domingo, 25 de julio de 2010

La danza maya


Muchas veces, cuando observamos las fotografías o los dibujos que muestran a los señores o reyes mayas, inmediatamente identificamos que estos personajes eran retratados o pintados en posiciones poco comunes, en donde sus manos y pies parecieran estar torcidos en poses poco cómodas.
Lo que muy pocas veces nos enteramos, es que en muchas de estas efigies fueron realizadas durante la celebración de algún tipo de ritual, o al menos eso parece en muchos de los casos, porque resulta que una de las tareas más importantes de los reyes o señores de las diferentes ciudades-estado de la región maya, además de la guerra y la administración pública de sus territorios, estaba el de realizar las danzas correspondientes a un buen número de ritos que formaban el calendario religioso maya y que les permitía mantenerse en comunión con lo sagrado.
Los especialistas han registrado ceremonias basadas en el mito de los gemelos heroicos (Hunahpu e Ixbalanque, personajes fundamentales del Popol Vuh), como las que celebraban los mayas K´ekchies al establecer el dominio de una dinastía local. Se trataba en esta ocasión del nombramiento del cacique de caciques, llamado Aj Pop´O Batz, (señor Saraguato), en la población de Verapaz, el domingo 24 de junio de 1543.
Este señor tomó el poder sobre un estrado cubierto con pieles de mono, al tiempo que dos guerreros colocaban una capa hecha con plumas de Quetzal, sobre sus hombros. El drama que él representó  a su vez, era la danza de Hunahpu e Ixbalanque y la derrota de los señores del Xibalbá (el inframundo, que no el infierno).
Seguramente, esta danza, que culmina con la derrota de los señores del inframundo y la emergencia de los gemelos ataviados con los más ricos adornos, se celebraba a todo lo ancho y largo del territorio maya pues, incluso Fray Diego de Landa, héroe y villano de la historiografía mayense, la consigna como una danza llamada Xibalbá Okot, celebrada durante el año nuevo.
También se sabe de una danza relacionada con la muerte de la arrogante y monstruosa ave Vucub Caquix (Siete Guacamaya) a manos de estos héroes mitológicos que se convertirán al final de la historia en el sol y la luna. Incluso, esta danza se siguió representando durante la colonia en las tierras altas de Guatemala.
Evidentemente, los frailes rápidamente tomaron ventaja de esta representación  en donde el “infierno era derrotado” y convirtieron a Hunahpu en una suerte de mesías y a Ixbalanque en un dios pagano que gobernaba el inframundo, con lo cual demostraron una vez más que no entendían de qué iba la cosa.
Para terminar, sólo un comentario del señor Vucub Caquix, tan fascinante para quien esto escribe. En el Popol Vuh, el dios principal de la era anterior a la nuestra, fue el señor Siete Guacamaya quien vanidosamente habría usurpado el lugar del sol, y dice el libro sagrado:
“Soy grande. Ocupo un lugar más importante que las obras humanas, que los diseños humanos. Soy su Sol y soy su luz y también soy sus meses”.
Ante tanta arrogancia era lógico que alguien viniera y casi literalmente le partiera su mandarina en gajos. Así, esta ave gigantesca y monstruosa y de apariencia magnífica, pues sus ojos eran de metal, sus dientes de joyas y turquesas y el blanco de su nariz brillaba como el sol, terminó sin ninguna de estas  maravillas después de que fuera atacada por las cerbatanas de estos gemelos  que a continuación ejecutarían una danza que resultó más famosa y permanente que cualquier danza ejecutada por el llamado rey del pop.
Por ello, cuando vuelva a ver una estela con un personaje de pie, en una posición incómoda, no se imagine que tenía artritis, sino que fue “fotografiado” en el momento de hacer un paso complicado en las numerosas danzas mayas y, que conste, que no se ponían un guante ridículo en la mano derecha.

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