grandes autoridades en la materia, nos ofrece una visión profunda completa y a veces agotadora, sobre las formas que se fueron cristalizando para desembocar en la génesis del Estado moderno. Se pasa revista al proceso y el paso de los señores-reyes y sus aliados, ya fuesen caballeros, hombres armados y castellanos, hacia los acuerdos judiciales y parlamentarios que signarían en las primeras cartas de vasallaje y acuerdos. Esto con el fin de delimitar y controlar la violencia hacia la población y los miembros de la iglesia como argumento fundamental del ejercicio del poder.
El autor nos describe, en ocasiones con lujo de detalle, la opresión de los castillos y sus encargados, los castellanos, la violencia e impunidad con que se actuaba, muchas veces con la complicidad de sus señores y otras, pese a ellos, como la forma más brutal y recurrente del ejercicio del poder.
Al mismo tiempo, se habla de cómo estas prácticas comienzan a ser cuestionadas primero, y luego reguladas en un proceso civilizador de la violencia, a través de leyes y acuerdos que seguirán un largo camino antes de desembocar en las estructuras de un Estado moderno. Esto llevaría a la consolidación de los grandes reinos de la baja edad media y el renacimiento, todo ello bajo la égida del derecho y las leyes basadas en el derecho romano.
Es pues este periodo, un tiempo del poder de la violencia, de los caprichos y arbitrariedades de los señores, sus castellanos y hasta de las hordas de caballeros sin fe ni señor que asolaban toda Europa.
Sin embargo, esta nada deseable situación, principalmente para los más pobres, lleva en su seno, en sus ambiciones, el germen de una crisis que permitirá el renacimiento de la justicia pública, principalmente impulsada por los mismos señores-reyes, la iglesia y hasta comunidades completas que pretenden poner un alto a tanta iniquidad.
En este tiempo, el poder dejará de ser fundamentalmente personal y patrimonial, para pasar a un poder “político”, donde los intereses del reino-imperio prevalecerán sobre las ambiciones personales y se someterán a la estructura jurídica del Estado.
Ya para terminar y siguiendo a los expertos en la materia, esta obra tiene como su mayor aportación la afirmación de que en la Europa del siglo XII el poder era la violencia de los señores y no del gobierno ni del esquema feudal en sí. Fue precisamente el enfrentamiento entre las ambiciones de los mismos señores-caballeros y señores-reyes, lo que los condujo a una crisis, cuya consecuencia más importante fue el renacimiento de la justicia pública por parte de los príncipes, basada en el derecho consuetudinario y, como consecuencia, la gradual reaparición del gobierno de los reinos, principados y ciudades.
Servidos.
Bisson, Thomas N., La crisis del siglo XII, el poder, la nobleza y los orígenes de la gobernación europea, Editorial Crítica, España, 847 pp., 2009. Traducción de Tomás Fernández Aúz y Beatriz Eguibar. Colección: Serie mayor.