martes, 20 de marzo de 2018

Guía para viajeros inocentes

Palabra de lector 53
En 1867 se debatió ampliamente el anuncio de un viaje multitudinario a Europa, Medio Oriente y tierra Santa, protagonizado por un grupo de norteamericanos de muy diversas profesiones, edades y orígenes.
Para el estadunidense medio, ese evento significaba una expedición nunca antes vista. De tal manera que el hecho, más su amplia difusión a través de la prensa, mantuvo alborotados a gran parte de los habitantes de aquel país.
Si esto no fuera suficiente, entre los elegidos a tal aventura se encontraba Samuel Langhorne Clemens, reconocido periodista, cuya tarea era elaborar artículos de opinión y relatos humorísticos, muy en la vena del norteamericano de finales del siglo XIX, orgulloso del poder de su nación y medidor del hombre a través de la vara de su modernidad. Actitud que se verá ampliamente constatada a lo largo del libro que hoy nos ocupa.
Así, el señor Langhorne nos narra a través del libro Guía para viajeros inocentes, las peripecias de estos turistas escépticos, quienes vienen a descubrir que existe un mundo más allá de sus fronteras y que, evidentemente, no es en nada parecido a lo que están acostumbrados.
Primero llaman extranjeros y describen como retrasados, aborígenes (en términos despectivos), subdesarrollados, primitivos e ignorantes, a los habitantes de los diferentes países que visitan, con excepción de Francia, en aquel momento, una de las máximas potencias mundiales. Así, el señor Langhorne nos enseña cuál era la idea del mundo que tenían los habitantes de un país en plena expansión capitalista. Su visión del arte, de la historia (con excepción de la tierra Santa) nos habla mucho de la cultura media y las ideas del norteamericano imperialista en ciernes.
Nadie puede poner en duda lo ameno y divertido que resulta este diario, de su chispa de ironía y desenfado con que está escrita la obra. Sin embargo… ahí debajo, en el fondo, hay un sustrato maloliente de racismo y desprecio hacia el resto de la humanidad.
Sabemos que el autor es una de las plumas más grandes de la literatura mundial. Pero ahí mismo, en ellas, hay un no sé qué, que incomoda, pero en fin, a los monstruos sagrados hay que rendirles pleitesía.
Sólo tomaremos un pequeño párrafo de muestra: “En los demás lugares hemos encontrado cosas de aspecto extranjero y personas de aspecto extranjero, pero siempre con cosas y personas intercaladas que ya nos resultan familiares, por lo que la novedad de la situación perdía buena parte de su fuerza. Queríamos algo total e inquebrantablemente extranjero: extranjero de los pies a la cabeza, extranjero desde el centro a la circunferencia, extranjero dentro, fuera y por todas partes, que nada en ningún sitio pudiese diluir su rareza, que nada nos recordase a otras gentes u otra tierra bajo el sol. ¡Y hete aquí que en Tánger lo hemos encontrado!”. Firma: Mark Twain.
Así es, se trata de un texto enormemente divertido, ameno y gracioso. Pero al menos a este lector le dio una gran lección: debajo del gran relumbrón, puede haber mucha mierda.
Servidos.
Twain Mark, Guía para viajeros inocentes, 3ra. Edición, Ediciones del Viento, México, 622 pp., 2013. Traducción de Susana carral Martínez. Colección: Viento Simún 48.

jueves, 15 de marzo de 2018

Historia del paraíso

Palabra de lector 52

Desde el siglo XV hasta mediados del siglo XVIII, la búsqueda geográfica del paraíso, del jardín del Edén, tuvo su pináculo y su fin.
Principalmente, los exploradores de los siglos XV y XVI veían en cada isla, en cada playa, la entrada al reino de la inmortalidad, de la eterna juventud, de las inmensas riquezas. De ahí el bautizo de lugares como la Florida, la California, el Dorado y demás “reinos” exuberantes, pero no mágicos.
Las utopías del renacimiento, así llamadas y de las cuales el mismísimo almirante de la mar océano fue uno de sus principales impulsores, fueron acotando la posibilidad de la existencia de ese espacio sagrado y único, que siempre se encontraba en el próximo lugar, la próxima isla, en un rincón del oriente.
La idea del paraíso que ha fascinado desde la antigüedad a los creyentes judeo-cristianos, pasa por todo tipo de explicaciones e interpretaciones. Desde su localización en la luna o en unas altísimas e inalcanzables montañas, hasta la isla de Jamaica o en interior del alma humana. De hecho, a lo largo de muchos siglos, primero los judíos y después los cristianos, con sus muy contadas excepciones, no dudan del carácter histórico del relato del Génesis.
Caso aparte, pero no ajeno es la idea de sus habitantes, de los inquilinos de ese Jardín de las delicias, misma que desató una larga y extensa discusión entre los teólogos de todos los tiempos, yendo de la seriedad académica y dogmática hasta las ideas new age que luego surgen por ahí, producto de la ignorancia y la moda.
En esta ocasión, nos referimos al primer tomo de la trilogía: Historia del paraíso, el Jardín de las delicias, escrito magistralmente por el historiador Jean Delumeau.
Con un análisis profundo y paso a paso sobre la evolución de esta idea, el autor pasa revista sobre cómo fue evolucionando la imagen del Jardín del Edén. De esta manera, nos dice que es hacia la época del cautiverio en Babilonia (alrededor del siglo VI antes de nuestra era) que los elementos constitutivos de este paraíso –ojo, terrenal-bíblico– ya se encontraban presentes. De hecho, apunta que la palabra persa apiri-daeza describía un vergel rodeado por un muro y que, en hebreo antiguo, se adoptó bajo la forma de pardes. Después, los setenta lo tradujeron por paradeisos, tomando pardez y el término hebreo para jardín, gan.
Más adelante, continúa el autor, los escritores cristianos que en un principio rechazaran los mitos de la edad de oro, entre ellos el de las islas afortunadas (asociados al jardín del Edén), a partir del siglo II de esta era los fueron cristianizando progresivamente.
El argumento era que, según Tertuliano (+ 222), la doctrina bíblica era más antigua que la cultura pagana y que éstos, los paganos, habían rendido culto al dios de Moisés sin saberlo.
No entraremos aquí en los numerosos detalles que rodean a esta fascinante idea de las religiones judeo-cristianas, pues el autor hablar de la flora y la fauna, el famoso muro y su defensa, los cuatro ríos que ahí nacen y su ubicación en el mundo real, así como sus interpretaciones y, evidentemente, le dedica una buena parte del texto a sus habitantes y los posibles futuros si aquel par no hubieran sucumbido a la tentación.
La historia del paraíso resulta, en resumen, una interesante y fascinante experiencia no sólo como parte de la historia comparada de las religiones y la misma historia sobre las ideas de las utopías, sino como una excelente guía de cómo también el pensamiento religioso (el cristianismo) se ha transformado a lo largo de los siglos.
Un texto fundamental y magistralmente escrito. Ampliamente recomendable.

Delumeau, Jean, Historia del Paraíso, 1. El jardín de las delicias, Taurus, España, 447 p.p., 2005. Traducción de Sergio Ugalde Quintana. Colección: Taurus minor.

martes, 20 de febrero de 2018

Cómo sobrevivir ¿una nueva revolución industrial?

Palabra de lector 51
En el entorno de las políticas neoliberales pensadas y dictadas cada año desde la reunión de Davos, Suiza, llamada Foro Económico Mundial, la tecnología posee ya un papel preponderante en la fórmula para resolver los problemas económicos de la humanidad.
Ahora, con la llamada cuarta revolución tecnológica, que no es lo mismo que la cuarta revolución industrial, diferentes actores llaman la atención sobre lo que nos depara el futuro de manos de las computadoras y sus tecnologías herederas.
Para nadie es un secreto que las tecnologías cambian la manera no sólo de cómo trabajamos, nos relacionamos y generamos riqueza, sino que está alterando nuestras formas de creación, percepción y de vida, en muchos de los casos, de manera negativa.
La velocidad, amplitud y profundidad de estos cambios parecen cada día estar fuera de nuestras manos y control. De ahí la preocupación general, principalmente en los países desarrollados y detentadores de la tecnología, de encontrar una forma de llevar esta carrera a buen término (para ellos).
En el libro La cuarta revolución industrial, de Klaus Schwab, fundador y director del Foro de Davos, se intenta revelar precisamente este fenómeno. Pero la obra es decepcionante. El autor se dedica a explicar lo que ya es sabido y pretende plantear posibles escenarios futuros inmediatos y mediatos, sin llegar a ningún punto.
A lo largo del libro es claro que tienen una idea más o menos clara de lo que pasará en los entornos de los generadores y poseedores de la tecnología, incluso llama la atención sobre los peligros que podrían correrse en esos contextos, pero no plantea ninguna crítica o posible solución, dando a entender que la solución no es evidente.
Lo grave se presenta cuando enfoca y aborda la misma problemática en los países dependientes, digamos, como el nuestro. Ahí sí, la puerca tuerce el rabo. No tiene ni la más mínima idea de cómo está afectando la tecnología a estos países, qué costo tiene para sus habitantes y, mucho menos, cuál es el futuro que nos espera.
Si bien el texto tiene algunos momentos, en general es una pasada muy superficial sobre la problemática que plantea la tecnología en la actualidad, y el uso y abuso que puede tener en el futuro.
Tal vez sea un libro enfocado a lectores que ignoran en gran medida el mundo de las tecnologías, pero aun así queda en deuda con los posibles leedores, más cuando hay un manejo indiscriminado y confuso de lo que son las revoluciones industriales y las revoluciones tecnológicas.
En fin, nos parece un libro superficial que no da respuestas, que no propone nada y que deja, en manos de la providencia, la responsabilidad que tenemos con la humanidad frente al impacto devastador de la tecnología.
Terminemos pues con un pequeño párrafo, de lo poco interesante de este texto: “La cuarta revolución industrial tiene la capacidad de robotizar a la humanidad y poner en peligro nuestras fuentes tradicionales de sentido: el trabajo, la comunidad, la familia y la identidad. O podemos utilizar la cuarta revolución industrial para elevar la humanidad a una nueva conciencia colectiva y moral basada en un sentimiento de destino compartido. Nos incumbe a todos asegurarnos de que esto último sea lo que suceda.”
Sí, pero ¿cómo?
Schwab, Klaus, La cuarta revolución industrial, Penguin Random House, Grupo Editorial, México, 217 pp., 2017. Colección debate.

lunes, 22 de enero de 2018

Cuando la fama no hace al maestro

Palabra de lector 50

Ser famoso no nos convierte en grandes escritores. El ejemplo más evidente de los últimos tiempos es aquel “escritor” de lengua portuguesa que escribe de temas new age, que vende mucho pero no aporta nada a la literatura.
Aunque no llega de ninguna manera a esos niveles, pero sí viene precedido de una enorme cauda de prestigio, es el caso de George R.R. Martin, quien fuera catapultado a la fama mundial y absoluta con su saga: “La canción de fuego y hielo”, mal conocida como la Guerra de Tronos, pues es en realidad el nombre del primer volumen.
Si bien el autor demuestra ser un buen escritor del género de la fantasía épica, basándose en la fórmula norteamericana del best seller, donde en términos muy generales se trata de crear una escena de acción cada determinado número de líneas, de tal manera que mantenga al lector a la expectativa durante la lectura del texto, lo cual al final reditúa en muy buenas ganancias y lectores.
Como decíamos, Martin posee buen oficio para el género fantástico. Prueba de ello es su más reciente libro El caballero de los siete reinos (ya reseñado en este mismo espacio), así como algunas novelas cortas editadas en varias recopilaciones. Sin embargo, una cosa es chiflar y otra comer pinole... Pocos, pero muy pocos escritores pueden presumir de ser reconocidos tanto en el género de la fantasía como en el de la ciencia ficción. La gran maestra Úrsula le Güin es una; Phillip Pullman, Poul Anderson y Robert Jordan son otros. Pero no es el caso del señor Martin.
Si bien, mucho antes de escribir sobre la familia Targaryen, el escritor ya publicaba sobre diversos géneros y había ganado diversos reconocimientos, no significa que sea, al menos en la ciencia ficción, un escritor de primera línea.
No es que el autor no le sepa a esto de la “escribida”, sino que no acaba de convencer. De los 17 relatos que conforman la antología, en dos volúmenes a la que nos referimos, sólo un cuento se salva. El relato que da título al segundo volumen, Viajeros de la noche, resulta una historia interesante y bien acabada.
El resto y en general, son historias bien estructuradas, muchas de ellas emocionantes y que mantienen al lector pegado al texto, pero que tienen un pequeño detalle: no terminan bien.
Al parecer, al autor se le indigestan los finales, o son demasiado previsibles, o de plano, da la sensación de que no supo cómo concluirlos. Al menos esa es la idea que le dio a este escribidor.
Por ejemplo, el que da título al primer volumen, Una canción para Lya, a la mitad de la historia uno prevee cuál será el final, y el autor no nos decepciona. Tal vez, al tratar de dar un giro filosófico a la historia, se le va el sentido de la misma de las manos.
Eso sí, cada una de las historias está enmarcada en escenarios exóticos, con una gran variedad de personajes variopintos, llamativos, dignos de una película de La guerra de las galaxias que visten hermosamente los relatos, pero no aportan nada a las historias.
Asimismo, una obsesión por las habilidades psíquicas pulula en las historias a falta de ideas interesantes que le dan coherencia a lo que exigen los relatos de la ciencia ficción.
Las historias son bonitas e interesantes, pero el final, ese maldito final no le ayuda en nada a este creador de historias. Al menos así le parece a este fanático de la ciencia ficción que, desde los 15 años (1975), es devorador irrestricto de obras de este género.
Servidos.
Martin, R. R., George, Una canción para Lya, Ciencia ficción I, Penguin Random House Grupo editorial, Argentina, 314 pp., 2017. 
Martin, R. R., George, Viajeros de la noche, Ciencia ficción II, Penguin Random House Grupo editorial, Argentina, 338 pp., 2017.

jueves, 18 de enero de 2018

Después del banquete

Palabra de lector 49

Yukio Mishima. Así simplemente. Con su sólo nombre uno tiene la seguridad de que se enfrentará con una gran obra, con un texto de gran profundidad y una riqueza descriptiva que únicamente alcanzan los grandes maestros de la literatura.
Y no es para menos. No importa cuál sea la obra que uno devore. La riqueza de sus descripciones es de tal maestría que uno pude sentir, oler, palpar el objeto o la textura a la que se refiera. Lo mismo pasa con las sensaciones y, quizá lo más importante y lo que mejor manejaba el escritor, la forma en que es capaz de desnudar los sentimientos y sensaciones de sus personajes.
Cuando uno lee sus narraciones, prácticamente se sumerge en las entrañas de cada protagonista. Se puede vivir en cada párrafo las profundidades de la trama y captar la poesía con la que este autor era capaz de vestir sus historias.
No en balde el sensei Mishima es considerado uno de los más grandes escritores del Japón, junto con Yasunari Kawabata, y quien influyó grandemente en la prosa de otro famoso escritor nipón: Haruki Murakami.
Después del banquete es una historia de amor y ambición que narra la relación nada convencional, principalmente a los ojos occidentales, entre Kazu, una mujer independiente y dueña de un famoso restaurante, y un viejo diplomático, casado obstinadamente con ideas conservadoras y rígidas, el señor Yuken Noguchi. Una relación extraña que los llevará a un costoso final.
El relato también, como suele suceder en la obra de Mishima, pasa revista a las costumbres del pueblo japonés, en este caso a la vida urbana del Japón de la postguerra y particularmente a las ideas y modos de la gente mayor.
También, vistiendo el drama pasional de nuestros personajes, le dedica una buena parte del texto a la política, o más bien a los modos de hacer política en aquel país, con sus truculentas costumbres y la forma en que se lucha por el poder en esas lides, tan oportunas en los tiempos que vivimos en estos momentos.
Precisamente es esta circunstancia la que le da sabor al texto y nos indica muchas de las ideas que Mishima tenía sobre la nación y las políticas de su país. Recordemos que él concebía como un peligro la vuelta al occidente que Japón tuvo después de la Segunda guerra mundial y la consecuente pérdida de las tradiciones ancestrales del Japón.
Hay, en el fondo de la obra, una crítica y rechazo e estas nuevas ideas. Casi podríamos afirmar que el personaje de Noguchi nos brinda un atisbo de ese Mishima rabiosamente nipón.
Ese distanciamiento y rigidez de su personaje nos parecerá extraño cuando imaginamos el pensamiento sobre la vida cotidiana japonesa que tenía el autor. En fin, Después del banquete es uno de los mejores libros del sensei Mishima y una excelente entrada a su obra.
Hay que advertir que su lectura no es una labor sencilla, implica el compromiso de sumergirse en una obra profunda, que invita a la reflexión. En definitiva, no se trata de un best seller y sí un atisbo de la riqueza de la cultura del mundo del sol naciente.
Servidos.
Mishima, Yukio, Después del banquete, Alianza editorial, España, 259 pp., 2009. Traducción: Guillermo Solana.

sábado, 23 de diciembre de 2017

El caballero fantasma.

Palabra de lector 48
Fantasmas. ¿Quién, en su sano juicio, quiere enfrentarse a la visión de uno de ellos o, peor aún, enfrentárseles, más cuando cuatro de los mismos quieren matarte para seguir con una venganza antigua, que dice que toda tu familia debe ser aniquilada?
Al menos ese parece ser el destino de Jon Whitcroft, que en pleno siglo XXI y tras una batalla perdida frente al nuevo novio de su madre, es enviado a un internado en la antigua ciudad de Salisbury como lección de disciplina familiar.
De nada sirvieron todas sus estrategias para espantar al “barbas” (apodo que le ha puesto al amante) del lado de su madre. Al contrario, todas ellas se fueron sumando hasta llegar al punto de que se tomara la decisión de mandarlo lejos, a una ciudad vieja, a una escuela igual de antigua y que, para colmo, llena de seres inmateriales que, al parecer, no desean que este niño de 11 años permanezca en ella.
Lo peor de todo, es que en estos tiempos nadie cree en los fantasmas. Bueno, no todos, está Ela, una bellísima y extraña niña que con total desenfado, habla de ellos y parece tolerarlos fácilmente.
Esta es la lectura que ahora, en tiempo de vacaciones de fin de año, nos regala la excelente pluma de Cornelia Funke: El caballero fantasma, y que resulta ideal para estas tardes de frío y fiestas decembrinas.
La pequeña novela, perfecta para jóvenes lectores, no sólo trata de las dificultades que ambos niños enfrentan, sino que es una lección de amistad, fidelidad, honor y amor en sus muy diversas posibilidades.
Se trata de un texto relativamente breve y muy entretenido, como suelen ser las historias de la autora alemana.
Como es de todos sabido, no es agradable y generalmente bueno tratar con fantasmas. Uno, muchas de las veces, no puede saber a ciencia cierta cuáles son sus verdaderas intenciones y mucho menos las razones por las cuales deambulan por estas tierras. De ahí la importancia de las lecciones que nos da esta historia.
Así que, si usted ha tenido o tiene la suerte de tratar con ellos, no olvide la lección de la abuela de Ela, la anciana Zelds (considerada por muchos una vieja bruja): “Los fantasmas odian que se les ignore”.
Ah, sí. El libro incluye un pequeño pero interesante glosario que no puede dejar de leer.
Suerte.
Funke, Cornelia, El caballero fantasma, FCE, México, 198 pp., 2015.Traducción de Margarita Santos Cuesta. Ilustraciones de José Rosero. Colección: A la orilla del viento. Para los grandes lectores, número 210.

martes, 5 de septiembre de 2017

Las estrellas son la Estigia

Palabra de lector 47

 En un principio pensamos en no escribir sobre este libro. Primero, porque era una relectura, y segundo, porque se trata de una editorial que, desgraciadamente, ya no existe, pues fue absorbida por Editorial Planeta.
Sin embargo, en la medida que fuimos avanzando en la lectura de los 10 cuentos que conforman el volumen y la importancia de su autor en el mundo de la ciencia ficción, comprendimos que era un absurdo no hablar de "Las estrellas son la Estigia", de Theodore Sturgeon (1918-1985).
Es muy probable que usted no lo recuerde o no lo conozca, pero tuvo una enorme influencia en escritores como Ray Bradbury y Harlan Ellison. También es autor de la famosa novela "Más que humano", y además fue autor de varios episodios de "Star Trek", en su primera versión.
Otra característica de Sturgeon es que se le daban bastante bien los relatos cortos y tenía una prosa inigualable, a tal grado que algunos la denominaban prosa poética.
Finalmente, es un escritor que se enfocaba en la problemática del hombre como tal, como ser social, como ser emocional e incluso como ser histórico. Esto resulta de singular importancia, ya que mucha de su obra está al margen de la ciencia ficción épica que, durante los últimos 30 años, ha dominado y predominado en la escena tanto de la literatura como del cine de este género.
Por ello es entendible que los 10 cuentos que conforman el volumen al que hacemos referencia estén, todos ellos, centrados en las personas, en su profunda humanidad.
Aquí no hay armas fantásticas, batallas épicas o conquistas de otros mundos. No, los relatos nos hablan de la visión del mundo de los personajes, de sus sentimientos y sus acciones.
Cada uno de ellos nos sorprende, nos transporta a temas que parten de una situación simple, cotidiana, y nos lleva a resultados sorprendentes, en giros que pueden dejarnos anonadados, como es el caso del cuento "Deslumbrados", donde el final es de una sorpresa tal, como aquel golpe que le propinara Juan Manuel Marques al Manny Paquiao en su última pelea. Y es que el diablo…
O ese otro que le da nombre al libro que bien podría convertirse en una historia de novela negra, y por qué no, "El otro hombre", que aborda el tratamiento de la esquizofrenia.
En fin, las diez historias, "La historia de Tandy", "La regla de tres", "La educación de Drusillia Strange", "Granny no quiso coser", "Cuando sonries", "El Claustrófobo" y "El escalpelo de Occam", además de los otros ya nombrados, podrían definirse como verdaderas obras maestras del género.
No queremos ser imprudentes y proporcionar claves que develen algunas de las tramas o los finales de los relatos y arruinarles la aventura, pero estamos seguros que, una vez que inicien la lectura de este libro, quedarán atrapados en la prosa de uno de los más grandes escritores de la edad de oro de la ciencia ficción.
Que se diviertan.

Sturgeon, Theodore, Las estrellas son la Estigia, Ediciones Martinez Roca, México, 328 pp., 1991. Traducción de Lorenzo Díaz. Colección: Gran super ficción.

domingo, 3 de septiembre de 2017

El Almirante de la mar Océano

palabra de lector 46

Quizá no exista un título más romántico que el que recibiera Cristóbal Colón de parte de los reyes católicos: Almirante de la Mar Océano. Y es seguro que tanto los otorgantes como el receptor, nunca imaginaron la magnitud de tal privilegio, sino hasta muy tarde.
Éste es uno de los tantos pasajes que conformaron la vida de uno de los personajes más emblemático de la historia humana.
Ahora que llega octubre y que no faltarán los “expertos” que dirán superficialidades, lugares comunes y tontería y media en torno a la vida y aportación del genovés, sería bueno que le echaran una revisada al libro que hoy nos ocupa: El Almirante de la Mar Océano, vida de Cristóbal Colón, de Samuel Eliot Morison, editado por el FCE.
Hablemos un poco del autor, quien realizó dos proezas alrededor del texto que nos ocupa. La primera de ellas tiene que ver con el exhaustivo y muy completo estudio realizado para la elaboración del libro. Aunque hay que mencionar que deja mucho del peso de sus dichos en dos fuentes solamente: los escritos de Fernando Colón, hijo del Almirante y autor de La historia del Almirante, y de Fray Bartolomé de las Casas. Ambos, al parecer, tuvieron acceso de primera mano a los textos originales del almirante, principalmente al Diario de a bordo, del primer viaje y que “misteriosamente” desapareciera, para tranquilidad de Fernando II de Aragón, a quien no le caía muy bien el marinero ese.
La segunda proeza tiene que ver con el autor mismo. Morison, además de historiador, era un marinero experto y decide a la par de realizar su investigación, recorrer uno a uno los itinerarios del navegante genovés tratando de identificar y ubicar cada punto que Colon descubriera y bautizara durante sus cuatro viajes. No conforme con ello, estos periplos los realiza en naves de vela, tratando de reproducir, en la medida de lo posible, las mismas condiciones que sufriera el Almirante de la mar Océano.
De alguna manera, este capricho antropológico marca definitivamente la estructura de la obra, ya que el autor dedica una buena parte a instruirnos sobre el mundo de la marina, los viajes, los vientos y las orientaciones a tomar en cuenta durante una travesía.
De hecho, pareciera que por dedicarle más tiempo a estos datos, a veces deja de lado temas que podrían ser de mayor interés, al menos para el lector común.
Otra cuestión es la obsesiva admiración, sin reservas, que el autor tiene por su personaje, ya que le justifica todas las ideas y decisiones al descubridor de América, aunque eso no demerita de ninguna forma la obra ofrecida.
Hay que tomar en cuenta que este libro fue escrito a finales de los años treinta del siglo XX y que, sin embargo, aclara muchas de las dudas y controversias que han acompañado a la vida y tragedia del navegante genovés.
Pese al gran tamaño del texto, la obra está escrita de una manera amena y elegante, no exenta de pinceladas de humor, que harán las delicias a quienes se atrevan a explorar y navegar por el texto.
Así tenemos la oportunidad de conocer más a fondo a ese Colón, obsesionado por las leyendas de oriente; un hombre necio que, en cada playa, en cada isla, península, hombre o selva, cree encontrar a pie juntillas las descripciones de Marco Polo para hallar a la vuelta de alguna roca las espléndidas riquezas del oriente o algún palacio del Gran Kan.
Antes de terminar, baste decir que el autor no hace oídos sordos a aquella teoría sobre un informante desconocido y moribundo que le da a Colón las claves secretas para aquella primera y épica travesía. Se basa, para ello, en Gonzalo Fernández de Oviedo, el primero en publicar las historias del Piloto Desconocido, en 1535, donde narra la aventura de esa nave "fantasma" que es llevada hacia el poniente para descubrir sin querer un mundo diferente.
Como colofón y como corresponde a una narración fantástica, la travesía dura entre cuatro y cinco meses en regresar. La tripulación muere en el camino, salvo tres o cuatro marineros y el piloto. Todos ellos llegan tan quebrantados que al poco tiempo mueren y es precisamente Cristóbal Colón quien acoge a este misterioso piloto y se entera de dicha maravilla, para que, a partir de ahí, comience a tejer esa historia que todo mundo conoce.
Por último, no se espante por el grosor del texto, la verdad vale la pena hincarle el diente.
Morison, Samuel Eliot, El Almirante de la Mar Océano, vida de Cristóbal Colón, 2da. edición, Fondo de Cultura Económica, México, 930 pp., 1993. Traducción de Luis A. Arocena. Colección: Sección de Obras de Historia.

jueves, 17 de agosto de 2017

El señor de los ladrones

Palabra de lector 45

Hermoso. Así, sencillamente. Y es lo único que puede decirse en cada una de las novelas de Corenelia Funke, una de las más importantes escritoras de fantasía no épica, quizás sólo detrás de la gran maestra Úrsula K. Le Guin.

Desde que nos deleitamos con la trilogía de Corazón de tinta, nos hemos convertido en fieles lectores de cada una de sus novelas, y hasta ahora nunca hemos sido defraudados.
De esta manera fue que nos sumergimos en la historia que hoy nos corresponde, El señor de los ladrones, una historia ubicada en Venecia y que trata sobre un grupo de niños que tienen tratos con un misterioso personaje que se hace llamar "el Señor de los ladrones", misterioso, enmascarado y un consumado ladrón.
Como suele suceder en todas sus historias, el mundo de los adultos se mezcla con la fantasía de los universos infantiles para que, de una u otra manera, se vea inmerso en ellos y sea parte del juego de la historia fantástica.
Así, los personajes de los adultos vienen a danzar alrededor de las vidas y aventuras de este grupo de pequeños que deben cumplir una misteriosa y peligrosa misión, robar un objeto infinitamente valioso pero que nadie sabe de qué se trata.
Sin embargo, las cosas no son tan sencillas, hay una desagradable mujer, un detective privado, un deshonesto comerciante y para complicarlo aún más, un misterioso Conde que oculta su personalidad y desea con toda el alma ese tesoro.
Como decíamos, la acción se desarrolla en una Venecia ajena a los turistas, llena de misterios y calles que resultan laberínticas para los despistados; está también la peligrosa y misteriosa laguna a la que varios de los personajes temen como a nada en el mundo.
El lector rápidamente se sumerge en la historia para terminar devorando el texto que no demerita, en ningún momento, la calidad y la promesa de la pluma de esta escritora.
Funke no requiere mediocrizar o ridiculizar a los seres de la fantasía tradicional, ni sacarse de la manga situaciones forzadas que le permitan alargar y alargar sus historias. Al contrario, una vez que comienzan, parecen deslizarse suavemente frente a los ojos del lector de una manera tersa y siempre inteligente, que lo mantiene al borde de la silla, para acabar devorando el libro en cuestión.
Hay muy poco que debamos decir sobre la historia, pues son muchos los secretos que se develan durante la trama y no sería justo para la autora y sus personajes decir más de La cuenta, so pena de incurrir en una grave falta que Escipión o Pro podrían reprocharnos. Baste saber que la recompensa es un sueño que todo adulto alguna vez ha acariciado y que algún que otro niño desea.
En fin, creo que hemos dicho demasiado. Mejor acomódese lo mejor posible, sírvase una copa de Oporto y dispóngase a vivir una hermosa y valiente aventura.
Ah, sí. Aquí nadie denigra a los elfos, ni caricaturiza a los magos o a los dragones, esto es fantasía en serio, no best sellers para aprendices de brujos.
Funke, Cornelia, El señor de los ladrones, Ediciones B, México, 362 pp., 2016. Colección B de blok.

domingo, 6 de agosto de 2017

Pierre Clastres y su antropología

palabra de lector 44

Mi padre tiene la costumbre de que cada vez que ve a cualquiera de sus hijos, lo primero que hace es preguntar: “¿Qué estás leyendo?”.
Después de las respuestas de rigor de los que sí suelen leer, termina por recomendar algunos textos y posteriormente pasar a temas más mundanos.
Alrededor de los 19 años, y después de dicho ritual, le dijo a quien esto escribe que debía leer a un tal Pierre Clastres, un antropólogo francés que se dedicaba a estudiar las sociedades primitivas, las sociedades sin Estado.
Investigaciones en antropología política, nos convertimos en rabiosos cazadores-recolectores de todos los textos escritos por este investigador, quien muriera trágicamente a una edad temprana.
Finalmente, el libro se convirtió en uno de nuestros textos de cabecera, para desaparecer misteriosamente en algún momento de los 80. Sin embargo, en la última Feria del libro de Minería tuve la suerte de recuperarlo, releerlo y confirmar lo que siempre había pensado: Pierre Clastres era una chingonería. Pero, entremos en materia.
El texto que nos ocupa está conformado por una serie de ensayos que abarcan desde el carácter del modo de producción “doméstico”, los mitos y los ritos, la cuestión del poder, hasta la libertad, la economía primitiva, la guerra y la inevitable crítica a los marxistas y los estructuralistas, léase Godelier y Levi-Straus.
Gran parte de estos ensayos giran en torno a los Yanomami, Yanomame o Waika, como también suele llamárseles a estos habitantes de la amazonia venezolana y que son considerados una de las últimas sociedades primitivas.
Para Clastres, los Yanomami, a diferencia de la idea generalizada, no son sociedades de la miseria o desesperada subsistencia, sino todo lo contrario, viven en la abundancia, donde todas sus necesidades pueden satisfacerse con una actividad media de tres horas de trabajo por persona al día, por lo tanto, también disfrutan del ocio, ya que la acumulación de bienes no existe y es rechazada.
Pero hablemos de los mitos. Hay que recordar que éstos son la historia de los ancestros, cuya acción se desarrolla en el tiempo anterior al tiempo. Tiempo primordial donde tienen lugar los actos fundacionales que le dan sentido a la cultura y a las instituciones sociales. Por lo tanto, son ellos, los mitos, los que explican las razones del juego social, de lo permitido y lo prohibido, que es sobre lo que se construye y constituye la dinámica entre lo sagrado o lo profano. De ahí que pensar que los mitos y sus ritos (la recreación de ese tiempo sagrado) son una carga, un lastre del que hay que deshacerse alegremente es demostrar una gran ignorancia sobre el tema y dejar en evidencia que no se ha entendido nada.
En estas sociedades igualitarias, el poder está en no tenerlo y donde el prestigio es el motor de la guerra. Por ejemplo, son un importante parámetro para entender cómo funcionaban los distintos pueblos antes de la historia, antes del surgimiento del Estado. Porque estas sociedades, acabadas y maduras, son sociedades sin Estado, no porque no lo puedan articular, sino porque son sociedades que se niegan a ello, porque rechazan la división del cuerpo social en dominadores y dominados.
El ejemplo de esta sociedad nos enseña que la división no es inherente al ser social; es decir que el Estado no es eterno, que en la historia tiene un principio. De ahí que el cuestionarse sobre el funcionamiento de las sociedades primitivas permitiría esclarecer el problema de los orígenes de dicha institución y, quizás, la solución al misterio sobre el momento del nacimiento del Estado, lo cual permita esclarecer también las condiciones de la posibilidad (realizables o no) de su muerte.
En tanto, nuestro mundo capitalista y neoliberal sigue acabando con los últimos vestigios de las sociedades primitivas, devastando sus selvas, sus entornos e “incorporándolos” a una modernidad que los mata lentamente y no precisamente con una canción.
Finalmente, el autor, con clara ironía apunta: “He aquí mi voto para los Yanomami. ¿Piadoso? Probablemente sí. Son los últimos asediados. Una sombra mortal se extiende por todas partes… ¿Y después qué? Quizás nos sintamos mejor, una vez que se ha roto el último círculo de esta postrera libertad. Quizás podamos dormir sin despertarnos una sola vez… Algún día, se alzarán cerca de los chabuno (casa colectiva) las torres de los petroleros, las laderas de las colinas se llenarán de las excavaciones de los buscadores de diamantes, habrá policías en los caminos y tiendas a la orilla de los ríos… Y reinará la armonía en todas partes”. Pues los Yanomami habrán desaparecido.
Pensando tal vez que nos sería útil para lo que pensábamos dedicarnos (la Mesoamérica prehispánica), el texto resultó un verdadero shock. Tal vez lo que más nos impacto fue su idea sobre la guerra, el poder y los mitos. De ahí que, después de leer las
Clastres, Pierre, Investigaciones en antropología política, Gedisa Editorial - México, México, 255 pp., 2014. Traducción de Estela Campos. Colección Antropología, serie CLA-DE-MA.